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OPINIÓN: ¿Puede sobrevivir la presidencia de Trump en dos vías?

La presidencia en dos vías pone a los republicanos en riesgo constante porque su lealtad partidista feroz y casi ciega les permite apoyar al presidente, opina Julian Zelizer.
Trump
Trump La victoria de esta importante propuesta fiscal en la Cámara de Representantes y en el Senado demuestra que Trump puede chiflar y comer pinole al mismo tiempo. (Foto: JONATHAN ERNST/REUTERS)

Nota del editor: Julian Zelizer es profesor de Historia y Asuntos Públicos en la Universidad de Princeton. Escribió el libro The Fierce Urgency of Now: Lyndon Johnson, Congress, and the Battle for the Great Society. También es conductor del podcast Politics & Polls. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas de su autor.

(CNN) — Donald Trump, presidente de Estados Unidos, está dirigiendo una presidencia contradictoria. La semana pasada terminó con un choque entre dos de las grandes noticias que han afectado a su presidencia.

Justo en el momento en el que la enorme reducción de impuestos corporativos llegaba a la votación final en el Senado (se aprobó en plena madrugada, en una reñida votación de 51 a favor y 49 en contra ), el país se enteró de que el exasesor de Seguridad Nacional, Michael Flynn, se declaró culpable de haberle mentido al FBI respecto a sus contactos con Serguéi Kislyak, el entonces embajador de Rusia en Estados Unidos, y de que un "miembro de alto rango" del equipo de transición de Trump (Jared Kushner, yerno de Trump, según se dice) le dijo que se pusiera en contacto con los rusos para informarse más sobre la votación de la ONU respecto a los asentamientos israelíes.

La convergencia de estas dos noticias nos recordó que Trump está tratando de dirigir una presidencia por dos vías… así como los riesgos que los republicanos corren a diario al seguirle el juego a la parte que les parece más atractiva.

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Por un lado, la presidencia ha propuesto agresivamente un proyecto desregulatorio favorable a las empresas para liberar lo más posible a las instituciones financieras y empresariales de la intrusión federal, aunque eso implique reducir radicalmente los impuestos a la actividad empresarial o desmantelar sistemáticamente las regulaciones de la era de Obama para combatir el cambio climático y la malversación de fondos.

Trump también está avanzando rápida y furiosamente, principalmente a través de decretos, para intensificar los esfuerzos de su gobierno por combatir la inmigración ilegal y prohibir la entrada de muchos refugiados. Pese al desconcierto y las quejas de los republicanos, parece que gran parte del partido está complacido con el proyecto. La verdad es que pese a que se habla mucho de que Trump es "antisistema", está muy alineado con el rumbo que el Partido Republicano ha seguido en años recientes.

Por el otro lado, tenemos el escándalo de Rusia. La investigación del fiscal especial Robert Mueller sobre la relación de Rusia con el equipo de campaña y la presidencia de Trump, así como la posibilidad de que Trump haya obstruido la impartición de justicia al retirar a James Comey de la dirección del FBI, no va a desaparecer. Cada vez que las noticias al respecto menguan, estalla una nueva bomba sobre otra sujeción a proceso o sobre más pruebas de que los funcionarios de la presidencia no han sido francos con las autoridades federales.

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Aunque a Trump le gusta decir que estas historias son "noticias falsas", la verdad es que la mayoría han surgido de la investigación y giran alrededor de las falsedades y las mentiras de los funcionarios de la presidencia de Trump respecto a sus relaciones con Rusia. Con base en las revelaciones del viernes 1º de diciembre, y del artículo que se publicó en el New York Times —que señala más pruebas de que Trump confiaba en que los republicanos pondrían un alto a la investigación, a mediados de este año—, es probable que este escándalo se intensifique en los próximos meses.

El escándalo es doblemente problemático para los republicanos del Congreso si se suma a la conducta de Trump que ha llevado a la presidencia a aguas muy peligrosas, como los insultos contra líderes extranjeros y el haber retuiteado videos antimusulmanes .

