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OPINIÓN: El adiós de Roberto del Cueto pone en aprietos al nuevo gobierno

A pesar de que nadie es indispensable o insustituible, el éxodo de personal calificado y de carrera implica una pérdida de eficiencia en las funciones públicas, comenta Alfredo Coutiño.

Nota del editor: Alfredo Coutiño es director para América Latina en Moody’s Analytics. Las opiniones en esta columna son de la exclusiva responsabilidad del autor y de ninguna manera deben ser atribuidas a la institución para la cual trabaja.

(Expansión) - Ya era conocida la versión de posibles renuncias de funcionarios de alto nivel previo a la llegada de la nueva administración, pero la materialización anticipada de dicho éxodo pondría en aprietos el arranque del gobierno entrante por el esfuerzo que implica la búsqueda de sustitutos calificados.

El neto de la administración pública enfrentará una pérdida de eficiencia -al menos en el corto plazo- y tomará cierto tiempo recuperarla
Alfredo Coutiño

Se sabía de las renuncias dentro del Banco de México (Banxico) ante la llegada del gobierno izquierdista sin embargo, no se esperaba que estas se dieran a altos niveles, como en la Junta de Gobierno. A pesar de que el banco central puede funcionar con una Junta incompleta, la renuncia inesperada del subgobernador Roberto del Cueto introduce presiones al nuevo gobierno por la urgencia de buscar a un reemplazo.

El tema toma relevancia porque, a pesar de que el equipo del nuevo gobierno ha expresado intenciones de llevar “sangre nueva” al Banxico, no es fácil encontrar una figura que sea bien recibida por los mercados y que garantice un trabajo apegado a la preservación de la autonomía monetaria. Esta última se entiende como la total independencia de las decisiones con respecto a injerencias del área política o del ejecutivo mismo, incluyendo el respeto al mandato monetario asignado por la constitución (sea cual sea).

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Esta búsqueda se complica aún más cuando el nuevo gobierno viene con un equipo que es netamente nuevo, ya que ni el presidente ni el partido cuentan con cuadros suficientes de profesionales formados en el quehacer económico. El nuevo presidente ya tuvo que buscar el reemplazo para un subgobernador cuyo primer periodo termina a finales del año, pero ahora tiene buscar a un segundo sustituto ante la renuncia anticipada de Cueto.

Algunos considerarían que esto podría ser una oportunidad para el nuevo gobierno, ya que se abren espacios para la colocación de personajes cercanos al presidente o al equipo económico, nada que no haya sucedido en los gobiernos anteriores. Pero ese factor puede alimentar la percepción de que el presidente está tomando un mayor control de grupos de decisión y que se eliminan los contrapesos del poder presidencial.

A pesar de que nadie es indispensable o insustituible, el éxodo de personal calificado y de carrera no solo implica una pérdida de eficiencia en las funciones públicas –al existir una curva de aprendizaje alargada– también implica un mayor riesgo de cometer errores en la toma de decisiones que pueden desatar situaciones críticas para el país.

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Un episodio de esta naturaleza es ilustrado con el famoso “error de diciembre de 1994”, en términos de la toma de decisiones correctas. Claro, la situación de la economía es diferente ahora con respecto a aquel entonces, pero la probabilidad de tomar una decisión que no sea bien vista por los mercados existe.

Un claro incentivo para que algunos altos funcionarios decidan renunciar es precisamente la reducción de salarios que deben enfrentar con la austeridad del nuevo gobierno. En una economía de mercado, los precios son un mecanismo que permite una distribución eficiente de los recursos, de tal manera que un profesional generalmente está más dispuesto a aceptar una posición donde tenga mejor recompensa económica (asumiendo equivalencia de funciones).

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Dado el alto costo de oportunidad que enfrentan los funcionarios (en términos de salarios en el sector privado contra la reducción que enfrentan con el nuevo gobierno) no es una sorpresa que algunos decidan renunciar y emigrar al sector privado.

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Por supuesto, habrá quienes decidan quedarse ya sea por convicción o porque más vale tener un trabajo que salir a buscarlo y existirán otros que por no tener un trabajo decidan entrarle. En cualquier caso, el neto de la administración pública enfrentará una pérdida de eficiencia -al menos en el corto plazo- y tomará cierto tiempo recuperarla.

Por el bien de México, ojalá y la nueva tripulación no se aventure en travesías innecesarias o en experimentos que lejos de ayudar lleven al país a retroceder. No vale la pena experimentar solo por el placer de cambiar.

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