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Felipe de Edimburgo, el príncipe que siempre estuvo detrás de Isabel II

El duque de Edimburgo estuvo casado con la reina de Inglaterra por más de 70 años, siempre con una gran lealtad, pero con una tendencia hacia la incorrección política.
vie 09 abril 2021 10:50 AM
El príncipe Felipe de Edimburgo, fallecido este viernes a los 99 años, pasó más de seis décadas a la sombra de sus esposa, la reina Isabel II, con gran lealtad y una propensión a mostrase poco respetuoso con la corrección política.
Felipe siempre caminó un paso detrás de la reina Isabel en los miles de eventos ceremoniales a los que asistieron durante su reinado.

El príncipe Felipe de Edimburgo, fallecido este viernes a los 99 años, pasó más de seis décadas a la sombra de sus esposa, la reina Isabel II, con gran lealtad y una propensión a mostrase poco respetuoso con la corrección política.

Franco e irascible, Felipe vivió a la sombra de la mujer con la que se casó en la Abadía de Westminster en 1947 y siempre caminó un paso detrás de la reina —como dicta el protocolo— en los miles de eventos ceremoniales a los que asistieron durante su reinado, el más largo de la historia británica.

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Aunque no tenía un papel oficial, Felipe, el duque de Edimburgo, fue una de las figuras más influyentes en la familia real durante más de 70 años.

Conocido por su fuerte carácter, Felipe de Mountbatten, nacido con el título de príncipe de Grecia y Dinamarca, ha sido el consorte más longevo en la historia de la monarquía británica.

Se retiró de la vida pública en 2017, pero continuaba participando en eventos familiares y acaparando atención en los medios por sus recurrentes problemas de salud y por embrollos como el accidente de tráfico que sufrió en 2019, cuando con 97 años conducía un todoterreno en las inmediaciones de su residencia campestre de Sandringham.

"Es mejor desaparecer que alcanzar la fecha de caducidad", había dicho hace unos años con su particular sentido del humor.

La "fortaleza" de Isabel II

El principal valor de Felipe fue ser "el único hombre del mundo en tratar a la reina como un ser humano, de igual a igual", explicó una vez Lord Charteris, ex secretario privado de la monarca.

Si bien era criticado por su conducta y sus comentarios a veces bruscos, los amigos decían que como el confidente más cercano de la reina Isabel II, aportando sensatez, inteligencia impaciente y una energía incansable a la monarquía.

"Él fue, simplemente, mi fortaleza y apoyo durante todos estos años", declaró Isabel en un inusual tributo personal a Felipe en un discurso por el 50 aniversario de bodas en 1997.

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"Yo, y toda su familia, y éste y muchos otros países, le debemos mucho más de lo que él alguna vez reconocerá, o que alguna vez sepamos", agregó.

La reina Isabel II invita a los británicos a vacunarse

Durante décadas cumplió la misión de acompañar a su esposa con tal celo que llegó a caer enfermo en 2012, cuando cerca de los 91 años resistió durante hora y media el frío y el viento en una procesión fluvial por el Támesis que celebraba el sexagésimo aniversario de la ascensión al trono de la reina.

Ataviado con su uniforme militar de gala, sin abrigo, el duque se mantuvo en pie durante todo el desfile, pero al día siguiente fue ingresado por una infección, estuvo cinco días hospitalizado y se perdió el resto de las celebraciones por el llamado "Jubileo de diamante".

Sus dolencias y visitas médicas se multiplicaron en el último decenio. En 2011 se sometió a una operación coronaria de urgencia y en 2013 a una cirugía "exploratoria" del abdomen de la que no se conocieron detalles.

El pasado 16 de marzo, recibió el alta médica tras haber permanecido ingresado durante 28 días en dos hospitales de Londres, donde fue operado de una afección cardíaca.

Adaptarse a la familia real

Tras haber servido en la Marina británica — la Royal Navy— durante la Segunda Guerra Mundial, Felipe se casó el 20 de noviembre de 1947 con la entonces princesa Isabel, su prima tercera, que seis años después sucedería a su padre, Jorge VI, en el trono del Reino Unido.

