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OPINIÓN. El reto para los próximos 16 años: aumentar la competitividad

El sector de la manufactura exportadora mexicana ha contribuido poco al crecimiento económico del país porque no se ha encadenado al resto de la economía nacional, opina Gabriel Pérez del Peral.

Nota del editor: Gabriel Pérez del Peral es profesor Investigador de la Escuela de Gobierno y Economía de la Universidad Panamericana. Síguelo en Twitter como @gperezdelperal . Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(Expansión) – Nuestro país ya tiene un acuerdo comercial con los Estados Unidos para los próximos 16 años, por ello, más que nunca es imperativo analizar la importancia de generar competitividad en una economía caracterizada por altos niveles de apertura comercial como es el caso de México.

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A pesar de los beneficios generados por el Tratado de Libre Comercio de América de Norte (TLCAN), la economía mexicana sigue presentando acusados desequilibrios sectoriales y regionales, sin haber podido transitar a otra etapa de desarrollo equitativo, propicio para la innovación y protector del medio ambiente. La administración que toma posesión el 1 de diciembre tiene la obligación de generar las condiciones para crear un ambiente de innovación, productividad y competitividad, que se traduzca en desarrollo económico para todos.

La economía mexicana y la estadounidense son dos de las economías más integradas a nivel mundial, dicha situación progresivamente ha crecido a partir del 1 de enero de 1994 en que entró en vigor el TLCAN. El 82% de las exportaciones mexicanas en 2017 se canalizó a los Estados Unidos de América. La característica de estas exportaciones es que son suministros de insumos para las cadenas productivas estadounidenses, que de esta forma alcanzan importantes niveles de competitividad, debido al bajo costo de la mano de obra en nuestro país.

La competitividad es la capacidad de un país o región de atraer capitales para invertir en proyectos productivos. Al definir el término de la competitividad es importante hacer énfasis en que ésta depende en el largo plazo de la productividad y específicamente en la forma que un país hace uso de su capital humano, y en general de todos los recursos de los que dispone.

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La competitividad no debe basarse en salarios bajos y en mantener un tipo de cambio subvaluado, ya que esto provoca que sea efímera y que en el mediano y en el largo plazo se regrese a la situación original, deteriorando el bienestar de la población. (Porter, 2008)

En el tema de las reglas de origen, el nuevo acuerdo comercial incluye la disposición de que el 75% de los vehículos debe manufacturarse en Estados y en México, pero entre 40 y 45% del contenido de las unidades debe hacerse en lugares donde los trabajadores ganen 16 dólares por hora. Ante ello, cabe señalar que solo con incrementos en la productividad es como se pueden determinar los salarios en el mediano y en largo plazo y para ello es necesario la presencia continua de la innovación en los procesos productivos, de esta forma se dará impulso a las remuneraciones del capital humano.

México inició un decidido proceso de apertura comercial a mediados de los años 80 del siglo pasado, que conjuntamente con otras reformas estructurales como la privatización, teóricamente debió haber ampliado su capacidad de innovación. A partir del establecimiento del TLCAN, siendo éste, más que una plataforma exportadora un entramado normativo que ha dado una gran certeza a la inversión extranjera, se debieron acompañar estos flujos de inversión con la tecnología y los conocimientos correspondientes, situación que hay que reconocerlo, no se ha presentado.

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La razón es que la inversión extranjera directa, en el caso de México, solo ha contribuido a desarrollar las capacidades tecnológicas en sectores donde las empresas multinacionales se han establecido, y el TLCAN, en lugar de generar los resultados esperados ha ampliado la brecha tecnológica entre México y sus socios comerciales de América del Norte. (Armas y Rodríguez, 2017)

México a diferencia de otros países como Corea del Sur, Hong Kong y Taiwán, no ha realizado la transición de ser ensamblador a innovador, y aunque ha progresado de maquilar en la industria del vestido a ensamblar electrónicos y autopartes, sigue estando concentrado en los segmentos intensivos en mano de obra y de escaso valor agregado. (Hanson, 2010).

El sector de la manufactura exportadora mexicana ha contribuido poco al crecimiento económico en nuestro país porque no se ha encadenado al resto de la economía nacional y por tanto el valor agregado nacional contenido en las exportaciones ha sido bajo, las exportaciones mexicanas incluyen un porcentaje importante de componentes importados, 33.5%, por encima del promedio de los países de la OCDE.

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La productividad genera crecimiento económico, incrementa los ingresos de los agentes económicos, pero sin generar inflación y creando condiciones de estabilidad en el mediano y largo plazo. Para que en el mediano y largo plazo se den estas condiciones de estabilidad y se alcancen mayores niveles de competitividad es necesario exigirle al siguiente gobierno que, a través de la llamadas políticas de colaboración (gobierno, empresas, academia y sector social), genere una serie de condiciones para la productividad en cuatro ámbitos concretos: equilibrios macroeconómicos, contexto político, ámbito legal y aspectos de política social.

La competitividad y el desarrollo económico se quedarán en nuestro país en la medida en que las políticas de colaboración se implementen eficientemente y se conviertan en acciones concretas. En efecto, los resultados que tenga nuestro país en materia de competitividad van a depender de la participación activa y simultánea del gobierno, el sector privado, el sector académico y el sector social.

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