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OPINIÓN: Los padres de Trump siguen cuidando de él

Los ecos de la dureza de Fred Trump pueden verse en las políticas crueles del presidente de Estados Unidos, tales como separar de sus padres a los niños que buscan asilo, apunta Michael D'Antonio.
jue 24 enero 2019 03:10 PM

Nota del editor: Michael D'Antonio es autor del libro Never Enough: Donald Trump and the Pursuit of Success (editorial St. Martin's Press); escribió, junto con Peter Eisner, el libro The Shadow President: The Truth About Mike Pence. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — A veces, las pruebas que necesitas para resolver un misterio están ocultas a plena vista. Cuando se trata de entender al hombre de la Casa Blanca, la prueba puede encontrarse sobre su hombro izquierdo, cuando está sentado en su escritorio en el Despacho Oval.

Las dos fotos enmarcadas, una de su padre y otra, más pequeña, de su madre, son las únicas fotos familiares que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, conserva cerca. Están colocadas de tal forma que suele verse a sus padres echándole un ojo a su hijo cuando lo fotografían haciendo una llamada, escuchando a sus asesores o reuniéndose con Kim Kardashian .

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Si quieres saber por qué a Trump le obsesiona tanto ganar, mira al hombre, a su padre, Fred Trump, quien le enseñó que los Trump tienen que ganar en todo. De acuerdo con el biógrafo Harry Hurt III, Fred crio a Trump con el mantra: "Eres un asesino, eres un rey".

"Por eso estoy tan trastornado", escribió Trump en su libro Think Big, de 2007 , "porque tuve un padre que me presionó bastante".

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De hecho, las personas que conocían a los Trump en los mejores días de Fred me lo confirmaron; varios agregaron que Donald se identificó con su padre desde muy temprana edad. Como me dijo el mentor de Trump, Ted Dobias, de la Academia Militar de Nueva York, el padre de Trump era extremadamente severo ("muy alemán", fueron sus palabras) y que le exigía a su hijo cosas que le costaba cumplir. De hecho, enviaron a Donald a la academia militar porque repetidamente fracasaba en cumplir los estándares de su padre respecto a cómo debía comportarse un muchacho.

Los ecos de la dureza de Fred pueden verse en las políticas crueles del presidente de Estados Unidos, tales como separar de sus padres a los niños que buscan asilo y causar el cierre de la administración más largo, con lo que ha privado de su paga a 800,000 funcionarios desde hace más de un mes.

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La crueldad del cierre se manifestó en una carta que la Dirección de Administración de Personal envió a los funcionarios que no recibirían paga. En una versión inicial de la carta (que la dependencia afirma que publicó erróneamente y posteriormente corrigió), recomendó a los empleados que hagan labores manuales, como carpintería y pintura, en lugar de pagarle la renta a su casero. Aunque es probable que Trump no haya concebido esa pésima idea, se ha rodeado de burócratas que han adoptado un estilo similar para lidiar con los retos y han mostrado poca o ninguna compasión.

Para empeorar las cosas, el gobierno de Trump está llamando a laborar a miles de empleados a los que se les había dado licencia y los han obligado a trabajar sin paga con el fin de satisfacer las necesidades de dependencias vitales como el Servicio de Impuestos Internos.

Como recordarán, el cierre comenzó cuando Trump de repente cambió de opinión respecto a un acuerdo sobre el presupuesto que ya se había aprobado en el Senado en diciembre. En vez de cumplir su palabra, optó por hacerle caso a Ann Coulter y a Rush Limbaugh y anunció que vetaría cualquier acuerdo presupuestal futuro en el que no se otorgaran 5,700 millones de dólares para la construcción de un muro en la frontera con México. ("Yo asumiré la responsabilidad", dijo, respecto al cierre de la administración ).

El muro —que según las promesas de campaña de Trump, México pagaría— es un símbolo y no tanto una protección fronteriza. Sin embargo, tras más de un mes, está claro que seguirá aferrado a este símbolo sin importar cuánto dolor inflija a los empleados, a sus familias, a sus comunidades e incluso a los estadounidenses que no reciben los servicios gubernamentales que pagaron con sus impuestos.

