Los países de los BRICS han demostrado que su poder económico y de influencia política puede comenzar a rivalizar con el G7, que reúne a las principales economías industrializadas del mundo. La organización de grandes eventos deportivos, como Mundiales y Juegos Olímpicos, es una de las maneras en las que estas naciones buscan ganar más influencia.
Cuatro miembros de los BRICS han organizado este tipo de eventos en los últimos 20 años. Brasil, Rusia, China y Sudáfrica alojaron cuatro Juegos Olímpicos y tres Copas del Mundo entre 2008 y 2022. Sin embargo, los resultados de recibir una justa deportiva no siempre han sido positivos.
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China, el caso emblemático de éxito
El estadio conocido como Nido de Pajaro se convirtió en un emblema de Beijing 2008. (FOTO: idmanjoe/Getty Images)
Los Juegos Olímpicos Beijing 2008 tuvieron un objetivo claro: mostrar al mundo el éxito del proceso de modernización de China, así como su voluntad de apertura tras siglos de autoaislamiento.
El costo de los Juegos Olímpicos excedió los cálculos iniciales, cifrados en 1,600 millones de dólares, elevándolos a los 2,000 millones, aún así por debajo de los 2,400 millones de los inmediatamente precedentes Juegos de Atenas 2004.
Sin embargo, a diferencia de lo que pasó con Grecia, el error de cálculo no resultó en un sobreendeudamiento para China, sino en una oportunidad para poder crecer.
El evento estimuló las inversiones en infraestructura, como el puente más largo del mundo, el tren más rápido del mundo o las sedes deportivas, como el Estadio Olímpico, conocido como el Nido de Pájaro, diseñado para ser desmontado una vez que las competiciones de ese verano terminaran.
César Velázquez, académico del departamento de Economía de la Universidad Iberoamericana, explicó que la organización de Juegos Olímpicos ayuda a los países a ganar prestigio internacional y a atraer inversiones. Para China, la justa fue la oportunidad para mostrarse como un socio confiable, un país que podía enfrentar desafíos tan imponentes como ese.
El experto señala que China logró aprovechar el momento porque contaba con la estructura económica adecuada para poder realizar una inversión de este calibre.
Los Juegos Olímpicos de 2008 fueron tan exitosos que le consiguieron a Beijing un logro inédito, ser la primera ciudad que organizó también una justa olímpica de invierno. En 2022, muchas de las sedes utilizadas 14 años atrás volvieron a recibir competencias de ese nivel.
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Rusia organiza el Mundial y los Juegos Olímpicos más caros
Rusia destino 50,000 millones de dólares a la organización de los Juegos Olimpicos de Invierno Sochi 2014. (FOTO: Yuliya Shauerman/Getty Images)
Rusia, bajo el gobierno de Vladimir Putin, buscó con la organización de los Juegos Olímpicos de Invierno Sochi 2014 y del Mundial 2018 que aún contaba con el músculo económico necesario para maravillar al planeta.
Con inversiones de 55,000 millones de dólares y 14,000 millones de dólares respectivamente, estos eventos se convirtieron en los más caros de la historia hasta el momento de su celebración.
Para Sochi, se realizaron inversiones para remodelar casi por completo este balneario en el Mar Negro. La ciudad atrajo a 800,000 turistas durante la celebración de los Juegos, algo inusual en el invierno, en el que la mayoría de los hoteles de este destino lucen desocupados.
Para el Mundial de 2018, la inversión se destinó fundamentalmente a la construcción o remodelación de 12 estadios, 13 hospitales, 96 campos de entrenamiento, 11 aeropuertos, 3 estaciones de tren y 12 autopistas.
Se estima que en 2024 Rusia ya habrá amortizado la inversión y podrá experimentar un beneficio neto de los proyectos y mejoras comenzados a raíz de la designación como sede de la competición.
El mismo gobierno afirmó que “sin el Mundial no hubiera habido crecimiento económico a 2018”.
La dispersión geográfica de la competición de punta a punta del país con mayor extensión del mundo ayudó a cohesionar el territorio y favorecer el desarrollo de algunas de las zonas más deprimidas del país, en palabras del mismo gobierno y numerosos representantes de entidades locales.
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Algunas de las regiones con mayor presencia de la competición recibieron, en tan solo un mes, el equivalente al número total de turistas que solían recibir anualmente.
Brasil, de la fiesta a la bancarrota
Brasil sobreestimó los beneficios económicos de organizar un Mundial. (FOTO: dislentev/Getty Images)
La historia de Brasil, un país que organizó unos Juegos Olímpicos y un Mundial con apenas dos años de diferencia, es muy distinta.
En el caso de Brasil 2014, se llevó a cabo una inversión de 11,000 millones de dólares, entre inversiones en la construcción de los estadios y de las infraestructuras necesarias para alojar este evento.
Sin embargo, la organización del mundial solo trajo un beneficio económico raquítico. La aseguradora Euler Hermes calculó que la Copa del Mundo añadió solo un 0.2% al crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) brasileño y un 0.5% al de la inflación.
Según el especialista de la Ibero, muchos países sobreestiman los beneficios económicos que pueden recibir con la organización y se hacen cálculos incorrectos acerca de las inversiones necesarias para organizar un evento de este tipo.
El Arena Amazonia de la ciudad de Manaos requirió una inversión de 300 millones de dólares y no hay acontecimientos deportivos que justifiquen los costos de mantenimiento. Otro caso es el del Estadio Nacional de Brasilia, con un monto de construcción superior a los 500 millones de dólares, y cuyo uso actual es como estacionamiento de autobuses.
“Esa inversión pública pues no es la adecuada o no es la que se necesita para crecer en un futuro. A lo mejor esos cientos de millones de dólares que ha gastado el gobierno de Brasil hubiera sido mucho mejor gastarlos en una carretera, en agua potable, en elementos que claramente impactan la productividad, en el crecimiento económico de un país a largo plazo”, indicó Velázquez.
Sudáfrica, una inversión perdida
La mayoría de los estadios hechos para el mundial Sudáfrica 2010 operan lejos de su ideal. (FOTO: anzeletti/Getty Images)
Sudáfrica 2010 dejó grandes pérdidas para el gobierno local, según estadísticas proporcionadas por la subsecretaría de Turismo de Sudáfrica. Según sus cálculos, el dinero proporcionado por los visitantes apenas fue un octavo de lo que se invirtió en infraestructura.
Porque los 4,162 millones de dólares que se gastaron en la infraestructura de estadios no reditúan en lo más mínimo en los 503 millones que dejaron los turistas en el país.
Al igual que en el caso brasileño, las sedes construidas para este mundial, hoy se encuentran subutilizadas. En la temporada 2020, por ejemplo, solo el 9.7% del aforo total de los inmuebles fue ocupado.
A diferencia de Europa donde el fútbol domina la escena deportiva, Sudáfrica tiene una histórica preferencia por el rugby y el críquet, disciplinas que terminaron “rescatando” varios de estos recintos.
Solo el Soccer City de Johannesburgo, sede de la final, consigue que el promedio de espectadores para ver partidos de fútbol del Kaizer Chiefs, el equipo local, sea superior a los 10,000 asistentes.