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El poder de Melania Trump en la Casa Blanca

En el recinto presidencial nadie sabe cuándo caerá el hacha o quién la blandirá: Una asesora de Trump fue retirada luego que la primera dama dijera que no merecía trabajar en la Casa Blanca.
Melania Trump
Primera dama. El golpe del martes por parte de Melania fue notable.

WASHINGTON - Una asesora del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, fue retirada de su cargo este miércoles, un día después de que la primera dama Melania Trump dijera públicamente que "ya no merece el honor de trabajar en esta Casa Blanca".

Mira Ricardel, asesora adjunta de Seguridad Nacional de Trump, "abandona la Casa Blanca en transición hacia un nuevo rol dentro del gobierno", informó la portavoz del presidente, Sarah Sanders.

El movimiento de Ricardel se produjo en parte tras una pelea por filtraciones a la prensa sobre una discusión acerca de la disposición de los asientos en el avión que llevó a la primera dama a una gira por los países africanos en octubre. Ricardel también fue responsabilizada por coberturas de prensa negativas sobre Melania Trump.

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Melania dispara su furia

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En esta Casa Blanca, nadie sabe cuándo caerá el hacha o quién la blandirá.

Un nuevo día de disparos y furia que culminó en un asombroso juego de poder por parte de la primera dama de Estados Unidos, Melania Trump, profundizó la ya histórica disfunción del gobierno, dejando a altos funcionarios sorprendidos y confundidos.

Incluso en comparación con los ataques entre altos cargos del personal, la agitación burocrática y el caos furioso que pasa por normalidad en la Casa Blanca del presidente Donald Trump, su repentina acción contra un alto funcionario de política exterior fue una bomba.

En una declaración pública que salió de la nada, la oficina de la primera dama advirtió que Mira Ricardel con quien, según informes, se enfrentó por un reciente viaje a África, “ya no merece el honor de servir en esta Casa Blanca”.

Su dramática intervención provocó la especulación de que la primera dama estaba en desacuerdo con su esposo, que estaba sobrepasando su papel y que el Ala Este se estaba saliendo de control. Melania Trump ya había dicho en una entrevista en ABC el mes pasado que no confiaba en algunos empleados de la Casa Blanca. Ahora, ella está haciendo algo al respecto.

Una persona le dijo a CNN que, increíblemente, Trump, el jefe de personal, John Kelly, y la portavoz de la Casa Blanca, Sarah Sanders, no tenían idea de que está declaración se produciría.

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Una fuente le dijo a Jeff Zeleny de CNN que Trump -quien a menudo le resulta difícil despedir a las personas en persona a pesar de su participación en The Apprentice de NBC- había decidido que Ricardel tenía que irse, aunque se le estaba dando tiempo para poner sus asuntos en orden.

Pero, como suele ser el caso en esta Casa Blanca tan mal administrada, había incertidumbre sobre el destino real de Ricardel. No estaba claro este miércoles por la mañana si había sido despedida oficialmente, si se presentaría a trabajar como de costumbre o si se la encontraría un lugar en otra parte del gobierno.

No es inusual que la incomodidad aceche a la Casa Blanca después de una pérdida electoral de mitad de periodo, a medida que los empleados agotados por la primera mitad del mandato del presidente dan paso a nuevas tropas. Y el martes no fue la primera vez que una primera dama se apoya en su esposo acerca de un miembro del personal que ella encuentra irritante.

Pero el temperamento combativo de este presidente y el nido de víboras que es su Ala Oeste han infligido más presión sobre su personal de lo que es normal incluso en la Casa Blanca, donde las crisis siempre están a la vuelta de la esquina.

La turbulencia actual y el sentido de las normas presidenciales destrozadas por un presidente emocional y errático se sienten diferentes y más relevantes que las intrigas salvajes del personal al principio de la presidencia. Esto está empezando a generar preguntas reales sobre lo que está reservado para la nación durante la segunda mitad de la gestión de Trump.

Varios miembros del gabinete, incluida la secretaria de Seguridad Nacional, Kirstjen Nielsen, están siendo objeto de ataques por murmuraciones, filtraciones y especulaciones sobre su destino mientras se barajan opciones sobre sus posibles reemplazos.

Se dice que Kelly, que ha sobrevivido a varias rondas de rumores sobre su partida, a menudo supuestamente inminente, se dirige a la salida de nuevo. Y los informes filtrados de que Trump ve a Ryan Zinke como vulnerable a la supervisión demócrata han debilitado la posición del secretario del Interior.

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Mientras tanto, Trump está investigando su nombramiento constitucionalmente cuestionable de Matthew Whitaker, un crítico de Robert Mueller, para supervisar la investigación del fiscal especial como fiscal general interino después de que Jeff Sessions fuera despedido.

Se esperaba que Sanders saliera, junto con su subalterno Raj Shah, pero su estatus sigue siendo incierto.

Más que una agitación habitual del personal

Trump usa el pandemonio como un instrumento del poder personal, dejando a todos fuera de balance e inseguros sobre lo que sucederá a continuación, mientras se sienta en el centro de la tormenta, listo para hacer su próximo movimiento.

