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Australia sufre por el cambio climático, ¿esto influirá en sus elecciones?

Una serie de desastres naturales, como incendios, inundaciones y sequías, han obligado a los australianos a prestar más atención a las políticas ambientales propuestas por los candidatos.
Exigencia.
Exigencia. Con los efectos del cambio climático en la puerta, muchos votantes australianos están exigiendo a los candidatos medidas reales contra el calentamiento global.

BRISBANE, Australia (CNN)- "Estas son las elecciones del clima", declaró Larissa Waters, senadora de Queensland, en un foro en Brisbane, semanas antes de las elecciones que Australia celebrará este mes.

A nadie sorprende que Waters lo diga: el medioambiente siempre es el eje de las políticas de los Verdes. Pero una serie de desastres naturales ha obligado a muchos otros australianos a tomar nota.

A lo largo del año pasado, Australia ha vivido incendios, inundaciones y la peor sequía de la que se tenga memoria , lo que ha dejado en ruinas miles de hogares, ha devastado los medios de vida de los agricultores y ha causado millones de dólares en daños. En enero, las temperaturas récord duraron tanto tiempo que los caminos de asfalto empezaron a derretirse.

"Cuando me eligieron por primera vez, en 2010, los científicos nos decían que era la década crítica", dijo Waters al público. "Es casi el final de esa década y la desperdiciamos".

El electorado está consciente de ello. La preocupación por el cambio climático está en los niveles más altos en 10 años en Australia; el 64% de los australianos cree que debe ser prioridad para el gobierno, según una encuesta de Ipsos que se publicó en abril.

Miles de estudiantes hicieron huelga por el cambio climático y se salieron de clases , mientras que los activistas de Extinction Rebellion detienen trenes que transportan carbón y bloquean vialidades.

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Los Verdes han promovido la acción desde hace mucho, pero siguen siendo un partido minoritario. Sin embargo, conforme el cambio climático cobra relevancia para las elecciones del 18 de mayo, los dos partidos más grandes de Australia coinciden en que hay que hacer algo.

La pregunta es qué, cuándo y —lo más crucial— cuánto va a costar.

Sin una política climática clara

Australia es cada vez más caliente. El aumento de la temperatura, que solía ser una amenaza lejana, es ahora un peligro inminente y aumenta el riesgo de que haya sequías más graves, incendios forestales y lluvias intensas en todo el país, según la Dirección de Meteorología de Australia.

Al menos en papel, el país está tomando medidas.

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Australia fue uno de los casi 200 países que se reunieron en la capital de Francia en 2015y se comprometieron a tomar medidas decisivas para combatir el cambio climático, bajo el Acuerdo de París para el clima. En específico, Australia accedió a reducir sus emisiones de carbono entre el 26 y el 28% respecto a sus emisiones de 2005 para el 2030.

El gobierno australiano pretende lograrlo exhortando a las empresas y al sector público a reducir emisiones a través de su Fondo de Reducción de Emisiones, al tiempo que promueve la inversión en nuevas tecnologías, como las energías renovables.

Actualmente, la inversión en energías renovables crece rápidamente y éstas —principalmente la hidráulica, la eólica y la solar— satisfacen alrededor del 21% de las necesidades energéticas de Australia. En Estados Unidos es de cerca del 17% y en Reino Unido, es de alrededor del 20%.

Pese a todo, en su Informe sobre la brecha de emisiones 2018, la ONU señaló que "no ha habido mejoría" en las políticas climáticas de Australia desde 2017 y agregó que los niveles de emisiones proyectados para 2030 "superarían por mucho" el objetivo.

Scott Morrison, primer ministro de Australia, insiste en que su país cumplirá los objetivos del Acuerdo de París. Sin embargo, los críticos dicen que solo lo logrará porque aplicará los créditos que se obtuvieron con el Protocolo de Kioto y que ahora no está haciendo suficiente para reducir las emisiones.

"Australia ciertamente se ha estado quedando atrás en lo que concierne a las acciones contra el cambio climático; a lo que me refiero con eso es al esfuerzo de descarbonizar la economía y a reducir las emisiones", dijo Frank Jotzo, director del Centro para la Economía y la Regulación para el Clima de la Universidad Nacional Australiana. Agregó que los esfuerzos no han sido completos debido al intenso estira y afloja político, que ha provocado que se revoquen las políticas que llegan a implementarse.

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Sin embargo, la política también podría ayudar en estas elecciones.

El opositor Partido Laborista ha recurrido a las políticas para el clima como uno de los puntos que lo diferencian del Partido Liberal de Morrison. Prometieron que si ganan las elecciones, reducirán las emisiones de carbono de Australia en un 45% respecto a los niveles de 2005, a diferencia del 26% que promete el gobierno.

Hace unos meses, cuando quedó claro que la inacción aparente del gobierno en cuanto al clima les costaría votos, presentaron una política climática que incluye un fondo de soluciones para el clima por 2,000 millones de dólares, así como un plan para construir la segunda estación hidroeléctrica más grande del país.