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No es fácil. Ciertamente, Bill Clinton siguió trabajando en cuestiones internas en 1998, cuando los republicanos de la Cámara de Representantes trataban de someterlo a juicio político por cometer perjurio y obstruir la impartición de justicia. Promovió una iniciativa para ayudar a las familias trabajadoras a conseguir guarderías y más apoyo para cuidar a sus hijos cuando no estuvieran en la escuela. Promovió la carta de derechos de los pacientes, a través de la que se protegen los derechos de 85 millones de estadounidenses suscritos a seguros médicos federales.

Los estadounidenses que vivieron esa época recordarán las noticias en las que el presidente explicaba su decisión de tomar medidas militares contra Iraq por haber violado las sanciones de la ONU mientras la Cámara de Representantes votaba si se lo sometía a juicio político. Sus detractores compararon el momento con la película Escándalo en la Casa Blanca de 1997, en la que la presidencia inventa una guerra para desviar la atención del escándalo sexual en el que el presidente estaba involucrado.

Aunque Richard Nixon estaba muy mal parado al final del escándalo del Watergate, entre mediados de 1972 y agosto de 1974 pudo gobernar y avanzar en varias cuestiones clave. En 1973, firmó los Acuerdos de Paz de París, con los que se puso fin a la intervención de Estados Unidos en la guerra de Vietnam y ayudó a asegurar la resolución de la guerra de Yom Kippur entre árabes e israelíes.

Trump tiene ciertas ventajas para seguir gobernando aunque el escándalo se vuelva más perjudicial. Lo más importante es que Trump está mucho menos comprometido a que el Congreso apruebe leyes (con la excepción de la reducción de impuestos) y le es más fácil recurrir al poder ejecutivo, que no exige ninguna clase de apoyo político. También gobierna en un momento de intensa polarización partidista. Como hemos visto, los republicanos están dispuestos a apoyar a un republicano, sin importar lo inestable que sea, porque creen que es mejor que la posibilidad de apoyar a un demócrata.

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También es un presidente notablemente desafiante frente a las noticias políticamente dañinas. Parece que cree decididamente en su propio mundo de hechos alternos y que se siente cómodo avanzando con su plan sin importar lo que la gente piense de su desempeño o de su ética. Esta disposición, al menos en el corto plazo, puede servirle de amortiguador para tratar los temas que le importan sin que le importen los problemas que paralizarían a otros líderes. Cuenta con el respaldo de un grupo dinámico y robusto de medios de comunicación conservadores, con programas como Fox & Friends y sitios web como Breitbart que siguen brindándole un apoyo sólido.

Sin embargo, el escándalo tiene su precio y los republicanos no deben dejarse engañar. Sabemos, gracias a los tuits, a las declaraciones de Trump y a las noticias sobre sus conversaciones privadas, que este escándalo lo ha irritado, lo que explica por qué ha presionado a los republicanos del Congreso y por qué despidió a James Comey.

También es importante tener en cuenta que esto amenaza al partido, no solo al presidente. La presidencia en dos vías pone a los republicanos en riesgo constante porque su lealtad partidista feroz y casi ciega les permite apoyar al presidente o, cuando menos, dejarlo en paz aunque esté desestabilizando a nuestras instituciones políticas y asuma posturas muy alejadas de los parámetros de la política tradicional… como los tuits de los horrorosos videos antimusulmanes de Britain First.

Cuando los republicanos colaboran con Trump para avanzar en la primera vía, se atan más a su segunda vía, misma que podría derribar fácilmente a su presidencia y causar un daño enorme a la reputación del partido a largo plazo. Los republicanos del Congreso deberían ponerse a pensar en esto cuando les pida su voto, como tendrá que hacerlo en la última conferencia ante comisiones para aprobar la propuesta de recortes fiscales.

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Dirigir una presidencia en dos vías no es imposible y la victoria de esta importante propuesta fiscal en la Cámara de Representantes y en el Senado (que tendrá grandes repercusiones a largo plazo en la solidez fiscal del gobierno federal) nos demuestra que Trump puede chiflar y comer pinole al mismo tiempo. Pero no es fácil y los republicanos deberían tener presente que cada vez que apoyan a un presidente con su voto, se acercan más a ser parte de su legado en la historia del país.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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