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OPINIÓN: La importancia de medir lo importante

Enfocándonos en la calidad de nuestras decisiones, la realidad es que un gran número las tomamos con base en intuición, señala Iván Barona.
mar 29 mayo 2018 09:03 AM
medición tecnología
Toma de decisión El ciclo entre la toma de decisiones, medición de resultados—impactados por la aleatoriedad de igual forma—y ajustes, es cada vez más corto, permitiendo mayores iteraciones, señalan expertos. (Foto: metamorworks/Getty Images/iStockphoto)

Nota del editor: Iván Barona González estudió Administración y Finanzas en la Universidad Panamericana. Comenzó su carrera en GBM en 2004 como analista de vivienda e infraestructura, para posteriormente fungir como Estratega México. Desde 2012 ocupa el cargo de Director de GBMhomebroker. Actualmente es profesor por asignatura en la Universidad Panamericana y Lead Mentor en Collective Academy. Encuéntralo vía Twitter en @IvanBarona . Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(Expansión) – Michael Mauboussin, en su libro Success Equation, plantea que el éxito se define por la combinación de dos factores: habilidad y suerte.

Día a día nos enfrentamos a un intempestivo mundo aleatorio, donde la mayor aportación que podemos hacer a favor de nuestro éxito es buscar mejorar nuestro proceso de toma de decisiones (desarrollar habilidades). Si pudiéramos elegir tener suerte, yo no desecharía la opción, pero la realidad es que esa alternativa no es tan directa.

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Enfocándonos en la calidad de nuestras decisiones, la realidad es que un gran número las tomamos con base en intuición. La carga genética—o instinto— y la experiencia muchas veces nos sirven para generar reglas de pulgar que nos permiten: no perder tiempo valioso para solucionar cuestiones urgentes, o desgastarnos en temas menores.

No siempre es necesario echar a andar el sistema reflexivo—o Sistema Dos como lo llamarían Daniel Kahneman y Amos Tversky—para decidir entre comer pollo o carne, o saltar a la banqueta para evitar ser golpeados por un ciclista distraído. En este caso el downside, o resultado negativo, no es simétrico entre los dos escenarios. El punto por destacar es que muchas veces, la respuesta automática—inmersa en nuestra naturaleza—entra en acción en decisiones que no son de vida o muerte, sin embargo, sí de gran relevancia.

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En esta ocasión nos vamos a enfocar en las decisiones que tomamos de manera consciente, es decir, a través de un análisis. Las principales herramientas que tendremos a disposición serán nuestros propios modelos mentales, hipótesis y la información disponible.

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En este sentido me viene a la mente una anécdota: En un parque, de noche, un policía encuentra a un señor en el piso buscando algo de manera desesperada bajo la luz de un farol. Al cuestionarle qué buscaba, el sujeto contesta que sus llaves se le habían caído. El policía continúa interrogando sobre dónde las había tirado, a lo que responde que dos o tres metros más atrás. Por último, le vuelve a consultar sobre el por qué buscaba entonces en esta ubicación, a lo que responde, es que aquí es donde hay luz…

Esto ilustra sobre el sesgo que tenemos para buscar conclusiones con la información disponible, donde llega la luz, que en ocasiones suele estar incompleta, inconsistente o irrelevante. Por suerte, hoy en día la información disponible es cada vez más basta, accesible y relevante.

El paso al que la generación de información ha avanzado en las últimas décadas es impresionante, por decir lo menos, y en realidad la capacidad de procesamiento de la misma ha seguido esa magnitud de igual manera.

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Con más información, de mejor calidad, y con mayor capacidad de procesamiento, se puede reforzar el talento en la toma de decisiones.

El ciclo entre la toma de decisiones, medición de resultados—impactados por la aleatoriedad de igual forma—y ajustes, es cada vez más corto, permitiendo mayores iteraciones y optimización en nuestros modelos de toma de decisión, en innumerables campos, desde agricultura, industria, salud, educación, finanzas, comercio, contenido, etc.

Es importante destacar que la disponibilidad de información y herramientas eficaces no lo es todo, para ilustrarlo me gustaría compartir un poco de historia. Durante la Segunda Guerra Mundial, las mentes más brillantes se afocaron en diferentes áreas del conocimiento para lograr aventajar a los rivales. Abraham Wald, un matemático austriaco emigrado a los Estados Unidos formó parte de un Grupo de Análisis Estadístico en Nueva York.

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Uno de los equipos en los que participó Wald supervisó la optimización de las aeronaves de la fuerza aérea. Los aviones debían optimizarse considerando factores como el peso del blindaje, suministro de municiones y velocidad, entre otras, para tener una ventaja sobre los pilotos contrarios. En un estudio, querían determinar dónde incluir mayor blindaje en el fuselaje del avión, para lo que analizaron la distribución de los hoyos generados por las balas recibidas en los aviones que regresaban de las misiones.

Algunos argumentaban que se debía reforzar la zona que mostraba más afectaciones por cm2, a lo que Wald respondió. Hay que reforzar las áreas donde no hay huellas de balas… ¿Por qué? Nuestra muestra considera los aviones que lograron regresar, indicando que hay áreas que, de verse afectadas, garantizan que no van a regresar, es ahí donde debemos enfocar.

Como verán, podemos tener una gran cantidad de datos y procesarlos a gran velocidad y con una precisión milimétrica con las herramientas más sofisticadas. Y puede ser que dicha información sea precisa, consistente y accesible, pero sobre todo debe ser relevante.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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