Beijing ha rechazado sistemáticamente estas acusaciones, afirmando que no es culpable de la crisis de sobredosis en Estados Unidos, aunque en los últimos años ha adoptado varias medidas para combatir este comercio. Por ejemplo, impuso controles sobre numerosos compuestos relacionados con el fentanilo en 2017 y nuevamente en 2019.
La relación entre Estados Unidos y China respecto al tráfico de fentanilo ha evolucionado de un espacio de cooperación técnica a convertirse en un eje central de la competencia estratégica y la seguridad nacional entre ambas potencias, señala José Joel Peña, profesor de Relaciones Internacionales de la Facultad de Estudios Superiores Acatlán de la UNAM.
Durante el gobierno del demócrata Joe Biden, el tema de las drogas sintéticas se abordaba principalmente como un asunto de salud pública y de cumplimiento de la ley, mediante acuerdos de intercambio de información y vigilancia de empresas químicas.
“Bajo el gobierno de Biden se llevaba a cabo un intercambio de información, control de sustancias y vigilancia de las empresas química”, explica Peña. “Es decir, se llevaba a cabo un intercambio de información, un tema de control de sustancias, la vigilancia de las empresas químicas, pero ahora es un instrumento de represión”.
La administración actual ha "securitizado" la agenda, señala el especialista de la UNAM, quien recuerda que Trump impuso aranceles a China, México y a Canadá, como una medida de presión para que frenara el tráfico de fentanilo.
Un acuerdo ambiguo
Sin embargo, las tensiones sobre el tema del fentanilo se relajaron en octubre, cuando Xi y Trump sostuvieron conversaciones en el marco de G20.
Tras la reunión celebrada en Corea del Sur en noviembre, Trump aseguró que Xi se comprometió a reforzar los controles sobre este opioide, que según Estados Unidos producen los cárteles mexicanos a partir de precursores químicos obtenidos en China.