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Mundial 2026, la mayor auditoría internacional para México en décadas

El Mundial pondrá a prueba la infraestructura económica mexicana en tiempo real. Y ¡cuidado!, porque justamente también es, a la par, una oportunidad enorme.
Aeropuerto de la Ciudad de México / Mundial 2026
Durante varias semanas, inversionistas, corporativos globales, medios internacionales, plataformas tecnológicas, fondos y consumidores extranjeros van a interactuar simultáneamente con la infraestructura mexicana. No observarán discursos… observarán funcionamiento, apunta Manuel Herrejón Suárez. (FOTO: YURI CORTEZ/AFP)

La fila en migración. El internet del aeropuerto. La velocidad para salir de una terminal. La facilidad para pagar con tarjeta. El tráfico rumbo al hotel. La señal del celular. La seguridad para moverse de noche. Así empieza realmente un Mundial, no en la cancha.

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México tuvo ocho años para prepararse, y lleva meses hablando de estadios, ocupación hotelera, derrama económica y turismo. Todo eso importa, por supuesto. Pero el verdadero tamaño del Mundial 2026 está en otro lado. Lo que el país organizará frente al mundo no será solamente un torneo de futbol; será una evaluación internacional en tiempo real sobre la capacidad operativa, logística y económica de México frente a millones de personas observándolo al mismo tiempo. Y pocas veces un país recibe una vitrina así.

Durante varias semanas, inversionistas, corporativos globales, medios internacionales, plataformas tecnológicas, fondos y consumidores extranjeros van a interactuar simultáneamente con la infraestructura mexicana. No observarán discursos… observarán funcionamiento.

Verán si los aeropuertos soportan presión; si la conectividad responde, si los sistemas de pago funcionan, si la movilidad colapsa o resiste, si existe energía suficiente, si las telecomunicaciones operan correctamente, si las ciudades pueden sostener un evento de escala global sin perder capacidad operativa.

Puede sonar exagerado, pero buena parte de la percepción internacional de México hacia la próxima década también comenzará a construirse aquí, en el Mundial. Como en 1970, como en 1986.

Porque una empresa que analiza invertir miles de millones de dólares revisa exactamente las mismas cosas que experimentará un visitante extranjero; lo dicho, conectividad, estabilidad energética, logística, movilidad, infraestructura urbana y confianza operativa. La (breve) Copa del Mundo pondrá todas esas variables bajo observación internacional al mismo tiempo.

Ojo, México; ahí está la verdadera dimensión económica del evento. No los goles, las caras pintadas ni las banderas.

Por eso me parece un error reducir la conversación únicamente a hoteles llenos, vuelos saturados o consumo turístico. El verdadero negocio del Mundial no estará solamente en la derrama inmediata, y mucho menos en los resultados futbolísticos. Estará en la percepción internacional que México logre construir sobre sí mismo mientras el mundo entero prueba cómo funciona el país bajo presión.

Y el momento no podría ser más delicado.

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México llega al Mundial justo cuando Norteamérica atraviesa una reconfiguración económica enorme impulsada por nearshoring, cadenas de suministro regionales, inversión tecnológica y competencia global por manufactura avanzada. El país aparece constantemente dentro de las conversaciones de inversión internacional, pero esa narrativa positiva necesita respaldo operativo.

Ahí, el Mundial se convierte en algo mucho más serio que un evento deportivo. Se convierte en una prueba de estrés, de mucho estrés.

La demanda energética aumentará de manera importante. Los aeropuertos operarán bajo presión máxima. Los sistemas financieros enfrentarán millones de transacciones adicionales. Las redes móviles y digitales deberán sostener niveles extraordinarios de conectividad y la movilidad urbana quedará expuesta frente a millones de usuarios simultáneamente.

Dicho en otras palabras: el Mundial pondrá a prueba la infraestructura económica mexicana en tiempo real. Y ¡cuidado!, porque justamente también es, a la par, una oportunidad enorme.

Los países que han entendido el verdadero poder económico de los grandes eventos internacionales no los utilizan únicamente para atraer turistas, sino para fortalecer posicionamiento global, atraer inversión y mejorar percepción internacional. Qatar lo hizo con el Mundial. Emiratos Árabes lo ha hecho durante años mediante aviación, deporte y tecnología. Arabia Saudita está invirtiendo miles de millones de dólares para utilizar entretenimiento e infraestructura como plataformas de influencia económica global.

Todos entendieron algo fundamental: la percepción genera dinero. Y México ahora tendrá esa misma oportunidad frente al mundo.

La confianza internacional ya no se construye únicamente con indicadores macroeconómicos o campañas publicitarias. Hoy también se construye con experiencias. Un inversionista recuerda exactamente igual que un turista si el aeropuerto funcionó, si la conectividad fue eficiente, si el transporte respondió o si la infraestructura soportó presión.

Por eso considero que el verdadero legado económico del Mundial no dependerá únicamente de cuántos visitantes lleguen durante unas semanas. Dependerá de qué tan funcional logre verse México frente a millones de personas interactuando con el país al mismo tiempo.

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He ahí la diferencia entre organizar un torneo y capitalizar económicamente un momento histórico. Porque una vez que comience el Mundial, ya no habrá espacio para discursos, campañas o explicaciones, mucho menos justificaciones.

El mundo simplemente observará cómo funciona México.

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Nota del editor: Manuel Herrejón Suárez (síguelo en X como @ManuelHerrejonS) es un empresario mexicano con más de dos décadas de experiencia en el sector bursátil y mercado cambiario, especialista en gestión de proyectos en el sector financiero. Es Licenciado en Derecho por la Universidad del Valle de México y Maestro en dirección de empresas para ejecutivos por el IPADE.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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