Sembrar disrupción en Washington, al mismo tiempo que confunde a la clase dirigente política y las percepciones de cómo debe funcionar una Casa Blanca, permite al presidente mantener la fe de su base política.

Así que, la intriga del palacio ha sido parte del gobierno desde el principio, junto con las narrativas de los medios de comunicación que Trump dirige su Casa Blanca como un reality show, y que está constantemente disparando distracciones para que los reporteros las persigan.

Parece seguro que Trump emergerá de este cargado momento con menos restricciones si es que salen del gobierno los altos funcionarios que han tratado de mantenerlo dentro de los límites de la costumbre presidencial y la ley.

Es posible que tenga más libertad para seguir un curso impredecible en el que a veces parece rebelarse contra las convenciones de gobierno y las barreras de seguridad constitucionales que a menudo parece que ni siquiera sabe que están allí.

Este podría ser un problema creciente cuando el gobierno enfrenta un repentino estallido de investigaciones por parte de la nueva Cámara de Representantes demócrata, una realidad para la cual la laxa supervisión de los republicanos la ha dejado profundamente mal preparada.

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Y hay una buena posibilidad de que Trump se distraiga aún más con la investigación de Mueller con la especulación que se está creando sobre posibles nuevas acusaciones y el contenido del tan esperado informe final del fiscal especial.

El martes, con su Casa Blanca alborotada, estaba sentado con sus abogados para responder a las preguntas escritas formuladas por Mueller, un potencial momento crítico para su presidencia.

Sorprendentemente, el presidente también tiene que enfrentar una gran crisis internacional que no precipitó, como un cruce militar cercano con un adversario importante o una crisis financiera, que requerirá un liderazgo centrado e inequívoco y un equipo de choque que funcione con unidad y propósito. Eso parece una posibilidad poco probable en esta Casa Blanca.

También debe haber preguntas, dada la naturaleza cada vez más irritable de la vida en su gobierno, sobre si los miembros del personal de primer nivel del Partido Republicano que podrían estar convencidos de servir se lo pensarán mejor.

Después de todo, funcionarios como Nielsen y Kelly han puesto su propia reputación en la línea, defendiendo las polémicas políticas del presidente sobre inmigración, solo para que él las atacara al final.

En este momento, los únicos empleados de la Casa Blanca que podrían considerarse seguros son sus parientes: su hija Ivanka y su yerno Jared Kushner.

Pero el peligro de dirigir un Ala Oeste en el modelo nepotista del negocio de Trump ha quedado claro recientemente con la crisis por el asesinato del periodista saudí Jamal Khashoggi. El asesinato, que causó indignación global, está siendo ampliamente atribuido a Mohammad bin Salman, el príncipe heredero a quien Kushner – eludiendo al Departamento de Estado- apoyó en la política de Medio Oriente.

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Melania muestra su poder

El golpe del martes por parte de la primera dama fue notable. En una demostración de fuerza que aparentemente se estuvo gestando durante días, hizo que el puesto de Ricardel fuera insostenible.

En una pizca de intriga adicional, Melania Trump retorció el cuchillo con el asesor de seguridad nacional, John Bolton, quien ha forjado su merecida reputación como un asesino burocrático despiadado, fuera de la acción, al estar a casi 16,000 kilómetros de distancia, en Singapur.

No fue la primera vez que un miembro del personal del Ala Oeste pagó el precio por haberse peleado con una primera dama.

Las habladurías a menudo rebosaban con mala voluntad entre Nancy Reagan y el exjefe de personal de la Casa Blanca, Don Regan. George Stephanopoulos escribió en sus memorias sobre los enfrentamientos con Hillary Clinton cuando él sirvió en la Casa Blanca de su esposo. Y a menudo se hablaba de la tensión entre Michelle Obama y el primer secretario de prensa de su esposo, Robert Gibbs.

Pero es difícil encontrar un precedente para la expulsión pública y categórica de Ricardel por Melania Trump, un golpe que ejemplificó la voluntad de la primera dama de mostrar su peso político.

Sin embargo, Marc Short, el exenlace del Congreso para Trump, dijo a Erin Burnett de CNN que, aunque esa medida no tenía precedentes, no era probable que comenzara una nueva tendencia.

“Creo que con el tiempo descubrirás que esto probablemente es una excepción y que la primera dama probablemente tuvo razones”, dijo.

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Algunas fuentes de la Casa Blanca pintaron una imagen de Ricardel como alguien con quien se dificulta trabajar y dijeron que se había metido en muchas peleas desde que subió a bordo en abril.

“Ella atravesaría un muro de ladrillos por ti, pero su personalidad no es para todos”, dijo otro funcionario.

Sin embargo, Ricardel aún no ha tenido la oportunidad de contar su propia historia. Y el tono de cualquier Casa Blanca se establece desde arriba, y no hay duda de que hay pocos lugares más difíciles para trabajar en Estados Unidos.

Kate Bennett, Pamela Brown, Jeremy Diamond, Jeff Zeleny y Sarah Westwood de CNN contribuyeron a este informe.

Con información de AFP

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