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Grecia rompe con el activismo y le da el triunfo electoral a la centroderecha

En los primeros comicios después de terminar el régimen de rescate, el partido Nueva Democracia sale victorioso, lo que marca el regreso de la política tradicional al poder.
lun 08 julio 2019 01:07 PM
Elinda Labropoulou

ATENAS, Grecia (CNN)- El partido de centroderecha Nueva Democracia triunfó este domingo en las primeras elecciones nacionales desde que Grecia salió de un régimen de rescate hace un año , lo que indica una ruptura limpia con años de populismo activista y el retorno a la política tradicional.

En los resultados iniciales, Nueva Democracia llevaba el 39.6% de los votos, lo que indica un mandato sólido en un país que ha estado gobernado por coaliciones frágiles desde hace una década.

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El primer ministro, Alexis Tsipras, reconoció la derrota en una transmisión televisiva en vivo y dijo: "Se ha determinado el resultado… pero volveremos".

Kyriakos Mitsotakis, de Nueva Democracia, agradeció al pueblo griego en su discurso de la victoria. Dijo: "Sé que nos esperan dificultades. No pido un periodo de gracia porque no tenemos tiempo para eso". Agregó que "la transparencia y la meritocracia regresarán a Grecia y la voz de nuestro país se oirá en Europa".

Mitsotakis tomó posesión del cargo a la una de la tarde del lunes, hora de Grecia (5 am, hora de la Ciudad de México).

Los resultados indican un cambio radical en Grecia, el retorno a un partido que había sido el pilar del aparato político antes del rescate de Grecia. Las proyecciones iniciales para la Coalición de Izquierda Radical —conocido como Syriza—, el partido gobernante, indicaban que obtendría el 31.6% de los votos. Syriza llamó en mayo a elecciones anticipadas tras el duro golpe que recibió en las elecciones al Parlamento Europeo.

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Mitsotakis es heredero de una dinastía política; su padre también fue líder del partido.

Luego de estudiar en Harvard y Stanford, Mitsotakis trabajó en el sector bancario y después inició su carrera política. Fue ministro de Reforma Administrativa entre 2013 y 2015.

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Mitsotakis es liberal reformista y promete cambiar la imagen de niño malcriado que se tiene del país en Europa luego de una recesión de ocho años, en la que su economía se contrajo un 25%, la peor contracción de una economía desarrollada desde el final de la Segunda Guerra Mundial.

Mitsotakis dijo que su prioridad es reactivar la economía a través de una reducción de los impuestos y las regulaciones para atraer la inversión.

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La economía griega se está recuperando aunque todavía está débil y, según los pronósticos, crecerá solo un 2% anual durante los próximos tres años. El plan de Mitsotakis es implementar cambios rápidos como la privatización y transformar a Grecia en un país más abierto a los negocios.

Luego, acudirá con los acreedores del país con la intención de negociar un acuerdo nuevo. "Creo que puedo negociar con los europeos para que nos den más espacio fiscal; los mercados demuestran mucha emoción de que hayamos llegado al poder", dijo. Gran parte de su éxito depende de que logre este acuerdo.

La vieja guardia

Pese a todos sus planes de reforma, Mitsotakis proviene del mismo sistema político que llevó a Grecia a la crisis y que los electores rechazaron en 2015. El voto por la vieja guardia, afín a los mercados, también es un voto de protesta contra un gobierno que prometió demasiado y no cumplió; un mensaje a los populistas de todo el mundo de que las cosas pueden cambiar y luego regresar a como estaban.

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En retrospectiva, la estrategia de Mitsotakis parece una receta ganadora para los griegos.

En enero de 2015, luego de dos programas de rescate y de años de recortes y protestas violentas, Grecia se internó en aguas inexploradas y rechazó la política a la antigua y los sacrificios que le impuso el gobierno del partido Nueva Democracia, en ese entonces de centroderecha.

La gente votó por el cambio radical que prometió Syriza y su líder, Tsipras, un orador carismático. Este partido poco conocido se basó en una plataforma antirrescate que prometía enfrentar a los acreedores del país y ponerle fin a la austeridad, pero no tuvo gran éxito.

