Junto con el Burj Al Arab, un edificio muy querido de 1999, las explosiones también sacudieron un hotel de cinco estrellas situado en la lujosa zona de Palm Jumeirah, un ostentoso lugar de ocio para gente adinerada.
El aeropuerto de Dubái, el más transitado del mundo por el tráfico internacional, y el puerto de Jebel Ali también fueron alcanzados. Las dos instalaciones representan cerca del 60% de los ingresos de Dubái, según estimaciones oficiales.
Dalia, una libanesa expatriada de 33 años, estaba en la popular playa de Kite Beach, cerca del Burj Al Arab el sábado cuando los sistemas de defensa aérea empezaron a destruir misiles y drones en el cielo.
Más tarde, un dron interceptado provocó un incendio en la parte baja de la fachada del edificio.
Muchos le tienen al Burj Al Arab, el primer edificio de Dubái mundialmente conocido, más cariño que al impresionante Burj Khalifa, el rascacielos más grande del mundo, inaugurado en 2010 en el centro de la ciudad.
A veces promocionado como un hotel de siete estrellas, es recordado por muchos por la partida de tenis que se disputaron Roger Federer y André Agassi en 2005 en su helipuerto, a 210 metros de altura.
The Palm Jumeirah, una isla artificial en forma de palmera con elegantes mansiones y hoteles de lujo, es igual de famosa, en parte por los famosos que han vivido allí, como los Beckham.
Los sábados en Dubái suelen estar copados por los famosos y largos "brunches" cargados de alcohol, un pilar fundamental de la vida social de la ciudad, pero los de esta semana se vieron interrumpidos por una enorme explosión, seguida de un incendio, en el hotel Fairmont.
Golpear un proyecto
Al golpear las joyas económicas de Dubái y los símbolos de su éxito, Irán atacó un proyecto al que le han salido multitud de imitadores, incluyendo Arabia Saudita, que está tratando de atraer turistas, talento y dinero.