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Ciudades inclusivas y oportunidad de desarrollo

En muchas ocasiones descargamos la responsabilidad de actuar en los poderes públicos, cuando la sociedad civil es parte fundamental de la ecuación, apunta Edgar Barroso.
dom 24 enero 2021 07:00 AM

(Expansión) – El 2021 inicia con enorme incertidumbre. La evolución de la pandemia, la reactivación económica y el panorama internacional traerán consigo grandes retos y oportunidades para las ciudades. La pandemia visibilizó el impacto desigual del virus, tanto a nivel geográfico como a nivel social. Las zonas urbanas han concentrado el 90% de los casos de coronavirus registrados en el mundo, y dentro de las ciudades, están siendo más castigadas las zonas vulnerables y las comunidades más marginadas.

Una de las principales causas son las condiciones de desigualdad previas a la pandemia (tan lacerantes en las sociedades latinoamericanas), que han agravado el impacto de la COVID-19. Según la ONU, el índice de desarrollo humano podría llegar a retroceder por primera vez en 30 años , tanto en México como en el mundo entero.

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La pandemia, ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de las ciudades frente a los riesgos latentes. Además de pandemias, existen otras amenazas: cambio climático – temperaturas extremas, desastres naturales, crisis de agua, escasez de recursos y alimentos, pérdida de biodiversidad, etc.—, sociales –desigualdad, pobreza, discriminación, desempleo, inestabilidad política, violencia, conflictos armados, fallos de gobernanza, etc.— y tecnológicas –ciberataques, robo de datos, fraudes, etc.—.

Muchas de estas amenazas ya son parte del día a día en México. Este es un momento decisivo para buscar mecanismos y sistemas que nos ayuden a contribuir colectivamente a sus soluciones. Además, la naturaleza sistémica e interdependiente de estos retos nos obliga a cambiar la estrategia, una que sea capaz de unir el conocimiento y la voluntad de las instituciones, así como los ciudadanos.

Una de las grandes lecciones de esta crisis para los gobiernos y la sociedad civil debe ser la de crear ciudades inclusivas, sostenibles y resilientes, enfocadas en el bienestar social y medioambiental de todos sus habitantes. Los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU incluyen la meta de lograr ciudades inclusivas, seguras y resilientes (Objetivo 11) para 2030, pero los temas urbanos son tan importantes para el futuro de la humanidad que están contemplados en otros ocho objetivos.

El reto que subrayan estos ODS respecto a las ciudades sigue siendo garantizar la igualdad en el acceso a los servicios básicos y a oportunidades de desarrollo económico, educativo y cultural, con independencia de la condición económica, de género e identidad sexual, de edad, étnica, religiosa o migratoria. Si bien hay consenso sobre qué hay que atender, nos falla el cómo y con quién.

Esto se debe a que en muchas ocasiones descargamos la responsabilidad de actuar en los poderes públicos, cuando la sociedad civil es parte —fundamental— de la ecuación, y, como tal, puede contribuir con su dinamismo, su solidaridad, su talento, su creatividad e innovación y, sobre todo, su espíritu emprendedor.

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Para crear ciudades inclusivas, el gobierno y la sociedad civil deben ir de la mano. Aquí es donde entra en juego un concepto clave: el emprendimiento público, entendido como el diseño, desarrollo e implementación de procesos y sistemas intersectoriales de innovación y tecnología para generar valor público. Es decir, aquellas iniciativas de emprendedores e innovadores sociales que hacen del gobierno su aliado natural y que idealmente transforman lo público.

Estas alianzas funcionan como palanca para que el gobierno actúe de una manera más eficiente y logre sus objetivos de desarrollo económico y social. Los emprendedores, dentro y fuera del gobierno, pueden generar innovaciones que pueden ser adoptadas por las instituciones y los ciudadanos.

Para lograrlo, hay que tener en cuenta los avances tecnológicos como herramientas que puedan ofrecer soluciones a la medida de situaciones concretas y escalables para otros ámbitos sociales, económicos y geográficos.

El sector público tiene la oportunidad de incorporar a las nuevas generaciones como agentes de cambio para la transformación de lo público. A nivel de educación superior, hemos promovido la importancia de tener una lógica de innovación y emprendimiento en un sentido amplio: en sus empresas, en sus comunidades, en el espacio público, por mencionar algunas.

También hemos dado pasos hacia una visión transdisciplinaria, por ejemplo, mediante la colaboración conjunta de facultades y departamentos diversos en equipos multidisciplinarios. La magnitud de los retos que enfrentamos (sistémicos, transversales) requiere de la complementariedad de distintas disciplinas. Nuestra capacidad para colaborar determinará una gran parte de nuestro futuro.

Nota del editor: Edgar Barroso es Doctor por la Universidad de Harvard. Fue nombrado Harvard Horizon Scholar y es miembro del Consejo de la Escuela de Artes y Ciencias de dicha universidad. Es fundador de Antena Labs y Casa Antena. Actualmente es profesor asociado en la Escuela de Gobierno y Transformación Pública del Tec de Monterrey. Síguelo en Twitter . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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