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Perú elige un nuevo presidente en medio del rechazo a su clase política

La crisis de confianza, derivada de múltiples escándalos de corrupción, ha provocado que ninguno de los 18 candidatos a la presidencia supere el 15% de las intenciones de voto.
jue 08 abril 2021 05:04 AM
 Los candidatos a la presidencia de Perú Yonhy Lescano del partido Acción Popular, Daniel Salaverry de Somos Perú, Julio Guzman de Partido Morado, Rafael Santos del Partido Perú Patria Segura, Rafael Lopez Aliaga de Renovación Popular y Ciro Galvez de Renacimiento Unido Nacional participan en un debate en Lima, Perú. La desconfianza de los peruanos hacia sus políticos ha provocado que ninguno de los 18 candidatos a la presidencia supere el 15% de las intenciones de voto.
En medio de una extrema fragmentación del sistema político, los presidentes de turno en Perú quedan a tiro de una remoción según las alianzas que se tejan en el Congreso.

Con 25 años de edad, Ljuviza Banich Riva no tuvo otra opción que la de reinventarse. Su pequeño emprendimiento de servicios de catering para eventos había quedado paralizado en forma abrupta en marzo del año pasado. Sin reuniones sociales ni empresariales autorizadas ante la cuarentena dispuesta en Perú para intentar evitar la propagación del coronavirus, Ljuviza tuvo que construir una tabla de salvación.

En medio de la urgencia, decidió apurar la consolidación de un servicio de delivery de comidas, bebidas y cigarros destinado solo a abastecer al condominio en donde vive. Con ese emprendimiento, que había inaugurado una semana antes del inicio del confinamiento, no solo logró mantenerse en pie, sino que también pudo emplear a su madre y su hermano, quienes formaban parte de la legión de más de dos millones de nuevos desocupados que se sumaron en Perú durante la pandemia. Con semejante vértigo, Ljuviza no tiene el foco puesto en las elecciones presidenciales del próximo domingo.

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"No es que no haya interés por la situación política", dice. "El problema es que todos sabemos que la gente que está postulándose, sea quien sea, no va a ayudar al Perú y que, tristemente, terminaremos votando por el mal menor".

La desconfianza con la que Ljuviza acudirá a votar es compartida por buena parte de sus compatriotas. En medio de un altísimo desprestigio de la dirigencia política por los recurrentes casos de corrupción que llevaron a condenas o procesos a los últimos cinco presidentes electos, ninguno de los 18 candidatos logra reunir más del 15% de la intención de voto en los sondeos.

En medio de esa inédita dispersión, todo indica que las elecciones del próximo domingo solo definirán a los dos candidatos que disputarán el ballotage previsto para el 6 de junio. “Hay apatía, pero también rabia y frustración con los políticos”, dice Eduardo Dargent, analista político y profesor de la Pontificia Universidad Católica del Perú.

"Ha habido muchos golpes recientes, como la irresponsabilidad con la que se ha conducido el Congreso, la sensación de que los gobiernos no han podido responder a problemas básicos y los grandes escándalos que mostraron a una clase política perforada por la corrupción", señala el analista.

El panorama actual refleja el largo deterioro iniciado por el colapso del modelo de partidos a mediados de la década del 90, cuando el por entonces presidente Alberto Fujimori instaló un régimen autoritario. A partir de esa etapa, solo quedaron en pie estructuras partidarias muy débiles configuradas en torno a personas.

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Ese contexto incentiva la inestabilidad en un país que tiene, en la práctica, un sistema semi parlamentario de gobierno. Solo con el 20% de los congresistas, se puede pedir una moción de vacancia al presidente; con el 40%, puede admitirse esa propuesta y con el 66%, puede aprobarse.

Bajo esas condiciones y en medio de una extrema fragmentación del sistema político, los presidentes de turno quedan a tiro de una remoción según las alianzas que se tejan en el Congreso. Eso se volvió aún más notorio en los últimos tres años, período en que el presidente Pedro Pablo Kuckzynski renunció cuando estaba a punto de ser destituido, y su sucesor, Martín Vizcarra, fue removido por el Congreso.

Candidatos débiles

La elección del próximo domingo no promete quebrar esa tensión permanente entre el Poder Ejecutivo y el Legislativo. "El próximo presidente llegará con minoría en el Congreso, por lo que solo el apoyo de la opinión pública lo podrá proteger de una nueva vacancia", dice Dargent.

"En el Congreso la fragmentación seguirá y eso no avizora nada bueno: es una clase política muy irresponsable, muy amateur, por lo que se va a requerir del próximo presidente mucho talento político, alianzas y capacidad de entusiasmar a la población", dice el también académico.

Son condiciones que, a priori, no parecen estar disponibles entre los seis candidatos que lideran los sondeos.

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A la cabeza marcha Yonhy Lescano, del histórico partido Acción Popular. Con un discurso difícil de encuadrar, Lescano viene cosechando votos a izquierda y derecha. En materia económica, su visión se inclina hacia una mayor intervención del estado para redistribuir los beneficios que genera la minería, una industria que representa cerca del 10% del PIB, un 60% de las exportaciones y el 16% de la inversión privada en Perú.

