El mercado bursátil mexicano enfrenta una paradoja. Mientras las Afores acumulan niveles históricos de ahorro y existe liquidez suficiente para financiar empresas e infraestructura, cada vez menos compañías quieren salir a Bolsa. En el panel “Conectando empresa con capital: cómo financiar el crecimiento desde la Bolsa”, realizado durante el Foro de Emisoras 2026, representantes de Afores, asesores financieros y banca bursátil coincidieron en que el mercado público perdió atractivo frente al capital privado, un fenómeno que amenaza con limitar la profundidad financiera del país y reducir las opciones de financiamiento para empresas medianas y grandes.
Las Afores tienen liquidez récord, pero faltan empresas para invertir
En la discusión, las Administradoras de Fondos para el Retiro (Afores) se consolidaron como uno de los inversionistas institucionales más relevantes de México. De acuerdo con cifras expuestas en el panel, al cierre de marzo las Afores administraban 8.4 billones de pesos, equivalentes a 23% del Producto Interno Bruto (PIB).
David Razú, director general de AFORE XXI Banorte, aseguró que el sistema pensionario mexicano se convirtió en “una de las grandes joyas del sistema financiero mexicano” y sostuvo que las reformas recientes permitirán que esos recursos sigan creciendo en los próximos años, pues explicó que el incremento gradual de las aportaciones hasta 15% hacia 2030 podría elevar los activos administrados por las Afores a más de 30% del PIB en esta década y eventualmente superar 50% del PIB hacia 2050.
Sin embargo, el problema no es la disponibilidad de recursos. Razú reconoció que, tanto en México como a nivel global, el mercado público dejó de ser atractivo para muchas empresas. “Ir a mercados públicos se ha vuelto bastante menos sexy”, dijo durante el panel.
El ejecutivo consideró que muchas compañías prefieren el capital privado porque evita el escrutinio público, la revelación constante de información y los costos regulatorios asociados a cotizar en Bolsa. Bajo ese escenario, explicó, solo llegan al mercado bursátil las empresas que ya agotaron otras fuentes de financiamiento.
Fernando Guerrero, presidente de la Asociación Mexicana de Agencias de Inteligencia de Mercado y Opinión (AMAI), sostuvo que el mercado mexicano todavía está lejos de los estándares internacionales en términos de transparencia, formación de precios y liquidez.
Guerrero recordó que los inversionistas privados son cada vez más exigentes y buscan proyectos con trazabilidad, información financiera clara y estructuras de gobierno corporativo sólidas. También alertó sobre el rezago que existe en educación financiera. Consideró que muchos inversionistas minoristas se concentran únicamente en los rendimientos sin comprender completamente los riesgos de ciertos instrumentos.
“Nuestros clientes van a querer información verídica, trazabilidad, que tengamos una historia que contar”, afirmó.
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Vinicio Álvarez, presidente del Comité de Financiamiento de la Asociación Mexicana de Instituciones Bursátiles (AMIB), explicó que el tamaño del mercado mexicano sigue siendo reducido frente a la dimensión de la economía nacional. Actualmente existen alrededor de 130 a 150 emisiones corporativas de largo plazo en México, mientras que en Brasil se realizan más de 1,000 transacciones al año. Para Álvarez, esto evidencia el potencial de crecimiento que aún tiene el mercado local.
El banquero agregó que la demanda por instrumentos corporativos sí existe. Afores, aseguradoras y fondos institucionales mantienen apetito por emisiones de largo plazo, especialmente aquellas vinculadas con infraestructura y sectores defensivos. “Hoy es más grande la demanda en los portafolios que la oferta que tenemos de papeles”, afirmó.
A pesar de ello, otro de los problemas estructurales es la falta de liquidez en el mercado secundario. Álvarez señaló que muchos inversionistas compran deuda corporativa para mantenerla hasta vencimiento, lo que limita la formación eficiente de precios.
Razú defendió que las Afores tienen características ideales para financiar infraestructura porque son inversionistas de largo plazo y cuentan con “capital paciente”, capaz de esperar varios años para recuperar inversiones en proyectos como carreteras, energía o logística. Pero también advirtió que las administradoras no pueden sacrificar rentabilidad solo por apoyar proyectos nacionales.
“Nosotros necesitamos ganar buenas pensiones”, dijo, al explicar que cualquier inversión debe ofrecer un perfil competitivo de riesgo y rendimiento.
En paralelo, la Bolsa Mexicana de Valores (BMV) reconoció que el mercado enfrenta un entorno complejo. Marcos Martínez, presidente de Grupo Bolsa Mexicana de Valores, aseguró que la desaceleración económica global afecta el dinamismo financiero, aunque percibe una mejor relación entre gobierno y sector privado en comparación con años anteriores.
Jorge Alegría, director general de BMV, coincidió en que el auge del capital privado responde a un ciclo global, pero sostuvo que las inversiones eventualmente necesitan mecanismos de salida y ahí el mercado bursátil sigue siendo indispensable.
“La transparencia, la seguridad y sobre todo la formación de precios es muy importante”, afirmó.
La discusión también dejó ver otro desafío para el sistema financiero mexicano: el financiamiento de pequeñas y medianas empresas. Razú sostuvo que existe una brecha de crédito importante para este segmento. Propuso desarrollar vehículos que agrupen proyectos y reduzcan costos de análisis y supervisión para inversionistas institucionales..
Los participantes coincidieron en que México tiene condiciones favorables para atraer inversión en medio del reordenamiento económico global y el fenómeno de relocalización de cadenas productivas. Sin embargo, también reconocieron que el mercado bursátil necesita ajustes regulatorios, incentivos y nuevos vehículos financieros para recuperar atractivo.
La conclusión fue clara: el capital existe y seguirá creciendo, pero México difícilmente financiará su desarrollo de largo plazo sin un mercado público más profundo, líquido y competitivo.