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OPINIÓN: Refinería Dos Bocas, otra decisión costosa para México

Aunque no existe un consenso global, las grandes compañías petroleras sitúan sus pronósticos de pico de la demanda de petróleo entre 2028 y 2040, opinan Armando Gómez y Francisco del Rincón.

Nota del editor: Armando Gómez y Francisco del Rincón son Principal y Gerente en la consultora A.T. Kearney, y especialistas en el sector energético. Lideran proyectos en México y el extranjero para guiar a empresas de éste y otros sectores a maximizar su rentabilidad de forma sostenible. Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente a los autores.

(Expansión) – Dos Bocas es sin duda un tema complicado y álgido porque mezcla un impacto significativo en las arcas del Estado -y de los mexicanos- con argumentos cualitativos como la llamada “soberanía energética”. Pero los argumentos expuestos a favor de la iniciativa son incompletos en el mejor de los casos, mientras que en el peor están alimentados con desinformación, especialmente en lo referente al origen de la necesidad.

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Con la remota esperanza de que las críticas informadas influyan sobre la decisión, o bien, por lo menos exponer las fallas en su racionalidad, resumimos cuatro aclaraciones clave para el debate:

• La realidad es que nuestra seguridad energética está primordialmente amenazada por carencias en transporte y almacenamiento de gasolinas y diésel (en promedio tres días de inventario) y no tanto por producción autónoma en un mercado global.

Para ilustrar este punto podemos tomar el ejemplo de la Estrategia de Seguridad Energética de la Unión Europea: En 2014, ante la creciente dependencia de crudo y gas proveniente de Rusia, la Comisión Europea desarrolló un estudio que corrió escenarios donde el suministro se interrumpía, probando sensibilidades de uno a seis meses.

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El resultado fue una combinación de medidas de corto y largo plazo entre las que destacan crear grupos de coordinación internacionales, planes de emergencia regionales, proteger infraestructura crítica y desarrollar infraestructura faltante para abrir sus mercados a importaciones. No es casualidad que ninguna de las medidas habló de incrementar la capacidad de refinación de gasolinas o el procesamiento de gas.

• La realidad es que producir más combustibles internamente y forzar la sustitución de importaciones no genera “soberanía energética”. Esto es, al no tener control sobre componentes clave del costo (crudo y tipo de cambio) y contar con una estructura de costos de producción ineficiente, incrementar la producción interna destruiría todavía más valor para Pemex -y por ende los mexicanos-.

Aún cuando los precios finales se establezcan usando el principio de paridad de importación, el costo real de la molécula interna será mayor que el de un productor / importador eficiente que compite en el mercado más líquido del mundo (US Gulf Coast) y está situado a una corta distancia de los puntos de internación mexicanos.

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Es decir, o pagaremos por nuestros combustibles un precio más elevado que refleje los costos reales de producción y entrega o Pemex absorberá más pérdidas por “mantener” artificialmente los precios competitivos vs las importaciones. Un Pemex más débil implica un sector energético más vulnerable y con menor autosuficiencia.

• La realidad es que sí necesitamos incrementar la eficiencia “a nivel sistema”, es decir, considerando los activos y procesos involucrados desde que se recibe el crudo hasta que se entrega gasolina al consumidor final. Pero esto exige enfocarnos en los activos existentes y no en incrementar la capacidad. Las oportunidades de mejora son numerosas, variadas y están bien identificadas, pero requieren recursos, capacidades técnicas y de gestión, y un claro mandato.

Entre las principales oportunidades se encuentran: destinar presupuesto operativo y de inversión suficientes para un mantenimiento adecuado y rehabilitación de activos con deterioro histórico (agravado desde los recortes presupuestarios forzados por la caída del precio del petróleo en 2014), desarrollar la red logística con miras a reducir el “costo de servir” a nivel sistema, reducir el exceso de personal y la deuda, planificar para reducir el overhead en general (incluyendo las pensiones), así como mejorar los rendimientos al hacer coincidir la dieta de crudo con el diseño del sistema.

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Si bien atacar la corrupción y el robo es un deber moral, sus resultados no serán ni remotamente suficientes para fondear las oportunidades de mejora, mientras que destinar ~10 billones de dólares y la distracción que requiere llevar a cabo un proyecto como Dos Bocas, solo exacerbarán el problema.

• La realidad es que hay destinos más rentables para el capital de inversión necesario y no solo dentro de la industria petrolera (particularmente en exploración y producción, máxime considerando que se requeriría incrementar la producción de crudo para alimentar la nueva refinería sin depender de importaciones) sino también en mejores apuestas al futuro como las fuentes de energía renovables.

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Aunque no existe un consenso global, las grandes compañías petroleras sitúan sus pronósticos de pico de la demanda de petróleo entre 2028 y 2040. Dado que la vida útil de una refinería es de 30 a 50 años, la nueva refinería tendrá tiempo limitado para amortizar la inversión y generar valor -o al menos evitar destruirlo en grandes dimensiones- en caso de que su producto ya no sea demandado.

La refinería no debería “ir”, así de simple.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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