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OPINIÓN: Las bases de Trump no lo dejarán por Cohen, pero ese no es el punto

Mientras Trump pasaba su día en el extranjero, tratando de llegar a un acuerdo histórico con los norcoreanos, Cohen pintó a un líder que ha participado en toda clase de fraudes, señala Julian Zelizer.

Nota del editor: Julian Zelizer es profesor de Historia y Asuntos Públicos en la Universidad de Princeton. Coescribió el libro Fault Lines: A History of the United States Since 1974 con Kevin Kruse. Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

(CNN) — El exabogado personal del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, hizo una serie de declaraciones impactantes sobre el comandante supremo el miércoles 27 de febrero.

Mientras Trump pasaba su día en el extranjero, tratando de llegar a un acuerdo histórico con los norcoreanos, Cohen pintó a un líder que ha participado en toda clase de fraudes, ha roto leyes sobre financiamiento de campañas, se ha relacionado con personajes dudosos, sabía de los trucos sucios y posiblemente ilegales de algunos de los miembros de su equipo de campaña, e instruyó a sus asociados, como Cohen, a intimidar a las personas a las que consideraba una amenaza.

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Por si fuera poco, Cohen afirmó que Trump es racista. (Tanto la Casa Blanca como los defensores de Trump en el Partido Republicano han negado todas estas acusaciones).

Pero ¿las audiencias servirán para cambiar la opinión pública?

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Los republicanos de la Comisión de Vigilancia dieron un muy buen indicio de por qué las bases de Trump difícilmente se moverán un ápice. Esencialmente están en sintonía con lo que Trump dijo en 2016: "Podría estar en plena Quinta Avenida y dispararle a alguien y no perdería votantes".

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Durante el interrogatorio a Cohen, los republicanos no mostraron el más mínimo interés en investigar las cuestiones que surgieron sobre Trump. Dedicaron todo su tiempo a atacar la conducta de Cohen y a hacer insinuaciones sobre las audiencias que llevaron a cabo los demócratas. Usaron al abogado de Cohen y antiguo asociado de Clinton, Lanny Davis, y las insinuaciones de que lo financiaban fuerzas misteriosas, para afirmar que el testimonio de Cohen tenía un trasfondo político.

Sin embargo, eso no significa que partes del Partido Republicano, fuera de las bases, puedan cambiar de opinión con las audiencias legislativas. Después de todo, lo que motiva su apoyo sostenido al presidente Trump tiene más que ver con los intereses partidistas que con la lealtad. Esto significa que no es invulnerable. Sería posible poner a varios segmentos del partido en su contra si ha tomado medidas que para ellos son demasiado arriesgadas.

La primera prueba tangible de que es posible que haya deserciones, desde que se aprobó la ley de sanciones contra Rusia en 2017, fueron los 13 republicanos que votaron igual que los demócratas de la Cámara de Representantes para aprobar una resolución para revocar las facultades de emergencia de Trump para construir el muro.

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También le quedó claro a Trump, durante los últimos días del cierre de la administración, que se le había acabado el tiempo en esa batalla: o accedía a aprobar una resolución presupuestaria o los republicanos lo harían sin él. Como habían pasado apenas unos meses de las elecciones intermedias y las encuestas indicaban que Trump tiene problemas en los estados contenciosos que fueron clave para su victoria, como Wisconsin y Michigan, la preocupación de los republicanos está justificada.

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Estos signos de deserción ciertamente no son un indicio claro de que Trump está en riesgo con su partido. Sin embargo, sería un error ignorar que las audiencias en su apogeo puedan cambiar la dinámica en el Partido Republicano y dañen más la imagen que los electores independientes tienen de Trump.

El testimonio de Michael Cohen, por sí solo, no puede hacer milagros. Dados sus antecedentes, es un testigo con muchos defectos y sus palabras, por sí solas, no pueden pintar un panorama sombrío de la administración a ojos de los republicanos, quienes siguen centrados en ganar en 2020.

Los republicanos de la Comisión demostraron que no les interesa escuchar. La prensa conservadora, que no existía cuando Richard Nixon era presidente, seguirá manipulando los acontecimientos del día en millones de formas diferentes y a favor de Trump.

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No obstante, las audiencias sólidas pueden ser relevantes. Ver y oír a los principales actores de un escándalo es muy diferente a leer sobre ellos o ver un informe procesal.

El ejemplo a seguir es la comisión del Watergate, que a lo largo de varias semanas y con varios testigos, tuvo el efecto de desmembrar el apoyo de los republicanos al presidente Nixon, quien contaba con ellos hasta el último día. Las audiencias legislativas y las investigaciones fueron exitosas porque ayudaron a los legisladores de ambos partidos a entender mejor qué estaba tramando la Casa Blanca de Nixon y para poner en un contexto más amplio al pecado original: la intrusión en las oficinas del Comité Nacional Demócrata.

Parte de los resultados de 2019 dependerán de los demócratas y de hasta dónde están dispuestos a llegar para garantizar la rendición de cuentas y proceder con una investigación hasta las últimas consecuencias, incluso a riesgo de sufrir repercusiones políticas.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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