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Para entender hasta dónde puede llegar Trump cuando amenaza a los demás, pensemos en la amenaza que profirió contra los 11 millones de inmigrantes indocumentados que viven en Estados Unidos. En un arranque reciente en Twitter , que arrastró a la presidenta de la Cámara de Representantes, Nancy Pelosi, dijo que no habría "una gran campaña" para sacarlos y luego agregó: "Pero ten cuidado, Nancy". El mensaje fue muy claro: haz lo que digo o los inmigrantes pagarán el precio.

Pelosi saca de quicio a Trump porque es la única que al parecer sabe cómo jugar su juego. Una de las fuentes de su fuerza es evidente: es la única demócrata que controla parte del gobierno. Sin embargo, hay mucho más. Pelosi es una mujer fuerte, la clase de mujer que podría haber enseñado a un joven Donald algunas cosas que Fred y Mary, su madre, no le enseñaron.

Donald Trump y foto de sus padres
Las dos fotos enmarcadas, una de su padre y otra, más pequeña, de su madre, son las únicas fotos familiares que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, conserva cerca. Están colocadas de tal forma que suele verse a sus padres echándole un ojo a su hijo, señala Michael D'Antonio.

Pelosi manejó una pandilla de cinco niños tan latosos que, de acuerdo con una de sus hijas , "no podía conseguir quién los cuidara". Ella era la responsable de imponer el orden y de impartir las lecciones sobre convivencia con los demás. Durante gran parte de su niñez, Trump no tuvo una persona así, y esa carencia se nota.

Aunque Trump recibió una gran influencia de su padre, su madre tuvo una intervención menor. Durante gran parte de la juventud de Donald, Mary estuvo enferma. Sus amigos de ese entonces le contaron al escritor Michael Kruse, de Politico , que pese a que veían frecuentemente a Fred o a la ama de llaves en la casa, cuando iban de visita, Mary era poco más que un "fantasma" en la vida del hoy presidente.

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Aunque parecería que la intervención de Mary en la niñez de Trump en Queens, Nueva York, fue limitada, su presencia fue incluso más tenue cuando Donald cumplió 13 años, época en la que lo mandaron a la Academia Militar de Nueva York. Ahí, vivió en un mundo en el que las mujeres eran casi inexistentes y prevalecía una especie de masculinidad pseudomilitar.

Como me contó Sandy McIntosh, amigo de Trump en la escuela, todo giraba alrededor de la jerarquía y el chauvinismo masculino. A nadie le sorprendería el relato de McIntosh sobre que los únicos ejemplos femeninos que llamaban realmente la atención en la escuela eran los que figuraban en las páginas de la revista Playboy.

Como consecuencia de las experiencias de Trump en su niñez, el hombre que hoy tiene 72 años, cinco hijos y nueve nietos, conserva las imágenes de sus padres muy cerca, en su oficina. Estas son las personas a las que quiso complacer en su niñez trastornada, lo que lo llevó a la escuela militar y a una vida adulta marcada por los matrimonios fallidos, los fracasos en los negocios y el ridículo a manos de las revistas sensacionalistas de Nueva York.

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Es muy probable que ellos fueran quienes lo privaron de la compasión, la generosidad y el sentido de la responsabilidad que lo habrían hecho un hombre bueno y un presidente aún mejor. En su ausencia, es un líder que, cuando las cosas se ponen difíciles, dice: "La culpa es de todos" .

El ego insaciable de Trump, su cruel desdén por el futuro y su incapacidad de asumir la responsabilidad son ahora sus características. Sentado en el Despacho Oval, con los asuntos no resueltos de su pasado mirándolo desde una foto enmarcada, parece que está arrastrando constantemente al país a su psicodrama. Sabe que su padre esperaba que ganara en todo, y en gran medida, lo ha hecho. Pero no está claro qué esperaba su madre de él y tal vez ni siquiera él lo sepa.

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