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Si Felipe albergó frustración en su vida como consorte, nunca lo mostró públicamente. Pero en una airada entrevista con la BBC para conmemorar su cumpleaños número 90, reveló que en la primera época le costaba encontrar un rol que cumplir.

Durante los primeros tiempos en el Palacio de Buckingham, Felipe sufrió para adaptarse al continuo escrutinio público y las limitaciones que entrañaba su cargo, si bien con los años afianzó su rol en la familia real.

"No tenía precedentes. Si le preguntaba a alguien '¿qué esperas que haga'?, todos se quedaban en blanco, no tenían idea, nadie tenía mucha idea", recordó.

Nacido en una era de deferencia a la monarquía, Felipe ayudó a Isabel a navegar la agitación política y social en el siglo XX para adaptar la monarquía a una época diferente.

Un príncipe para el siglo XX
Felipe ayudó a Isabel a navegar la agitación política y social en el siglo XX para adaptar la monarquía a una época diferente. Aquí, posando con el presidente de Estados Unidos, John F. Kennedy y la primera dama Jaqueline Kennedy en el palacio de Buckingham en 1961.

A veces enfrentando una corte profundamente tradicional, Felipe reformó el palacio e intentó aprovechar el creciente poder de la televisión para proyectar la influencia real.

Pronto se ganó el favor de los británicos con sus apariciones en los medios, poco comunes hasta entonces entre la realeza, y a partir de 1960 dedicó parte de su tiempo a múltiples organizaciones benéficas y a la conservación del entorno natural, una pasión que heredaría su primogénito, el príncipe Carlos, heredero de la Corona.

Al mismo tiempo, continuó cultivando algunas de sus pasiones, como el polo, la conducción y la navegación.

Fue el primer miembro de la familia real que hizo despegar un helicóptero desde los jardines del Palacio de Buckingham, después de que su esposa intercediera ante altos funcionarios del gobierno para que Felipe recibiera permiso para formarse como piloto, una actividad que se había considerado demasiado arriesgada.

Su largo matrimonio con la monarca ha combinado las continuas muestras de complicidad que ambos mostraban en público con los rumores sobre infidelidades que circularon en la década de 1950, cuando el duque emprendió un viaje en solitario durante más de cuatro meses.

Niñez en el exilio

Felipe de Edimburgo, hijo del príncipe Andrés de Grecia y la princesa Alicia de Battenberg, nació en la isla de Corfú el 10 de junio de 1921, aunque abandonó el país heleno con tan solo 18 meses de edad ante la inestabilidad política que llevó a la abdicación de su tío, el rey Constantino I de Grecia.

Gracias a la intermediación del entonces monarca británico Jorge V, la familia real griega abandonó el país a bordo de un barco de la Armada británica, donde el pequeño príncipe tuvo que viajar en una cuna fabricada con una caja de naranjas.

Durante los años de exilio en París, su familia vivió con recursos limitados, a diferencia de la suntuosidad de la corte y los tutores privados que rodeaban a la princesa Isabel, su futura esposa.

Era un apuesto joven de 18 años cuando conoció a Isabel antes de la guerra. Lilibet, como la apodaba su madre, tenía 13 años y se enamoró. "El color se fue de su rostro y luego se sonrojó. Ella lo miró fijamente y durante el resto del día lo siguió a todas partes. Estuvo enamorada desde el comienzo", recordó más tarde el fallecido lord Mountbatten, tío de Felipe.

Cuando se presentó con 25 años ante Jorge VI para pedir la mano de la princesa, Felipe era un pretendiente discutido por su origen extranjero y por su empobrecida familia.

Aún así, el monarca dio su beneplácito a la unión de los novios, que se habían intercambiado correspondencia durante la Segunda Guerra Mundial y sellaron su enlace un año después en la Abadía de Westminster, en Londres, ante 2,000 invitados y con cerca de 200 millones de personas siguiendo la ceremonia por la radio.

