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El Covid-19, un desafío a la gobernanza mundial

La geopolítica del coronavirus también pasa por revisar el estado de las relaciones bilaterales y multilaterales, opina Rina Mussali.
lun 23 marzo 2020 02:50 PM

(Expansión) – El mundo está de cabeza por la pandemia del coronavirus. El patógeno que sellará un antes y un después en el acontecer político, económico y social del siglo XXI. Algunos lo equiparán con el parteaguas que dejaron los ataques terroristas del 9/11 en Estados Unidos en el 2001, perpetrados por la red yihadista Al Qaeda y que provocaron la guerra en Afganistán y dos años más tarde en Irak.

O bien, la caída de Lehman Brothers en 2008, la quiebra del gigante financiero que propagó la crisis económica mundial. Quien no reconozca la importancia del mundo comete un grave error.

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La propagación del virus pone a prueba a todos los actores políticos: presidentes, jefes de Estado o de Gobierno, gobernadores, alcaldes, líderes comunitarios, delegados y organismos regionales e internacionales.

Todos están bajo la lupa y el escrutinio público, pues los tomadores de decisiones deben mostrar su capacidad y responsabilidad para controlar el brote, salvar vidas y contraer al máximo las repercusiones económicas.

La canciller alemana, Angela Merkel, afirmó que Alemania se encuentra ante su mayor desafío desde el fin de la Segunda Guerra Mundial. La pregunta es si lo tienen claro los gobiernos de América Latina, en especial Brasil y México, primeras dos economías de América Latina, quienes deben de liderar con el ejemplo, pues el Covid-19 ha causado una crisis global súbita y totalmente inesperada de la que nadie puede escapar.

La crisis sanitaria está deteniendo la rueda del mundo, la emergencia que impulsa como flecha la desglobalización trasnacional: el cierre de fronteras, restricciones a la libre circulación, parálisis del tráfico internacional de viajeros y turistas, disrupciones de las cadenas productivas y distributivas y el aislamiento completo de ciudades que están alterando la vida cotidiana de los habitantes del mundo.

Es cierto, antes del surgimiento del coronavirus, el mundo ya atestiguaba un fuerte credo antiglobalizador por sus efectos asimétricos, dispares y altamente desigualadores; pero esta pandemia incendiará la conveniencia de mantener y profundizar las interdependencias y los movimientos de personas, capitales, mercancías y servicios, justo el mensaje que modulan los gobiernos nacionalistas y populistas.

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Por ejemplo, un reciente estudio del Bank of America señala que un 80% de las multinacionales se plantean la posibilidad de repatriar parte de su producción, aunque se pueda interpretar como una medida temporal para achicar la cadena de producción y suministro, el Covid-19 puede convertir estas medidas en permanentes.

El Tratado de Schengen, por ejemplo, que garantiza la libertad de movimiento en 22 países de la Europa comunitaria y otros Estados no miembros como Islandia, Noruega y Suiza ha sufrido un descalabro histórico por el “cierre total de fronteras”.

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Justamente, varios actores de la extrema derecha del viejo continente aprovechan esta coyuntura para clamar su mantra: volver a la política de puertas cerradas y controles fronterizos, el hecho que pone al desnudo como se ha diluido la confianza entre socios, amigos y aliados.

Ahora será el brote pandémico -antes la crisis migratoria- el actor que avive el inacabado debate público sobre “más o menos Europa” o el viejo conocido duelo entre fuerzas soberanistas y supranacionalistas.

La geopolítica del coronavirus también pasa por revisar el estado de las relaciones bilaterales y multilaterales. Después de la emergencia pandémica, muchos países tendrán que realizar una operación cicatriz por las chispas diplomáticas generadas.

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El caso de México y El Salvador está a flor de piel, después de que el presidente Nayib Bukele haya acusado a México de enviar a personas infectadas; otros ejemplos son el enojo europeo con Trump por haber dictado medidas unilaterales para prohibir los vuelos provenientes de la UE a territorio estadounidense e inclusive la desilusión que sufrió el Partido Comunista Chino por las órdenes de Putin de cerrar fronteras con el gigante asiático, el dúo que busca contrapesar a Estados Unidos en la escena internacional.

Este patógeno también se erige como amenaza electoral, principalmente en Estados Unidos, ante la caída en picada de la economía: el mayor activo de Trump, pero también su más grande dolor de cabeza. Así, la emergencia por el coronavirus puede salirle más costosa que el juicio político por la trama ucraniana, del que salió airoso en el Senado.

¿Sacarán los demócratas y Joe Biden réditos políticos de todo esto? China lo hará pues Estados Unidos en épocas de Trump no ha mostrado ningún interés por liderar el mundo en horas tan bajas, justo cuando preside el grupo de los siete países más industrializados (G7).

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