Al acercarse a las fortificaciones de la época colonial de La Habana, los activistas subieron al techo de la embarcación, rebautizada simbólicamente como "Granma 2.0" en homenaje al yate utilizado por los guerrilleros de Fidel Castro (1926-2016) para iniciar su revolución en 1956.
Sostenían una pancarta que decía "Let Cuba live" (Dejen vivir a Cuba), mientras otros, que los esperaban en el muelle, coreaban "¡Cuba sí! ¡Bloqueo no!".
"Ojalá todo el mundo se uniera, incluso los cubanos en el extranjero, y vinieran a hacer lo mismo, porque es el pueblo el que está sufriendo", dijo Amado Rodríguez, un chofer de 59 años que caminaba cerca de la bahía de La Habana.
Los primeros cargamentos llegaron en avión desde Europa, Latinoamérica y Estados Unidos la semana pasada como parte de una misión aérea y marítima, bautizada "Convoy Nuestra América", para llevar unas 50 toneladas de ayuda a Cuba. Se espera que otros dos barcos lleguen el martes o el miércoles.
Los activistas señalan que el esfuerzo busca aliviar la situación de los cubanos tras un bloqueo petrolero de facto impuesto por Estados Unidos que el presidente Donald Trump puso en marcha en enero.
Los críticos, incluidos exiliados cubanos en Miami, han calificado la iniciativa como un "espectáculo político" que beneficia más al cubano comunista que a la gente de a pie.
El organizador del convoy, David Adler, ciudadano estadounidense, dijo a la AFP que la misión llevó ayuda urgentemente necesaria directamente al pueblo cubano y mostró al mundo "el costo humano del asedio de Trump contra Cuba".
"Demostró que la solidaridad internacional puede triunfar sobre el aislamiento forzado", afirmó Adler, coordinador del grupo global de izquierda Progressive International.
El país ha sufrido siete apagones nacionales desde 2024 — dos de ellos en la última semana — debido al envejecimiento de sus centrales termoeléctricas y a la escasez de petróleo.