Para justificar su política, Washington alega la "amenaza excepcional" que representa Cuba, una isla caribeña situada a tan solo 150 km de la costa de Florida, para la seguridad nacional estadounidense, debido a sus relaciones con China, Rusia e Irán.
Pero el cambio de gobierno en Cuba es una ambición perseguida por Washington desde hace décadas, especialmente por los gobiernos republicanos.
“Una mayor vulnerabilidad de Cuba tras el colapso de los envíos de petróleo subsidiado ha creado lo que algunos políticos estadounidenses consideran una oportunidad excepcional para ejercer una influencia decisiva”, indica el análisis del International Crisis Group.
El secretario de Estado, Marco Rubio, hijo de emigrantes cubanos, ha prometido que, bajo el gobierno de Trump, Estados Unidos “hará rendir cuentas al ilegítimo régimen cubano”.
El presidente dijo el lunes que espera tener "el honor de tomar Cuba" durante su mandato, en plenas conversaciones con el régimen de La Habana.
"Creo realmente que tendré el honor de tomar Cuba, de alguna manera", declaró a periodistas Trump en el Despacho Oval. "Quiero decir liberarla, o tomarla. Creo que puedo hacer lo que quiera, si quiere que le diga la verdad. Es una nación muy debilitada en estos momentos", consideró. "Sería un gran honor", explicó.
Al ser consultado sobre los siguientes pasos en relación a la isla, Trump dijo: "Están hablando con Marco (Rubio), y vamos a hacer algo pronto".
De acuerdo con un reporte del New York Times, Estados Unidos presiona para que el presidente cubano, Miguel Díaz-Canel, abandone el poder en el marco de las negociaciones que sostienen ambos países.
Al margen de la salida de Miguel Díaz-Canel, de 65 años y quien llegó al poder en 2018, el actual gobierno comunista se mantendría en su lugar, según el Times.