Reina Isabel II

El nuevo príncipe consorte, que dejó de fumar un día antes de la boda, recibió los títulos de duque de Edimburgo, conde de Merioneth y barón de Greenwich.

Una relación complicada con las nuevas generaciones

Cuando fue envejeciendo, Felipe fue criticado por obstaculizar la habilidad de la monarquía para adaptarse a los tiempos y sus detractores le adjudicaron en parte su manera controladora al fracaso de sus hijos en sus propias familias.

La pareja tuvo cuatro hijos: Carlos, el príncipe de Gales (nacido en 1948), la princesa Ana (1950), el príncipe Andrés (1960) y el príncipe Eduardo (1964), tres de cuyos matrimonios terminaron en divorcios.

Felipe descendiente de la tatarabuela de Isabel, la reina Victoria, y primo tercero de su esposa, nunca se ganó completamente el corazón de todos los británicos.

Isabel era la soberana, pero en términos familiares Felipe era visto como el jefe de familia.

Cuando la princesa Ana primero, luego el príncipe Andrés y finalmente el príncipe Carlos sufrieron divorcios, los observadores de la realeza apuntaron a Felipe como un padre dominante y frío, particularmente con sus hijos varones.

Cuando la popularidad de la Casa de Windsor se hundió luego de la muerte de la primera esposa de Carlos, la princesa Diana, en 1997, el duque fue acusado de dificultar a la monarquía adaptarse a una nueva Gran Bretaña.

Esto no impidió que mantuviera una relación cercana con sus nietos Guillermo y Enrique, especialmente tras la muerte de su madre, Diana.

Fue Felipe quien pidió a ambos príncipes que caminaran tras el ataúd de Lady Diana en el funeral, y quien insistió en mantener la privacidad de la familia en esos momentos dolorosos a pesar de las críticas que recibieron la reina y él por no aparecer en pública hasta varios días después del entierro de la "princesa del pueblo".

El rey de la incorrección política

Una tribu de Vanuatu llegó a venerarlo como una divinidad ligada a los espíritus del volcán Yasur. Su temperamento fue efectivamente volcánico, sin ninguna consideración por lo políticamente correcto, aunque en los últimos años se calmó.

"¿Han logrado que no los comieran?", preguntó a un joven británico que venía de viajar por Papúa Nueva Guinea en 1998.

"Ustedes tienen mosquitos, yo tengo periodistas", dijo en Dominica en 1966. Luego compararía a los periodistas con los monos de Gibraltar.

En otra ocasión, un niño le confesó que quería ser astronauta y el duque le respondió que estaba demasiado gordo para volar.

Cuando se le preguntó si le gustaría visitar la Unión Soviética, dijo: "Me encantaría visitar Rusia, aunque esos cabrones asesinaron a la mitad de mi familia" (en alusión a la suerte de los Romanov).

Su entorno le oyó maldecir mil veces su suerte, gruñir contra la pérdida de valores o contra las locuras de sus cuatro hijos en los años 1980, y hasta contra "los malditos chuchos (perros)" de la reina, siempre pegándosele a las piernas.

El duque fue atacado por sus opiniones sobre todo, desde la energía nuclear a la defensa del medio ambiente. Sus críticos lo consideraban hipócrita por dirigir el World Wide Fund for Nature mientras participaba en deportes como la caza de faisanes.

"Pienso que hay una diferencia entre estar preocupado por la conservación de la naturaleza y ser un protector de conejos", dijo a la BBC.

Fueron esos comentarios tan directos los que llamaron más la atención. Una declaración sobre "ojos achinados" durante una visita a China en la década de 1980 se volvieron un símbolo de su manera muchas veces imprudente, que contrastaba con la forma controlada de la reina.

Quienes lo conocían decían que su reputación escondía una inteligencia sofisticada, devoción por su familia, amor por los deportes y dedicación a su rol como miembro de la realeza.

"La gente tiene la impresión de que al príncipe Felipe no le importa nada lo que piensen de él y tienen razón", dijo el ex primer ministro Tony Blair en sus memorias.

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