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2020 para México: El lobo que todavía no llega

La incertidumbre irá a la baja, pero las expectativas crecerán, lo que siempre pone en aprietos a las administraciones públicas, opina Francisco Hoyos Aguilera.
vie 27 diciembre 2019 12:00 PM
Crecimiento económico
La recesión “media” que dejó el 2019 se afectará más en 2020.

(Expansión) – Flashback a enero de 2019: en mesas y reuniones, la incertidumbre paraliza todo a su paso. Desde versiones de que el tipo de cambio se irá a 25 pesos por dólar (más, según me dijeron unos contactos en Nueva York), hasta la certeza de que pronto iniciarán las expropiaciones y quienes lo afirman tendrán que huir del país.

Es el arranque del gobierno que provoca pánico y repulsión al mismo tiempo en sectores de la población que se sienten, desde julio del 2018, amenazados. ¿Ya escuchaste que acaban de correr a muchos funcionarios de Hacienda y que recortaron el seguro de separación?

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En ese primer semestre, el intercambio de currículas fácilmente pudo haber sustituido a las cartas que se mandan a Santa Claus y a los Reyes Magos. Es la llegada de los temores más profundos de una parte de la sociedad mexicana que aún no concibe la sacudida que la mayoría acaba de desencadenar con su voto.

Sin embargo, pasan los días y, aunque no estamos libres de sobresaltos, la economía de México no se comporta distinta a muchas otras. Ni siquiera la entrada a una recesión moderada altera demasiado los pronósticos a la baja que ya se habían anunciado, por lo menos, desde mediados del ejercicio.

El debate sobre el estado de las finanzas da incluso para que los hombres de negocios más importantes desestimen la idea del crecimiento (antes sacralizada por otras administraciones) contra la del desarrollo, que defiende el gobierno presente.

Diciembre empieza con un regalo navideño anticipado y, en Palacio Nacional, los negociadores del T-MEC, el gran ajuste al tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, que tuvo en vilo a nuestro país casi dos años, firman el acuerdo para certidumbre de la iniciativa privada de los países involucrados.

Si no existe ninguna sorpresa antes del fin del año, el peso tendrá una apreciación cercana al 2% anual, la inflación estará por debajo de la meta establecida, Pemex frenó su caída de producción y hasta encontró nuevos yacimientos, se acordó un plan de infraestructura inédito con el sector privado y el empuje de las ventas por las fiestas deja un sabor de boca moderado. Es decir, el lobo nunca llegó.

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A pesar de las estimaciones de las calificadoras, los augurios de los malquerientes, el desborde de la fanaticada, las finanzas nacionales se comportaron dentro de los márgenes de la prudencia y salvo algunas ramas industriales afectadas por la falta de T-MEC o dependientes del presupuesto público, fue un año de cambio de gobierno. Nada más, pero nada menos.

¿Qué viene para 2020? Es probable que la recesión “media” en la que ya estamos dé señales de un enfriamiento mayor de la economía mundial, compensada por acuerdos progresivos entre China y Estados Unidos, ahora que los legisladores y autoridades norteamericanos decidieron separar lo financiero de lo político, de cara a sus complejas elecciones.

Europa seguirá administrando la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea y sus ciudadanas y ciudadanos podrían darles una lección a sus políticos, votando por la permanencia, lo que relanzará la idea de un mercado común continental.

Negociadores de México, Canadá y EU dan último empujón al T-MEC

Esa cautela durante los primeros seis meses, más los programas, proyectos e inversiones comprometidas por el empresariado nacional, bien aprovechados, pueden hacer que México entre en un ciclo de crecimiento de un dos por ciento anual, al que podríamos sumar un avance notable en el desarrollo de miles de personas, gracias a los apoyos directos gubernamentales.

Será un segundo año de entendimiento, ya no exploración, con el nuevo gobierno y con los gobiernos antes en funciones. La incertidumbre irá a la baja, pero las expectativas crecerán, lo que siempre pone en aprietos a las administraciones públicas.

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El gran reto, para este gobierno y para la iniciativa privada, será sentar las bases de un Estado de Derecho real, que procure justicia y no se deje corromper, a la par de iniciar la reducción notoria de los índices de violencia y crimen.

Sin seguridad y con un sistema judicial poco eficiente, la confianza empresarial y de los consumidores será inestable, no importa si el tipo de cambio, la tasa de interés o los indicadores de venta de crudo, por mencionar algunos, revelan avances nunca antes vistos.

Nada logra mayor crecimiento e inversión que calles y carreteras seguras, reglas claras, leyes justas y procedimientos sencillos y transparentes. De lo contrario, el lobo que no llegó el primer año, empezará a acercarse al pueblo.

Nota del editor: Francisco Hoyos Aguilera es Especialista en comunicación. Graduado del Tec de Monterrey con una maestría en la Universidad Iberoamericana. Fue reportero en el diario Excélsior y en la corresponsalía de The New York Times en México. Lleva dos décadas en la comunicación pública y privada. Las opiniones expresadas en esta columna corresponden exclusivamente al autor.

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