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Nuestras Historias

Pemex y las perspectivas globales de la petroquímica (1)

Se anticipa que el crecimiento poblacional y económico principalmente en países en desarrollo resulte en un mayor consumo de plásticos, opina Adrián Duhalt.
lun 17 febrero 2020 06:28 PM
Pemex - activos petroquímicos
Los activos petroquímicos de Pemex es quizá la actividad que menos atención ha recibido hasta el momento por parte de la actual administración y en el debate público, considera Adrián Duhalt.

(Expansión) – El gobierno del presidente López Obrador ha echado mano de la caída en la producción de hidrocarburos y petrolíferos y el aumento exorbitante de la deuda para construir una narrativa en torno al deterioro de Pemex. Desde el 1 de diciembre del 2018, dichas métricas han sido útiles para justificar el golpe de timón que, a los ojos de la 4T, era necesario dar en la política petrolera.

Si bien es cierto que Pemex requería la atención del gobierno federal, también lo es el hecho de que las decisiones que se han tomado – como la cancelación de las rondas petroleras – no están del todo alineadas a las necesidades de crecimiento económico del país. Ya ni hablar de las tendencias de la industria en el resto de América Latina y el mundo.

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La historia se repite con los activos petroquímicos de Pemex, quizá la actividad que menos atención ha recibido hasta el momento por parte de la actual administración y en el debate público. Hoy, después de más de dos décadas de abandono por parte de los gobiernos priistas y panistas, la división petroquímica de Pemex es ajena a lo que demanda el mercado doméstico y lo que ocurre a nivel internacional.

La producción de Pemex en las cadenas del metano, etano, aromáticos y propileno se desplomó de 11.71 millones de toneladas (mmt) en 1995 a 2.61 mmt en el 2018. En el 2019, nada pudo hacer la 4T para revertir la inercia, la producción se redujo a 2.22 mmt. Estos números ilustran que Pemex ha renunciado a su papel de proveedor de materias primas cuya importancia reside en alimentar un sinnúmero de industrias, desde fertilizantes hasta plásticos.

La factura que estamos pagando es alta. Del 2010 al 2014, las exportaciones de crudo eran dos veces el valor de las importaciones de productos petroquímicos y de origen petroquímico. Pero tal ha sido la caída en la producción, y por tanto el impacto en la industria privada, que el promedio anual de las importaciones de insumos petroquímicos entre el 2015 y 2019 ascendió a 21.27 billones de dólares, superando marginalmente las exportaciones de petróleo que registraron un promedio anual de 20.62 billones de dólares en el mismo periodo.

Es evidente que el valor que se puede añadir a los hidrocarburos no lo estamos generando en casa, lo estamos comprando en el exterior. Y éste es precisamente uno de los señalamientos que la actual secretaria de Energía, Rocío Nahle, ha hecho desde que era diputada, llegando a manifestar que, cuando se trata de transformar los hidrocarburos, “lo que más valor agregado tiene es la petroquímica”.

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Hasta el momento, en México esta discusión no ha ido más allá del discurso. Mientras en el resto del mundo, las empresas se han estado preparando para afrontar un escenario no muy lejano donde la industria petroquímica se convertirá en el principal motor de la demanda adicional de petróleo.

En octubre del 2018, la Agencia Internacional de Energía (AIE) dio un campanazo al respecto, aseverando que la petroquímica será responsable de más de un tercio de la demanda adicional de crudo al 2030, y cerca de la mitad al 2050.

Una combinación de factores explica lo anterior. Se anticipa que el crecimiento poblacional y económico principalmente en países en desarrollo resulte en un mayor consumo de plásticos, al tiempo que se espera que la demanda de combustibles se ralentice como resultado de la adopción generalizada de sistemas de transporte más eficientes.

¿Cuáles son las consecuencias de este escenario? Precios de crudo moderados que, junto a un mercado global de combustibles que no se expande a la velocidad de décadas anteriores, haga que las empresas petroleras busquen capturar valor al diversificar los rendimientos de sus procesos de refinación. Es decir, que al procesar crudo se dé un peso mucho mayor a la producción de precursores petroquímicos y uno relativamente menor a la producción de gasolinas.

Hacia allá están avanzando líderes globales de la petroquímica y se trata de una tendencia que está en el radar de países y empresas que buscan expandir su capacidad de refinación. En la década de los 20s, y más allá, el futuro de la demanda de crudo y el de la industria de la refinación no está en la producción de combustibles, está - como lo anticipa la AIE y muchos otros - en la petroquímica.

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Es oportuno que en México, ante el abandono de la petroquímica estatal y la construcción de la refinería Dos Bocas, se tenga una conversación sobre Pemex y las perspectivas globales de la petroquímica.

En las siguientes dos entregas ahondaré en el tema.

Nota del editor: Adrián Duhalt es investigador posdoctoral en temas de energía en el Instituto Baker de la Universidad de Rice. Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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