Si bien Perú es el segundo mayor productor de cobre en el mundo, los pobladores de las zonas mineras siguen lejos de obtener algún rédito por este auge. De hecho, las demandas por mayores beneficios han desatado una serie de conflictos en los últimos años que frenaron los avances de una cartera de 56,000 millones de dólares de inversiones.

Uno de los proyectos suspendidos es Tía María, que está a cargo de Southern Perú Copper Corp, filial de Grupo México. Ante esos conflictos, Lescano solo dice que promoverá el diálogo para hacer los planes viables, aunque solo terminará impulsando aquellos proyectos avalados por las comunidades.

Esos vagos planteos económicos conviven con posturas conservadoras en materia social. Por caso, Lescano mantiene una cerrada negativa a avanzar en temas como la legalización del aborto.

"Lescano es un candidato de centro, pero no en términos ideológicos, sino sociológicos: él está donde está la mayoría en diversos temas", dice Dargent. "Es crítico del sistema pero sin llegar a romper; es conservador en temas sociales, pero sin llegar a ser ultraconservador: se coloca en el medio, pero con limitado talento, aunque tiene el reconocimiento de muchos de ser el menos malo".

Entre quienes siguen a Lescano, la competencia es extremadamente pareja. En los últimos días ha venido creciendo la intención de voto del economista Hernando de Soto. Si bien goza de cierto reconocimiento a nivel internacional por su propuesta de expandir el derecho de propiedad a los sectores informales para que puedan obtener créditos, también carga con el peso de haber sido funcionario y asesorado dictaduras en Perú, Indonesia y Egipto.

En las antípodas, la izquierdista Verónika Mendoza promete refundar el Estado, redactar una nueva Constitución y alejar al país del modelo económico neoliberal. Psicóloga y antropóloga, Mendoza también plantea revisar los pactos de libre comercio firmados por Perú en los últimos años y despedir a Julio Velarde, actual presidente del Banco Central y muy respetado por el mercado.

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Entre esas dos posiciones navega el ex portero de fútbol George Forsyth. Su principal ventaja es que, a diferencia del resto de los principales candidatos, no carga con altos niveles de rechazo.

"Forsyth es una derecha moderada que quiere jugar la carta del candidato nuevo", dice Dargent. "Tiene menos resistencia que otros candidatos y eso es una ventaja porque en una eventual segunda vuelta le iría bien; la desventaja es que es muy mal candidato, no tiene buena retórica y se le ve improvisado".

El resto de los postulantes con chances de acceder a la segunda vuelta plantean posturas incluso más reaccionarias. Desde la extrema derecha, el ultraconservador Rafael López Aliaga, que parecía irrumpir con fuerza hace un mes, ha venido perdiendo apoyo.

Miembro del Opus Dei —la línea más conservadora de la Iglesia Católica—, este empresario que dice usar un cilicio para flagelarse a diario y que reprime su deseo sexual pensando en la virgen María busca convertirse en el “Bolsonaro de Perú”. Sin embargo, sus posiciones sociales duras incluso para un país conservador le están impidiendo crecer más allá de algunos nichos en los sectores de ingresos altos.

Como sea, la irrupción de López Aliaga viene restando respaldo a la derechista Keiko Fujimori. Hija del ex presidente Fujimori, Keiko va por su tercer intento por llegar a la Casa de Pizarro, la sede del gobierno de Perú. Su discurso de “mano dura” para combatir la corrupción y la delincuencia choca con su situación procesal: tras haber estado en prisión preventiva, goza de libertad bajo fianza mientras se la investiga por presunto lavado de dinero y financiación ilegal de campañas.

Un estado que ha fallado

La oferta es amplia y variada, pero ningún candidato logra concitar el entusiasmo mayoritario de los peruanos. “La principal demanda en estas elecciones es pragmatismo, que el estado funcione al menos en un nivel básico y fundamental, y ninguno de los candidatos garantiza eso”, dice Alonso Gurmendi, analista político y profesor de la Universidad del Pacífico.

"Pese a que Perú lleva años de crecimiento económico, el estado sigue fallando: la posta médica no cura, el colegio público no enseña y el policía no protege", argumenta Gurmendi.

La irrupción de la pandemia no hizo más que exponer esos déficits históricos. Si bien gracias a una gestión fiscal prudente Perú registró un crecimiento promedio del PIB del 5.2% en los últimos 15 años, esa mejora de la macroeconomía no llegó a remover muchos de los asuntos pendientes en materia social.

Con el 70% de la población económicamente activa que se mantiene en la informalidad, las medidas de confinamiento no pudieron sostenerse en el tiempo. Eso, sumado al frágil sistema sanitario, convirtió a Perú en el país con más muertes de coronavirus por millón de habitantes en América Latina. El derrumbe del 11% del PIB que empujó a la pobreza a 1.8 millones de personas el año pasado agravó los problemas.

En ese marco, los peruanos concurrirán el domingo a votar sin demasiadas esperanzas de cambio.

"En los últimos años la pregunta recurrente en Perú es qué pasará primero: si el Congreso baja al presidente o si el presidente disuelve el Congreso", dice Gurmendi. "El próximo presidente deberá adaptarse a esta realidad: no podrá hacer lo que quiera, sino lo que se le permita".

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