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La odisea populista de Grecia desembocó en un pánico bancario y en la posibilidad de separarse de la unión monetaria europea. Las negociaciones llegaron al límite. Los bancos estuvieron cerrados varios días y se impusieron controles a los capitales.

Al último minuto, con la posibilidad de que estallara el caos luego de un referéndum sobre la posible salida de Grecia de la Unión Europea, Syriza dio un giro de 180 grados y firmó un tercer acuerdo de rescate, tras lo que celebró elecciones anticipadas. El segundo gobierno de Syriza fue más dócil y lo reeligieron en septiembre de 2015, con lo que hubo más austeridad y se aumentaron los impuestos para cumplir los objetivos fiscales.

Los acontecimientos del verano de 2015 significaron, para muchos griegos, el fin de la ilusión de que era posible resistirse al cambio. Como Tsipras, los griegos ahora están dando un giro de 180 grados.

"Grecia ya tiene experiencia con el populismo económico y ahora lo rechaza, así que vuelve al pragmatismo", dijo George Pagoulatos, profesor de la Universidad de Economía de Atenas. "La votación de 2015 fue una votación de esperanza, de desesperación. Luego, el idealismo se derrumbó. Ahora, la gente se centra en quien creen que puede cumplir".

Una tragedia griega

En otras partes de Europa, en donde se observó la caída de Grecia desde una distancia aparentemente segura, el legado de la "tragedia griega" sigue sirviendo de argumento para los partidarios del brexit y de moraleja para los populistas de derecha. También sirvió para exponer algunas de las divisiones más profundas de la Unión Europea, mientras que los nacionalistas de extrema derecha tuvieron grandes triunfos en las elecciones de mayo al Parlamento Europeo.

En la misma Grecia, está menguando el apoyo al extremismo. Grecia fue uno de los primeros países europeos en llevar a un partido antiinmigrante de extrema derecha al Parlamento en 2012. El apoyo al partido Amanecer Dorado se basó en las condiciones económicas extremas y en una crisis migratoria en la que se registró la entrada a Europa de alrededor de un millón de refugiados a través de las costas de Grecia entre 2015 y 2016.

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Los resultados de las elecciones muestran una gran derrota para Amanecer Dorado. Aunque el nacionalismo ha tenido una función fundamental en estas elecciones, ha adoptado un tono más mesurado. Sin embargo, Tsipras despertó un sentir nacional fuerte en Grecia y cargó con el precio de haber decidido ratificar un acuerdo impopular para poner fin a una añeja disputa con su vecino, la recién renombrada República de Macedonia del Norte.

El nepotismo, los escándalos de corrupción y las acusaciones de interferencia en la impartición de justicia también han pasado la factura. Además, el momento de gloria que Tsipras tanto esperaba —la salida de Grecia del programa de rescate en verano de 2018— quedó radicalmente opacado por los incendios que dejaron más de cien muertos en la zona metropolitana de Atenas . En vez del despliegue de fuegos artificiales que había planeado, Tsipras no tuvo más remedio que lidiar con la indignación pública por la forma en la que manejó la tragedia.

¿El populismo llega a su fin?

Grecia fue el primer país, en la década pasada, en llevar el populismo a gran escala a la arena política europea. Ahora, es el primero en rechazarlo firmemente y los resultados de las elecciones podrían indicar el principio del fin para el populismo extremo en Europa.

"La experiencia de Grecia con el populismo y la extrema derecha le ha permitido al país salir con gran madurez de la mayor crisis de la eurozona", dijo Nick Malkoutzis, editor político de MacroPolis. "Parece que el ciclo está cerrándose y que el país está regresando a la normalidad política".

Lo que los griegos ansían más que nada, tras varios años de crisis constante, es estabilidad, agregó.

En la nueva era del pragmatismo en Grecia, Mitsotakis personifica al plan de reformas integrales y propositivas que sacarán al país del laberinto económico. Sin embargo, lo juzgará un país que ya no se deja engatusar fácilmente con promesas vacías.

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