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Aunque Jotzo, el experto en cambio climático, dijo que la nueva política climática carece de detalles, la considera un "signo positivo".

"Es el reconocimiento de que un partido grande de Australia tiene que tener un proyecto para el cambio climático para que lo elijan", señaló.

El tema del carbón

Aunque ambos partidos hablan de grandes cosas para combatir el cambio climático, su compromiso se pondrá a prueba con el proyecto de excavación de una mina de carbón nueva en el norte de Queensland.

El gobierno ha argumentado desde hace mucho que Australia necesita carbón para sostener su racha de crecimiento económico . En febrero de 2017, Morrison, quien entonces era tesorero, dejó bien clara su postura cuando llevó un pedazo de carbón al Parlamento.

"Esto es carbón. No tengan miedo, no se asusten", dijo, entre los abucheos de la oposición. "Es el carbón que ha asegurado que por más de cien años, Australia haya disfrutado de una ventaja energética competitiva que ha servido para llevar la prosperidad a las empresas australianas".

Desde hace varios años, el conglomerado minero indio Adani ha estado buscando la aprobación de su mina Carmichael en la cuenca de Galilee, en Queensland. La mina produciría carbón que se enviaría a India, China y Vietnam para satisfacer la necesidad creciente de energía en esos países y para generar empleos muy necesarios en Australia.

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La cuenca de Galilee contiene una de las reservas de carbón no explotadas más grandes del mundo; abarca 274,000 kilómetros cuadrados, una superficie mayor a la de Reino Unido.

El tema ha dividido a los votantes de Queensland en pro-Adani o anti-Adani, de acuerdo con Maxine Newlands, politóloga de la Universidad James Cook.

"Sin embargo, eso es en realidad un lugar común en todo el debate sobre el rumbo de Australia y su política para el cambio climático", agregó.

Economía versus medioambiente

Cuando se propuso la mina, en 2010, la idea de la generación de 10,000 empleos emocionó a la gente de Townsville.

Esa oportunidad habría servido para resolver el prominente problema del desempleo en la ciudad costera de Queensland: alrededor del 8% de la población de Townsville está desempleada, en comparación con el promedio nacional del 5%, lo que significa que hay unas 8,000 personas desempleadas .

Desde entonces, las protestas intensas y la falta de acceso a financiamiento y a subsidios estatales han provocado que se reduzca la capacidad de la mina: de ser un titán que produciría 60 millones de toneladas métricas de carbón al año, sería una instalación más modesta, con una capacidad de producción de 27.5 millones de toneladas al año. Eso también reduce la cantidad de empleos que se generarían.

Ningún partido quiere perder votos en las elecciones regionales al dar la impresión de que están condenando a los desempleados, así que ambos partidos tratan de evitar el tema.

Sin embargo, los activistas ambientalistas están agarrando al toro por los cuernos.

Una caravana de manifestantes del grupo Stop Adani viajó hace poco por la costa este de Australia, desde Hobart, en Tasmania, hasta la mina en el centro de Queensland; algunos llegaron en autos eléctricos y se dedicaron a difundir su mensaje entre los votantes.

"Si se procede con esta mina, seguramente le seguirá media docena de minas más y eso nos dejará sin oportunidades para darle la vuelta al cambio climático", dijo Richard di Natale, líder del Partido Verde, cuando la caravana se detuvo en Brisbane.

Los manifestantes dicen que la excavación de más minas en el norte de Queensland incrementaría el tránsito marítimo cerca de la Gran Barrera de Arrecife, que ya ha sufrido daños por el incremento de emisiones a causa del calentamiento de las aguas. Esta maravilla natural recorre 2,300 kilómetros a lo largo de la costa y está a 350 kilómetros de la mina.

La empresa Adani afirma en que en la etapa inicial, la mina solo generará una fracción de la producción anual de carbón de Australia y señala que si Australia no extrae el carbón, otros países llegarán para satisfacer la demanda creciente en Asia.

El gobierno le abrió el camino a la mina justo antes de convocar a elecciones. Ahora, los laboristas —que están haciendo una campaña basada en el medioambiente— tienen que darle la aprobación final a nivel local. Sin embargo, no está claro el programa de aprobación.

Sea lo que sea que pase, lo más probable es que la parte perdedora se enoje y posiblemente proteste.

Jotzo dijo que espera que el próximo primer ministro de Australia, sea quien sea, se dé cuenta pronto de que una transición rápida a las energías renovables no llevará a la ruina económica, sino que podría tener el efecto opuesto.

"Hay una idea interesante de que Australia es la superpotencia de las energías renovables, exportadora de energías renovables. Esa es una posibilidad realista que conlleva oportunidades económicas significativas", dijo Jotzo. "Lo que veríamos es parques solares muy grandes en el norte de Australia que producirán grandes cantidades de hidrógeno para enviar a Asia y posiblemente a Europa".

Claro que para eso se necesita dinero, tiempo y voluntad política y en este momento, parece que en el país escasean.

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