El gobierno de derecha de Trump pronto chocó con el proyecto izquierdista de Petro, en el poder desde 2022 y quien ha buscado aunar aliados en América Latina contra Washington.
La ofensiva estadounidense lanzada en septiembre pasado contra lanchas presuntamente cargadas de droga, primero en el Caribe y luego también en el Pacífico, acentuó esa tensión diplomática.
Petro acudió a la Asamblea General de la ONU, y participó luego en una protesta en las calles de Nueva York en la que instó a los militares estadounidenses a desobedecer a Trump.
En medio de una guerra de palabras entre los mandatarios, Washington retiró la visa y aplicó sanciones económicas contra Petro y varios miembros de su familia. Trump incluso amenazó con acciones militares en Colombia tras el operativo y la captura el 3 de enero del mandatario venezolano Nicolás Maduro, encarcelado en Nueva York en espera de su juicio por narcotráfico.
Trump y Petro abrieron sin embargo una inesperada puerta al diálogo y acordaron una visita del colombiano a Washington, que tuvo lugar en febrero.
Las presuntas relaciones de Petro con el tráfico de drogas han sido debatidas públicamente en Colombia.
Su hijo mayor, Nicolás Petro, también objeto de sanciones de Washington, admitió haber recibido grandes sumas en efectivo de un condenado por narcotráfico en Estados Unidos, pero aseguró que los recursos nunca llegaron a la campaña electoral de su padre.
El presidente colombiano ha dicho que él mismo ha sido víctima de conspiraciones para dañar su carrera política por parte de narcotraficantes, e incluso para acabar con su vida.
Al mismo tiempo, Petro se ha mostrado partidario de medidas como la legalización de la marihuana por parte del Congreso, y ha promovido un diálogo con grupos guerrilleros disidentes, acusados por Washington de traficar drogas para financiarse.
Con información de AFP