De acuerdo con datos del Inegi, al cuarto trimestre de 2022, el porcentaje de población femenina ocupada de 15 años o más, que contaba con empleos de carácter informal, representó 56.1%.
“La tasa de informalidad significa que es laboralmente vulnerable por la naturaleza de la unidad económica para la que trabaja, o bien, que su vínculo o dependencia laboral no se reconoce por su fuente de trabajo”, detalla el texto.
A pesar de que las actividades económicas se han reactivado por completo, la tasa de desocupación de las mujeres continúa en un mayor nivel del que se observaba previo a la pandemia.
“En el cuarto trimestre de 2021, cuatro de cada 100 mujeres económicamente activas se encontraban desocupadas, lo que significan casi 108,000 más mujeres en esta condición que en niveles prepandemia”, señala el texto “La covid-19 y su impacto en las mujeres en México” .
A la par de la emergencia sanitaria, surgieron startup mexicanas que se enfocaron en finanzas personales, como Lidh, empresa con perspectiva de género cuyos fundadores decidieron enfocarse a que las mujeres mexicanas pudieran encontrar y potenciar su poder y relación con el dinero, tras detectar que fueron de las más golpeados por la emergencia sanitaria.
Una de las cofundadoras de Lidh, Mara Echave, explicó que la startup nació en 2020 con el objetivo de bancarizar a las mujeres mexicanas, principalmente.
Echave recordó que entre las características de las mujeres mexicanas es que son previsoras, organizadas, buenas administradoras, además de que “tiene sus guardaditos”; sin embargo, en el tema de las herramientas financieras sí se queda atrás, prueba de ello es que de 10 mujeres solo cuatro tienen una cuenta de ahorros, tres cuentan con acceso a crédito y nada más una está invirtiendo.
“Eso quiere decir que tienen el poder de ser autónomas completamente con su dinero. Entonces dijimos, ¿qué hacemos para subir estos números?”, expresó Echave.
Algo que les funcionó a tener una visión más clara de cómo enseñar a las mujeres a tener finanzas más sanas, es que los cofundadores de Lidh venían de una banca de desarrollo en la que se logró darle acceso al crédito a más de 8,000 empresarias mexicanas que no contaban con él.
Uno de los problemas que detectaron es el tabú que persiste en las familias mexicanas, en el que hablar de dinero y su manejo por parte de las mujeres es complicado; persiste la idea de que esto lo debe llevar a cabo el hombre.
“Nos educan normalmente con la idea de que vamos a tener siempre a alguien de quién depender. Esta educación, las creencias y la falta de confianza hacen que estos números de que de 10 mujeres solo cuatro tienen una cuenta de ahorros, tres tienen acceso a crédito y nada más una está invirtiendo y que usamos muy poquito las herramientas financieras, juegan en contra”, explicó en entrevista.
Los “aprendizajes” en la mayoría de los hogares se centran solo en el ahorro y en tener “un guardadito” para enfrentar emergencias; sin embargo, el reto es explicar a través de talleres y cursos en línea para tener una educación financiera con objetivos claros y de acuerdo a los diferentes perfiles que existen.