Las economías ilícitas se mantienen intactas
De acuerdo con el análisis, las bases financieras y operativas que alimentan al Estado híbrido en Venezuela funcionan con normalidad, incluso meses después de la destitución de Maduro.
El tráfico de cocaína continúa, facilitado por la posición geográfica y la frontera con Colombia, el mayor productor mundial de droga. Las fuerzas militares venezolanas aún mantienen su colaboración con grupos armados colombianos, principalmente con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), para garantizar el flujo de narcóticos.
La minería ilegal de oro, un recurso abundante en Venezuela, está controlada en el sur del país a través de las alianzas estratégicas entre las fuerzas armadas y los sindicatos, bandas criminales que controlan la actividad en el sur del país. Los militares garantizan seguridad a los grupos a cambio de una participación en las ganancias.
Por otra parte, siguen activas las estructuras criminales que controlan las prisiones bajo tolerancia estatal, conocidas como pranatos, y que fueron el origen del Tren de Aragua, una organización denominada como terrorista por el gobierno estadounidense.
Cambios superficiales
Para cumplir con las exigencias de Washington, Rodríguez ha tomado una serie de medidas selectivas, por ejemplo, la extradición a Estados Unidos de Alex Saab, un presunto testaferro de Nicolás Maduro, la realización de operativos en zonas mineras, así como la destitución de más de 12,000 policías por corrupción, muchos de ellos vinculados a casos de extorsión.
Estas purgas carecen de transparencia, son selectivas y no atacan las bases estructurales de la corrupción ni el clima de impunidad generalizado, señala InSight Crime.
No obstante, estas medidas son catalogadas por los analistas como un simple reacomodo de piezas políticas ("reshuffle") y no como un desmantelamiento de la red entre crimen organizado y Estado que funciona en el país.