Seis meses sin Maduro: los terremotos frenan la reconstrucción de Venezuela
La apertura petrolera y las reformas para atraer inversión quedaron opacadas por un terremoto que agrava la fragilidad del Estado y aplaza cualquier transición política.
El presidenta interina de Venezuela, Delcy Rodríguez , el presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, Jorge Rodríguez (iz), y al Ministro del Interior, Diosdado Cabello, son los sostenes del chavismo en Venezuela. (FOTO: JUAN BARRETO/AFP)
El 3 de enero de 2026 marcó un parteaguas en la historia de Venezuela. Ese día, Estados Unidos llevó a cabo una operación militar para capturar al presidente, Nicolás Maduro, en el poder desde 2013, lo que provocó varios cambios económicos y políticos en el país con las mayores reservas probadas de petróleo en el mundo.
Hace una semana, el 24 de junio, el país vivió un nuevo parteaguas. Dos terremotos de magnitud 7.2 y 7.5 golpearon a Venezuela de manera casi simultánea. Al menos 2,300 personas murieron, pero la cifra puede ser mucho mayor pues, de acuerdo con estimaciones de la ONU, hay 50,000 personas desaparecidas. Miles más se quedaron sin un techo y enfrentan la escasez de alimentos.
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Estos dos hechos marcan el destino de un país que ya atravesaba una profunda crisis económica y política, agravada por la falta de legitimidad de las elecciones de 2024, en las que las autoridades, afines al chavismo, declararon la victoria de Maduro sobre el candidato de la oposición.
El poder: entre Washington y Caracas
El cambio más importante de los últimos meses es la relación entre Estados Unidos y Venezuela. La presidenta encargada de Venezuela, Delcy Rodríguez, otrora mano derecha de Maduro, guarda ahora una relación cercana con funcionarios estadounidenses, a los que ha recibido a Miraflores con sonrisas.
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, con frecuencia halaga a Rodríguez, a quien califica de una colaboradora cercana. También ha declarado en varias ocasiones que Venezuela está bajo su control.
“El poder reside principalmente en el gobierno de Trump, y Delcy tiene poco margen de maniobra en realidad”, dijo Phil Gunson, analista senior para los Andes del International Crisis Group, una organización dedicada a la prevención y resolución de conflictos internacionales.
“Estados Unidos se lleva el petróleo, vende el petróleo y determina hasta qué punto el dinero regresa, cuánto dinero regresa y en qué momento”, dijo Gunson a Expansión.
Washington no ha revelado públicamente cuánto petróleo venezolano ha vendido, cuántos ingresos ha recaudado, o cómo ha utilizado esos fondos desde que se hizo con el control de las exportaciones de petróleo del país, indica Roxana Vigil, especialista en seguridad nacional, en un artículo del Consejo de Relaciones Exteriores (CFR).
Delcy Rodríguez ha recibido con una sonrisa los funcionarios estadounidenses que han visitado el Palacio de Miraflores.(FOTO: JESUS VARGAS/Getty Images)
Para el analista del Crisis Group, este nivel de control va más allá de un simple "tutelaje", describiendo la situación actual de Venezuela como un "vasallaje", es decir, un estado absolutamente controlado que tiene un "amo externo”.
“Una gran pregunta es a dónde va Estados Unidos con esto. ¿Es simplemente controlar a Venezuela para propio beneficio, y ni siquiera para beneficio de Estados Unidos, sino el beneficio de ciertos amigos y asociados del gobierno de Trump, o realmente pretenden también dirigir este proceso hacia una verdadera transición política?”, indica Gunson.
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Aunque, antes del sismo, Venezuela tenía perspectivas de crecimiento debido a la reactivación de las exportaciones petroleras, estos beneficios no han llegado a la población de a pie.
La inflación, una de las más altas del mundo, fue 524.5% anual en mayo de 2026. El salario mínimo es de 240 dólares, muy lejano a los 700 dólares que cuesta la canasta básica para cinco personas, de acuerdo con estimaciones privadas.
