Aunque Estados Unidos sigue siendo líder mundial en investigación y desarrollo de medicamentos innovadores, depende fuertemente del extranjero para su producción. Datos citados por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) indican que, para 2025, alrededor del 53% de los fármacos patentados consumidos en el país se fabrican fuera de su territorio. En el caso de los ingredientes activos, la dependencia es aún mayor, ya que solo el 15% se produce localmente.
El informe advierte que una base industrial débil en este sector podría afectar tanto la atención médica civil como la capacidad del país para responder en escenarios de emergencia o incluso en tiempos de guerra. Medicamentos clave para tratar cáncer, enfermedades raras o infecciones graves dependen de cadenas de suministro que hoy se consideran frágiles.
Ante este escenario, el presidente ordenó implementar un plan que combina presión comercial e incentivos industriales. Por un lado, se aplicará un arancel general del 100% a medicamentos importados. Por otro, las empresas que presenten planes para trasladar su producción a Estados Unidos podrán acceder a tarifas reducidas (de alrededor del 15%) que escalarían gradualmente si no cumplen con los compromisos.
Además, el gobierno instruyó al Secretario de Comercio y al Secretario de Salud y Servicios Humanos a iniciar negociaciones con empresas y países aliados para fortalecer la producción nacional y garantizar el abasto. Estas conversaciones deberán mostrar avances en un plazo de 90 días.
El esquema también incluye excepciones. Algunos medicamentos especializados, como terapias génicas, tratamientos para enfermedades raras o productos críticos en emergencias sanitarias, podrán quedar exentos de aranceles, especialmente si provienen de países con acuerdos estratégicos con Estados Unidos.