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Nuestras Historias

La austeridad fiscal no es el suicidio político

Al revisar otros episodios de austeridad fiscal que han ocurrido en el mundo, queda en evidencia que los votantes prefieren que se recorten gastos, dice Gabriel Pérez del Peral.
mié 21 agosto 2019 09:54 AM
AMLO
Para continuar con su política de austeridad en gastos, el gobierno de López Obrador tendrá que subir impuestos o recortar gastos.

(Expansión) - El 8 de septiembre el gobierno federal mexicano enviará al Congreso de la Unión el paquete económico para el ejercicio fiscal del 2020. Dicho paquete está compuesto por la Ley de Ingresos, el Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación y los Criterios Generales de Política Económica.

Sabremos a través de la Ley de Ingresos el monto de los impuestos que espera recaudar el gobierno, así como la deuda que contratará el año próximo, y las erogaciones que realizará a través del gasto público.

En los Criterios de Política Económica, conoceremos los principales pronósticos de las variables económicas (inflación, crecimiento, tasas de interés, precio del petróleo, etcétera) y las metas fiscales a las que el gobierno se comprometerá a cumplir el próximo año.

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Con relación a las metas de finanzas públicas, destaca el monto del superávit primario (no incluye gastos financieros) que realizará el gobierno a lo largo del siguiente ejercicio fiscal; es importante subrayar que es el principal indicador fiscal del gobierno. Para ello, tendrá que continuar con la política de austeridad en sus gastos mostrada en este primer año de gobierno, que se podrá materializar a través de dos acciones: O sube impuestos, y/o recorta gastos.

Históricamente se ha difundido la idea de que el gobierno incurre en un “suicidio político” al implementar una política de austeridad fiscal. Pero en el artículo The Electoral Consequences of Large Fiscal Adjustments (Las consecuencias electorales de los grandes ajustes fiscales) , de Alberto Alesina, de la Universidad de Harvard; Dorian Carloni, de la Universidad de California en Berkeley, y Giampaolo Lecce, encontraron que esto no es necesariamente cierto.

Los autores analizaron 19 países pertenecientes a la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) en el periodo de 1975 a 2008. Identificaron momentos en que los gobiernos disminuyeron el déficit fiscal primario por un monto de 1.5% del PIB. Cabe mencionar que éste es el criterio a través del cual los economistas miden la llamada “consolidación fiscal”.

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Para el periodo mencionado, los autores identificaron los 10 episodios más representativos de “consolidación fiscal” registrados en dichos países. Enseguida examinaron qué sucedió con los gobiernos en turno que enfrentaron elecciones, ya sea durante el periodo en que implementaron la restricción fiscal o en los 2 años posteriores.

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Se detectaron 19 elecciones con esas características; en 7 de ellas (37%) los electores cambiaron al gobierno en turno. Para efectos prácticos podemos decir que los gobiernos fueron expulsados de sus oficinas en el 40% de las elecciones realizadas.

Así pues, las probabilidades de que un gobierno pierda el poder cuando recorta su déficit fiscal primario son de 40%. Entonces, si no hay un malestar político generalizado cuando el gobierno equilibra sus finanzas públicas, ¿cuál será la mejor forma de hacerlo? Las conclusiones a las que llega el artículo permiten salvar la cabeza de los políticos.

Para contestar la pregunta anterior los autores reconocieron 10 episodios de austeridad fiscal en donde se incrementaron los impuestos, y otros más en donde se impusieron severos recortes al gasto público (Irlanda 1986-1989; Canadá 1993-97; Finlandia 1993-98; Bélgica 1982-87 y Sucia 1994-2000). Sólo en el 20% de las elecciones en que los países recortaron el gasto, el gobierno perdió el poder, comparado con un 56% que fueron sacados de sus oficinas cuando subieron los impuestos.

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Así pues, los votantes prefieren los recortes de gasto que el incremento de impuestos. Puede haber disturbios en las calles, así como manifestaciones, pero el electorado toma en general bien la implementación de una consolidación fiscal, particularmente si ésta se concentra en recorte de gasto más que en incrementos de impuestos.

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¿Por qué los políticos se ponen tan nerviosos cuando tienen que equilibrar el presupuesto? Los autores sugieren que los políticos tienen problemas para equilibrar las finanzas públicas cuando tienen compromisos e intereses con ciertos grupos. Confrontarlos es más complicado que confrontar al electorado en general.

Es importante que para el próximo año, las autoridades en nuestro país tomen en cuenta las conclusiones del estudio e implementen una consolidación fiscal; de continuar por la vía de recortes en el gasto, estos deber ser bien planeados de forma que se haga más eficiente y eficaz el ejercicio de los recursos que nos extrae a los contribuyentes.

Nota del editor: Gabriel Pérez del Peral es profesor Investigador de la Escuela de Gobierno y Economía de la Universidad Panamericana. Síguelo en Twitter como @gperezdelperal . Las opiniones en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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