A partir de esa resistencia, el equipo decidió construir una historia que no forzara la transición, con el objetivo de volverla entendible, por eso el concepto creativo “El latido de un gigante, Despertar al Coloso” se apoyó en una narrativa generacional que conectaba pasado, presente y futuro dentro del mismo espacio.
La escena se volvió reconocible para cualquiera que haya crecido con el futbol en México, niños, padres y abuelos compartiendo la cancha mientras sonaba una nueva versión emocional del “Ay Ay Ay Ay”, con música original de Aureo Baqueiro, y mientras 87,000 pulseras LED encendían las gradas como una sola pantalla viva.
“El estadio no se reinaugura, resurge. Despierta como un organismo vivo que respira, vibra y late con la energía de su gente”, expresó Alejandra González, directora y productora de Vuela Global, al describir la intención de convertir el momento en algo más que un espectáculo.
Y mientras el público veía una narrativa fluida, detrás ocurría una operación contrarreloj, ya que el montaje se resolvió en cinco días continuos, con más de 120 horas de instalación, 20 horas de ensayo y la coordinación de más de 350 personas en un estadio recién reconfigurado.
“Llegamos a un estadio que todos estábamos conociendo y al cual nos estábamos familiarizando, porque se replantearon las secciones, las butacas y la distribución de los espacios. Tuvimos que trabajar con un plano muy específico para coordinar toda la logística”, explicó Luis Villalba.
Ese ajuste de tiempo y de nueva familiaridad con el lugar elevó la complejidad de uno de los elementos centrales del show, debido a que cada una de las 87,000 pulseras LED debía colocarse en un asiento específico para funcionar como un pixel dentro de la coreografía visual, lo cual obligó a diseñar una logística precisa y a capacitar al equipo para evitar cualquier error que rompiera la sincronía.
“Cada pulsera tenía que estar en el lugar que le correspondía, porque funcionaba como un pixel dentro del show. Si alguien la movía o tomaba otra, el diseño ya no se veía”, explicó Alejandra González sobre la precisión que requería la ejecución y el papel del público dentro del espectáculo.