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OPINIÓN: ¿Está listo EU para el huracán 'Irma'?

Sin importar el grado de desarrollo económico, los riesgos por los eventos climáticos extremos pueden ser mayores o menores, dependiendo de las políticas que se implementen, opina Adam Sobel.
'Irma'
'Irma' Aunque faltan algunos días para que llegue a Florida, la península está directamente bajo amenaza. (Foto: JOE RAEDLE/AFP)

Nota del editor: Adam Sobel es profesor del Observatorio de la Tierra Lamont-Doherty de la Universidad de Columbia, Estados Unidos, y de la Escuela de Ingeniería y Ciencias Aplicadas de la Fundación Fu; es especialista en la atmósfera y estudia los eventos extremos y los riesgos que representan para la sociedad humana. Sobel escribió el libro Storm Surge, que trata sobre la supertormenta Sandy. Síguelo en Twitter como @profadamsobel . Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(CNN) — Mientras escribo este artículo, Irma es un huracán categoría 5 , con vientos máximos sostenidos de 297 kilómetros por hora. Ha mantenido esa intensidad extrema por más tiempo que cualquier otra tormenta en el Atlántico.

Los primeros reportes de los efectos de Irma llegan poco a poco desde las islas de Antigua , Barbuda y San Martín, que recibieron el impacto directo el miércoles 6 de septiembre. La ciudad de San Juan, Puerto Rico, podría librarse de lo peor, aunque los reportes iniciales indican que podría haber daños de importancia. Otras islas del Caribe siguen bajo diferentes grados de amenaza.

Aunque faltan algunos días para que llegue a Florida, la península está directamente bajo amenaza, al igual que el estado de Georgia y las Carolinas. Incluso el Atlántico medio y el noreste de Estados Unidos tienen que estar alertas.

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¿Estos sitios están preparados?

Depende de a qué te refieras con esa pregunta. Hay razones lógicas para confiar conservadoramente que si Irma toca tierra en la costa estadounidense, no causará una gran cantidad de muertes aunque golpee una región densamente poblada. Por otro lado, los daños a la propiedad y a la infraestructura podrían ser enormes, al igual que el desplazamiento y la pérdida de medios de vida.

A pesar de la incertidumbre, los buenos pronósticos del Centro Nacional de Huracanes de Estados Unidos (NHC, por sus siglas en inglés) permiten que se lleven a cabo los preparativos necesarios. Además, según los estándares internacionales, tanto la infraestructura como los procedimientos de manejo de emergencias de Estados Unidos son adecuados para proteger la vida de casi todos los que atiendan a las recomendaciones de las autoridades locales.

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Aunque Harvey causó una destrucción catastrófica en Texas, la cifra oficial de muertos sigue siendo de menos de cien personas. Es probable que esa cifra aumente y, obviamente, cada muerte es terrible para los seres queridos. Sin embargo, la cifra seguirá siendo mucho más baja de lo que habría sido de no ser por nuestras capacidades modernas de manejo de emergencias.

No obstante, las pérdidas potenciales en otros aspectos podrían ser enormes. En Estados Unidos, incluso después de Katrina y Sandy, la población y el desarrollo inmobiliario en las costas expuestas a huracanes ha aumentado rápidamente. Ahora hay mucho que puede quedar destruido y en su mayoría no se ha puesto a prueba con una tormenta con un potencial de destrucción como el de Irma. (El año pasado, Matthew estuvo cerca, pero al final no le fue tan mal a la costa atlántica de Florida).

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Si la ruta de Irma termina pareciéndose a la del huracán de Miami de 1926 (que en este momento definitivamente sigue siendo una posibilidad), el costo económico podría superar los 150,000 millones de dólares, según un estudio que el diario estadounidense The Miami Herald dio a conocer en 2008. (Estas cifras son comparables con las que se estiman para Harvey. Dos eventos de esta magnitud, con tan pocas semanas de diferencia, serían difíciles de comprender). La cantidad de personas desplazadas, de casas destruidas o dañadas, y de vidas trastocadas también sería enorme.

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Sin embargo, uno podría esperar, lógicamente, que la cifra de muertos en este caso terrible sea inferior hoy (tal vez mucho menor) a las 372 que murieron en 1926, aunque la población sea casi 20 veces mayor que en ese entonces. También hay que comparar estas cifras con los más de mil muertos que se estiman hasta ahora por las inundaciones monzónicas en India, Nepal y Bangladesh. La cifra real de muertos en estos países podría ser mucho mayor; es difícil hacer cálculos precisos en muchas de las zonas afectadas. Además, la cifra seguirá aumentando por los efectos posteriores en la salud pública, tales como los brotes de cólera por beber agua contaminada.

nullLa disparidad en las cifras de muertos en países ricos y pobres lleva a algunas personas a afirmar que no deberíamos preocuparnos de que los riesgos aumenten a causa del cambio climático o de la exposición creciente a los riesgos naturales, ya sea en Estados Unidos o en otras partes. La clave, según esta línea de pensamiento, es que el crecimiento económico continúe lo más rápido posible. Los desastres como el que causó Harvey —o el que Irma amenaza con causar— se volverán "topes" en el camino a la prosperidad.

Dudo que la gente que ha pasado por esta clase de cosa en Estados Unidos piense así. Muchos sufren los efectos nocivos —económicos, personales y psicológicos — durante años.

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Conforme nuestra economía crece, nuestra exposición a los desastres "naturales" crece. Sí, podemos salvar más vidas y eso hay que celebrarlo, ciertamente. Pero el costo de los desastres, económico y de otras índoles, aumenta rápidamente .

Está en nuestras manos hacer más reduciendo los incentivos (tales como los grandes subsidios a los seguros para inundaciones) para establecer gente, propiedades e infraestructura en zonas de riesgo. A largo plazo, podemos mitigar las amenazas potenciales del aumento del nivel del mar, de la temperatura y de la intensidad de las tormentas reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero.

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Además, existe el potencial de reducir los daños en el mundo en desarrollo a corto plazo a través de mejoras en los pronósticos, en el manejo de emergencias, en la infraestructura y en las medidas de salud pública, en vez de simplemente esperar a que el crecimiento lo resuelva todo. Cientos de miles de personas murieron en Bangladesh en los ciclones de 1970 y 1991. Una tormenta parecida mató a unas 3,500 personas en 2007 (sigue siendo una cantidad enorme de acuerdo con los estándares estadounidenses actuales y casi el doble de la cifra oficial de muertos por Katrina), pero estuvo mejor, no porque el país se hubiera enriquecido, sino porque, con algo de ayuda de la comunidad internacional, construyeron albergues e implementaron redes efectivas de advertencia

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Claro que el crecimiento económico trae muchos beneficios y todos lo quieren. Pero sin importar el grado de desarrollo económico, los riesgos por los eventos climáticos extremos pueden ser mayores o menores, dependiendo de las políticas que se implementen.

En este momento, en Estados Unidos podemos esperar que Irma no ponga a prueba nuestra capacidad de manejar desastres como en el caso de Harvey. Sin embargo, podríamos hacer una pausa para apreciar lo afortunados que somos… es sumamente improbable que el clima nos mate, aunque vivamos en los lugares más expuestos.

Esa clase de paz mental no significa que no debamos hacer más que aplaudir el desarrollo económico para reducir el riesgo en los desastres. Hay muchos otros problemas en la vida que trascienden a la riqueza o a la pobreza; los desastres también. Tenemos muchas decisiones por tomar.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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