La variante "es motivo de preocupación, no de pánico", relativizó no obstante el presidente estadounidense, Joe Biden, el lunes, advirtiendo que Ómicron sería detectada "tarde o temprano" en su país.
Estados Unidos, el país con mayor número de muertos por COVID-19 (casi 780,000), reabrió sus fronteras a principios de noviembre, pero el lunes las cerró a los viajeros procedentes de ocho países del sur de África.
Por su parte, los ministros de Salud de los siete Estados más industrializados del mundo (G7), reclamaron el unes una "acción urgente" para garantizar un mayor y más justo acceso a las vacunas.
En el plano económico, los expertos destacaron que la nueva variante supone una amenaza para la recuperación mundial, sobre todo por las restricciones a los viajes.
Según Gregory Daco, economista en Oxford Economics, si Ómicron provoca "síntomas relativamente moderados" y las vacunas actuales son "eficaces", el impacto económico estimado para 2022 podría ser del 0.25%, sobre el crecimiento mundial, estimado en 4,9% por el Fondo Monetario Internacional (FMI).
Pero si la cepa fuera extremadamente letal y obligara a imponer medidas de confinamiento de amplitud, el crecimiento previsto podría ser de solo el 2.3%.
Además, la nueva cepa podría complicar la organización de los Juegos Olímpicos de Invierno en Pekín, del 4 al 20 de febrero, avisó este martes Zhao Lijian, portavoz del ministerio chino de Relaciones Exteriores, quien sin embargo se declaró "plenamente convencido" de que la competición se celebrará "sin problema".