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Nuestras Historias

Financiamiento, reto para el surgimiento de emprendimientos tecnológicos

La creación de empresas innovadoras es fundamental para la creación de riqueza y empleo, dice Juan Alberto González Piñón.
vie 04 octubre 2019 09:52 AM
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Algunos centros de emprendimiento digital cuentan con mentores voluntarios que brindan apoyo a los interesados en diversos desarrollos.

(Expansión) - Debido a la alta tasa de cambio en el desarrollo tecnológico, la proliferación de productos innovadores (incluyendo las nuevas versiones de los productos existentes, así como la disponibilidad de nuevos productos) y la demanda del mercado, la mayoría de las empresas de base tecnológica enfrentan dificultades en la obtención de fuentes de financiamiento, debido a que los productos de la industria de alta tecnología tienen un periodo muy corto de vida y una tasa de riesgo alta.

De acuerdo con la OCDE, en México la aversión al riesgo del sistema bancario tradicional agravada por un desarrollo débil del mercado de capital semilla, y la reducida capacidad para evaluar el potencial de nuevas empresas basadas en el desarrollo científico o tecnológico, ha dejado a la mayoría de los posibles nuevos emprendedores sin recursos para financiar las etapas iniciales en la creación y el desarrollo de empresas.

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En el actual escenario de la actividad comercial que vive el país, caracterizado por la incertidumbre, la presencia de emprendedores capaces de capturar oportunidades globales y crear empresas innovadoras es fundamental para la creación de riqueza y empleo; por estas razones es importante incrementar el tamaño y el alcance del mercado de capital de riesgo en México, ya que éste sigue siendo un problema que afecta la sustentabilidad financiera de nuevas empresas de base tecnológica, dejando como mejor opción de negocio su eventual venta o bien su afiliación a una empresa más grande.

Es conveniente que a nivel de política pública se impulse la creación de iniciativas que impacten tanto la demanda como a la oferta de emprendimientos de base tecnológica, por ejemplo, la apertura del sistema de compras públicas hacia empresas de nueva creación basadas en tecnología, puede ensanchar el espacio de oportunidades de negocios para este sector. Otro elemento puede ser el fortalecimiento del mercado de capital de riesgo enfocado a invertir en empresas de base tecnológica en etapas tempranas, en conjunto con la ampliación de programas de financiamiento de la banca tradicional.

Por parte de los emprendimientos de base tecnológica, también habrían de fortalecer sus alcances e impactos más allá de la rentabilidad financiera; es decir que la oferta de valor representada por sus productos y servicios, también debe considerar la incorporación a la cadena productiva de los sectores sociales de bajos ingresos. De esta manera, el impacto en la creación de nuevas empresas de base tecnológica puede también mejorar la calidad de vida de la sociedad, gracias a un modelo de negocio que considere desde su concepción un impacto positivo en lo que se conoce como triple P (People, Planet, Profit). Como consecuencia de ello se crearían más empresas con alto potencial de crecimiento y las que logren nacer lo harán con un tamaño y nivel tecnológico óptimos, en sintonía con otros países más desarrollados, como Estados Unidos, Canadá, Australia e Irlanda, que cuentan con una elevada creación de negocios innovadores y de alto crecimiento.

La maduración de emprendimientos basados en ciencia y tecnología depende del grado de avance en la generación del nuevo producto. Asimismo, de él depende su plan de inversión, puesto que las expectativas de beneficios están asociadas al nivel de conocimiento técnico alcanzado, lo que significa que la ventaja tecnológica también puede representar una primicia comercial, esto se concretaría en la realidad siempre y cuando esa novedad técnica y su aplicación sea susceptible de protección intelectual (propiedad industrial o derecho de autor).

Opinión: La propiedad intelectual en los tiempos de la tecnología

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La OCDE a este respecto también refiere que la cultura de los derechos de propiedad intelectual (DPI) se ha difundido lentamente en México. Las solicitudes de patente basadas en los resultados de actividades científicas y tecnológicas, que promueve la acumulación de activos intangibles y facilita el acceso al capital semilla, está todavía poco desarrollada, tanto en las empresas como en las instituciones públicas de investigación.

Otro de los elementos que se requiere fortalecer en el ecosistema emprendedor del país es un servicio de asesoramiento y acompañamiento para las nuevas empresas de base tecnológica, el cual tenga como visión proporcionar la asistencia necesaria en el desarrollo del negocio; en México existen algunas universidades y centros de emprendimiento, que gracias a un grupo de mentores “voluntarios”, los emprendedores reciben en promedio el apoyo de 4 a 5 mentores, expertos en diferentes temas del modelo de negocio (finanzas, estrategia, innovación tecnológica, mercadotecnia, recursos humanos, propiedad intelectual, internacionalización) ofreciendo asesorías focalizadas a la práctica (todas las relaciones entre los mentores y los empresarios se forman sobre la base de las necesidades del emprendedor y la experiencia de los mentores).

La creación y la expansión de las empresas de base tecnológica deben ser el resultado conjunto de la inversión pública y privada en ciencia, tecnología e innovación

Sus actividades que se basan en el conocimiento contribuyen al crecimiento económico y a la creación de oportunidades de empleo calificado, y con frecuencia contribuyen a resolver necesidades sociales en áreas como salud, energía, medio ambiente e inclusión social.

Apoyar el surgimiento y sostenibilidad de empresas de base tecnológica, es una actividad rentable, pues incorporan la aplicación de los avances científicos y tecnológicos a las cadenas de valor en la industria y por consecuencia incrementa el valor en los productos y servicios que se crean y comercializan en la economía, de manera tal que impulsan una mejora sustancial en la calidad de vida de la población.

Nota del editor: Juan Alberto González Piñón es director de Spark UP y académico de la Facultad de Empresariales de la Universidad Panamericana. Las opiniones expresadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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