Sin perspectivas de transición democrática
Unos días después de la captura de Maduro, el secretario de Estado, Marco Rubio, dijo en una comparecencia ante el Senado que Estados Unidos tenía una hoja de ruta de tres fases para Venezuela: estabilización, recuperación y transición democrática.
Desde ese momento, el gobierno de Rodríguez ha dado algunos signos de mayor apertura política. Desde el 8 de enero, inició la liberación de cientos de presos políticos y un mes después, el 19 de febrero, promulgó una ley de amnistía por la que miles de personas presas por razones políticas podrían, en teoría, salir de prisión.
Sin embargo, organizaciones de la sociedad civil locales e internacionales, como Human Rights Watch, señalan que la ley tiene graves deficiencias que excluyen a muchas personas que han sido detenidas arbitrariamente y su implementación en la práctica puede impedir la liberación de quienes deberían beneficiarse de esta ley.
. Desde el 8 de enero, inició la liberación de cientos de presos políticos, aunque organizaciones denuncian que el proceso ha sido discresional. (FOTO: RONALDO SCHEMIDT/AFP)
El último signo de apertura política fue el inicio de un diálogo entre el gobierno de Delcy Rodríguez y la exparlamentaria Dinorah Figuera, sobre una transición democrática, con el respaldo de Estados Unidos, anunció el Departamento de Estado el jueves 18 de junio.
“A pesar de todo eso, no hay realmente ningún inicio de que hubiera empezado el proceso de preparar el terreno para una transición política”, dice Gunson, quien afirma que Rodríguez, su hermano Jorge, jefe del Parlamento, y el ministro del Interior, Diosdado Cabello, no tienen la menor intención de entregar el poder voluntariamente, a menos que no tengan ninguna otra alternativa.
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Los sismos desnudan al Estado venezolano
Los sismos del miércoles 24 de junio, considerados el peor desastre ocurrido en Latinoamérica, cambiaron las perspectivas para el país.
El colapso de cientos de edificaciones dejó al menos 2,295 muertos, según el balance oficial actualizado el miércoles, mientras la ONU cifra en unos 50,000 los desaparecidos.
Aunque el gobierno elude referirse a las personas desaparecidas, asegura que el día de los sismos había unos 30,000 ciudadanos en La Guaira, de los cuales 6,461 fueron rescatados y más de 13,000 salieron por sus propios medios o ayudados por familiares y amigos. Del resto, nada se sabe.
El gobierno contabiliza casi 13,000 damnificados por los terremotos, cifra muy lejana del estimado de la ONU de hasta siete millones de personas en esa condición.(FOTO: MIGUEL MEDINA/AFP)
Muchas de esas personas permanecen en estacionamientos, canchas deportivas o precarios campamentos a la intemperie.
El gobierno contabiliza casi 13,000 damnificados por los terremotos, cifra muy lejana del estimado de la ONU de hasta siete millones de personas en esa condición.
Muchos de ellos denuncian negligencia de las autoridades, mientras opositores exiliados pidieron el miércoles a Estados Unidos apartar de la reconstrucción al gobierno, al que acusan de corrupto.
“Un desastre de este tamaño deja mal parado a cualquier gobierno”, dice el analista del Crisis Group, pero señala que en el caso venezolano ya había una fragilidad estatal que se vio reflejada con la respuesta a los sismos.
Aunque sobre el papel existen instituciones como Protección Civil y bomberos, en la realidad no cuentan con presupuesto, equipos, personal ni liderazgo para responder a la emergencia, señala el especialista.
“Entre la corrupción, la incapacidad, la insistencia en nombrar en puestos importantes a la gente que se destacaba por su lealtad política y no por su competencia, todo eso redujo la capacidad del Estado para proteger a la ciudadanía, de ofrecer servicios básicos, de ofrecer el servicio de salud, de servicios básicos como electricidad, todo eso está en piso”, dice Gunson.