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OPINIÓN: El problema no es el cerebro de Trump, sino su corazón

Los comentarios del presidente de EU revelan a un hombre cuyas declaraciones emotivas parecen manipuladoras, fingidas y huecas, opina Michael D'Antonio.

Nota del editor: Michael D'Antonio es autor del libro Never Enough: Donald Trump and the Pursuit of Success (editorial St. Martin's Press). Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — El martes 9 de enero, en una actuación de una hora en una reunión con legisladores (llamémoslo El espectáculo del presidente), Donald Trump parecía decidido a demostrar dos cosas. La primera fue evidente: tras las especulaciones sobre su temperamento, inspiradas por el panorama sombrío que se pintó en el libro Fire and Fury, sin duda quería demostrarse que es un ejecutivo con control de los asuntos y que es apto para gobernar. La segunda fue que es un hombre bueno, con un gran corazón.

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En opinión de Trump, la reunión fue un éxito rotundo. El miércoles 10 de enero, durante su primera reunión de 2018 con el gabinete, dijo que la sesión del día anterior había sido "una reunión tremenda" y que había recibido "excelentes críticas". La verdad es que como jefe del Ejecutivo, Trump debería tener tres de cinco estrellas porque habló con calma y no insultó a nadie. Sin embargo, mostró que entiende poco las cuestiones inmigratorias de las que se supone que se hablaría y pareció que abandonó su postura de negociación. Incluso adoptó el papel de figura decorativa que haría lo que el Congreso dicte al prometer que "si este grupo y otros del Senado, de la Cámara de Representantes, regresan con un acuerdo, lo firmaré".

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Su actuación como hombre de corazón amable se caracterizó por frases como: "en verdad, debería ser una propuesta de ley amorosa, y podemos hacerlo". Se refería al plan que protegería de la deportación a 800,000 jóvenes inmigrantes contemplados en el programa de Acción Diferida para los Llegados durante la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés).

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Lo que no dijo fue que él puso en marcha personalmente la política cruel que daría comienzo a su deportación en marzo y que durante su campaña repitió calumnias antiinmigrantes que explotaban los prejuicios con consecuencias peligrosas (como el caso de un par de hermanos que atacaron a un latino en Boston ; uno de ellos dijo a la policía, más tarde, que "Donald Trump tiene razón, hay que deportar a todos estos ilegales".

Cuando Donald Trump pronuncia la palabra "amor", tiene un tono extraño. Es como escuchar a un estudiante repetir lo que el maestro de un idioma extranjero le enseña el primer día de clase. Reconoces las palabras, pero no el sentimiento que las subyace. También sonó desafinado a finales de 2017, cuando dijo que "ama" a Puerto Rico cuando fue de visita tras el huracán María. De hecho, se reunió con pocas víctimas de la tormenta y la reacción de su gobierno a las necesidades de la isla careció del ímpetu (léase "amor") que tuvo con la gente de Texas y Florida, que pasaron por circunstancias parecidas.

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De igual forma, el presidente que dijo que ama "a toda la gente de nuestro país" ha demostrado que es el personaje más divisivo, que elige ganadores y perdedores en todo, ya sea en política fiscal (lo siento por los habitantes de los estados demócratas) o en cuestiones de garantías individuales.

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Imaginó en voz alta que un atleta cualquiera que protesta es "un hijo de perra". También fue extraño que Trump complementara sus muchos comentarios acres sobre las agencias de inteligencia estadounidense diciéndole a la gente de la Agencia Central de Inteligencia que "solo quiero decirles que los amo, que los respeto".

En general, los comentarios de Trump, ya sea que manifieste su amor por algunas personas o su odio por otras, como los manifestantes y los miembros de la prensa, revelan a un hombre cuyas declaraciones emotivas parecen manipuladoras, fingidas y huecas.

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Parece que la expresión más auténtica de sus sentimientos ocurre cuando está enojado o cuando se burla de alguien. Se nota que lo que dice, lo dice en serio. Pero cuando trata de mostrar calidez, es mucho menos convincente y sus motivos son evidentes.

nullCuando visitó la CIA, al principio de su presidencia, Trump trataba de reparar el daño que hizo al denigrar a las agencias de inteligencia y se enfrentó a la posibilidad de intentar hacer avanzar sus proyectos con una burocracia a la que había atacado salvajemente. Está manifestando su preocupación por los dreamers en un momento en el que gran parte de Estados Unidos se preocupa por el destino de estos jóvenes y en el que la deportación acecha como un acto notorio de frialdad.

Además de que en general desea que lo perciban más humano, Trump dio pistas de otra de las razones por las que quiere dar la impresión de ser más cálido y más agradable cuando le preguntaron sobre la posible candidatura presidencial de la magnate de los medios de comunicación, Oprah Winfrey, quien inspiró el rumor de que se postularía con su discurso en la ceremonia de los Globos de Oro. En ese discurso, Winfrey tocó muchos de los temas que Barack Obama tocó cuando surgió a la escena nacional en 2004 e inspiró un movimiento viral en internet , #Oprah2020.

Trump revivió cuando le preguntaron sobre el potencial de Oprah y dijo: "La conozco muy bien. Saben que hice uno de sus últimos programas. Tuvo a Donald Trump —antes de la política— en su última semana. Y tuvo a Donald Trump y a mi familia. Fue muy agradable. No, Oprah me cae bien. No creo que se postule. No creo que se postule. La conozco muy bien".

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Lo que Trump sabe de Oprah es que tras décadas de tener un programa de debates que se transmite cinco días a la semana, a nivel nacional, y de docenas de películas y personajes de televisión muy conmovedores, Oprah es una de las mujeres más famosas del mundo y su autenticidad y calidez son bien conocidas. Nadie ha revelado su corazón con mayor efecto, además de que al hacerlo, ha hecho posible la honestidad emocional para las personalidades públicas.

Si recuerdas a Oprah hablando de los problemas que vivió en su niñez, de sus dificultades amorosas o incluso de sus esfuerzos por controlar su peso, estarás recordando las hazañas de una mujer que le enseñó a Estados Unidos a hablar desde el corazón. En el proceso, demostró que su corazón está lleno, que es fuerte y que está abierto de formas que Trump no puede igualar. Seguramente Trump entiende el poder de la autenticidad emocional de Oprah y eso fue lo que lo llevó a esforzarse por mostrarse amable con los dreamers.

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Para Trump, el problema es que ha dedicado su vida a demostrarle al mundo que el amor y la compasión no son su fuerte. Ya fuera cuando trataba de expulsar a la gente de un edificio de departamentos que había comprado o cuando exhortaba a la gente a maltratar a otros en sus mítines, Trump demostró que su verdadera naturaleza emocional es fría, no cálida; contraída, no expansiva.

Con Oprah y su amor abundante en el horizonte político, parece que Trump intuyó que tiene que demostrar un poco de amabilidad. Si quiere que el público —o mejor dicho, el país— le crea su actuación, tendrá que cultivar la amabilidad de verdad.

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