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OPINIÓN: El amor en los tiempos de la Guardia Nacional

Esta decisión nos aleja de la posibilidad de rediseñar una corporación civil que realmente se apegue a los estándares internacionales en materia de derechos humanos, comenta Silvia Márquez.

Nota del editor: Silvia Márquez es coordinadora de comunicación y prensa de Ethos Laboratorio de Políticas Públicas. Puedes seguirla en Twitter como @Silmaharet. Las opiniones expresadas en esta columna son exclusivas del autor.

(Expansión) - No es nuevo hablar de seguridad, ya mucho se ha escrito de guerra y los términos castrenses ya son parte del cotidiano. Nos acostumbramos a ver camiones militares en las calles, a que los uniformes de camuflaje pasen a nuestro lado y a los operativos… cada día nos acostumbramos más.

Los cambios constitucionales actuales permiten que los militares se encarguen de prevenir, investigar y perseguir delitos cometidos por civiles
Silvia Márquez

A 50 días de la toma de posesión de Andrés Manuel López Obrador como presidente de México, la llamada “república amorosa” tiene un alto componente militar. El proyecto de la Guardia Nacional se materializa con rapidez, casi a la misma velocidad que la Cartilla Moral. Resulta que el amor y la guerra son dos grandes temas en la “cuarta transformación”.

Los argumentos a favor de la Guardia Nacional apuntan hacia dos sentidos: primero, que es necesario dotar al Ejército y a la Marina del marco legal ante las tareas de seguridad que realizan desde hace 12 años; y el segundo, que los ejemplos internacionales de cuerpos de élite similares han dado buenos resultados.

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Ante el primer planteamiento, organizaciones como Human Rights Watch, Amnistía Internacional, la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas y el Colectivo Seguridad sin Guerra han señalado que continuar la estrategia de usar a las Fuerzas Armadas de México para enfrentar la violencia provocará que se sigan cometiendo graves violaciones a los derechos humanos.

Este hecho, además, va contra el marco jurídico internacional de derechos humanos, del que México es parte. La postura también es compartida por la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH), cuyo titular dijo que la Guardia Nacional debilita la institucionalidad civil de México.

Hay que decir que la Gendarmería francesa, la Guardia Nacional española y los Carabineros de Italia y Chile, por ejemplo, operan con mandos mixtos. El militar se encarga de tareas de adiestramiento, selección y disciplina, y el civil de dar las órdenes operativas; este esquema implica que el mando civil es el que rinde cuentas a la sociedad. Como apunte, los titulares de los ministerios de defensa de dichos países también son civiles, lo que garantiza el sistema de contrapesos ante el mando militar.

Lee: La sociedad contraataca a los populistas, según el informe de Human Rights Watch

Caso contrario es el que presenta el diseño mexicano, donde el mando civil servirá prácticamente para tareas administrativas y estará en la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana, mientras que el mando militar estará a cargo de la parte operativa y con amplia representación en la Junta de Jefes de Estado Mayor.

En resumen, nuestros legisladores están otorgando a los militares las atribuciones legales para tomar decisiones sin ser cuestionados, además de que no tenemos claro el mecanismo de rendición de cuentas ni la autoridad responsable de hacerlo.

La Guardia Nacional también nos aleja de la posibilidad de rediseñar una corporación civil que realmente se apegue a los estándares internacionales en materia de derechos humanos. Los cambios constitucionales actuales permiten que los militares se encarguen de prevenir, investigar y perseguir delitos cometidos por civiles.

Al capítulo de la Guardia Nacional le faltan varias páginas. Tendremos que estar pendientes del contenido de tres normas fundamentales para que pueda operar: la Ley Orgánica de la Guardia Nacional, que nos dará más información de los derechos y obligaciones de los elementos; la Ley de Uso de la Fuerza, que debe regular el uso de la fuerza letal del Ejército -que mata a ocho personas por cada una que hiere- y de la Marina -con 30 “enemigos” muertos por cada uno herido-; y la Ley General de Registro de Detenciones, que pretende regular la actuación de la guardia para evitar las detenciones arbitrarias o irregulares.

Este es el tiempo en que nos tocó construir un nuevo paradigma de la paz en México y también es el tiempo preciso para cuestionarnos: ¿En la guerra y en el amor todo se vale?

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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