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Adiós al “american dream”, hola al Índice de Felicidad Bruta

¿Llegamos a un punto donde nos damos cuenta que el consumismo y materialismo no dan una real felicidad?, cuestiona Arturo Villegas.
lun 22 marzo 2021 11:58 PM

(Expansión) - Desde el 2013 la ONU (Organización de las Naciones Unidas) declaró al 20 de marzo como el día donde celebramos, reflexionamos y cuestionamos el derecho universal que todos los seres humanos tenemos de tener bienestar y ser felices.

Fue una iniciativa del Reino de Bután, que es el país más revolucionario a nivel mundial en aplicación del bienestar a las políticas públicas, dado que cambiaron la medición del desarrollo del país, de indicadores económicos como el PIB (Producto Interno Bruto) hacia el IFB (Índice de Felicidad Bruta).

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Es sabido que no necesariamente los indicadores económicos van acordes con el desarrollo de la población, dadas brechas inmensas de desigualdad (como en México). Se ha concluido que más riqueza no significa necesariamente mayor bienestar social o individual.

Por esto, en el mundo hay todo un rompimiento de paradigmas donde se reconoce que ya no son suficientes los indicadores económicos tradicionales, pero no es una nueva idea; cito textualmente un fantástico discurso que dio el senador Robert Kennedy hace 53 años.

“El PIB no tiene en cuenta la salud de nuestros niños, la calidad de su educación o el gozo que experimentan cuando juegan. No incluye la belleza de nuestra poesía ni la fuerza de nuestros matrimonios, la inteligencia del debate público o la integridad de nuestros funcionarios. No mide nuestro coraje, ni nuestra sabiduría, ni la devoción a nuestro país. Lo mide todo, en suma, salvo lo que hace que la vida merezca la pena”.

Existen economías de países de “primer mundo” donde el poder de consumo pareciera que hace a sus ciudadanos muy felices. Pero los esfuerzos de medir la felicidad de los países a nivel mundial, por organismos públicos y privados que se publican cada año, muestran que las “grandes potencias” nunca están en los países más felices (normalmente los escandinavos son los que salen en los primeros lugares).

¿Cuál es el precio de la prosperidad económica?, ¿Será que el “american dream” es una falacia?, ¿Llegamos a un punto donde nos damos cuenta que el consumismo y materialismo no dan una real felicidad?

Tal vez deberíamos vernos en el espejo de una ciudad de primer mundo donde se vive para trabajar, no solo se trabaja para vivir; donde la prioridad es la casa en la zona de lujo, el auto último modelo, el acceso al club exclusivo, tener a los hijos en el colegio más caro; mientras que factores como el amor, la convivencia, las relaciones satisfactorias y hasta la salud se dejan en última prioridad.

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Y claro que no establezco que el progreso económico no sea positivo, todos merecemos un mejor futuro; el problema es que la sociedad (que por cierto la constituimos todos) ha priorizado el éxito desenfrenado a partir de: dinero, poder, belleza o fama.

El anhelo a una mejor vida y un futuro promisorio se dará con un sano equilibrio entre la parte edónica (los placeres que nos satisfacen en el corto plazo) al mismo tiempo que tengamos una visión de bienestar a largo plazo.

Es importante el nivel de vida a partir de ingresos económicos, bienes materiales y cuentas bancarias; tanto como la calidad de vida, basada en lo valioso y fundamental, o sea, todo lo que no se puede comprar con dinero (perdón por lo cursi).

Siempre que doy conferencias para padres les pregunto ¿Pero porqué trabajas tanto? Y me contestan “es que quiero darle a mis hijos lo que yo no tuve”. Amo esa respuesta ja,ja. Y es que les respondo “Recuerde que ustedes son las mujeres y hombres que son, gracias a lo que no tuvieron, no a lo que tuvieron”. Y muchas veces por darle a nuestros hijos todo, los incapacitamos y volvemos minusválidos emocionales.

De nuevo, es importante para la felicidad tener condiciones mínimas para tener seguridad como un techo, comida, libertad… Y a partir de allí tener sueños, propósitos, motivos para sentirse realizado, como un trabajo que me haga pleno o lograr objetivos que me satisfagan; pero siempre hay que recordar que en la vida el éxito no es necesariamente medido en tu desarrollo financiero, sino en el impacto positivo que hayas causado en los demás en tu viaje por esta vida.

Bien dice la frase que “la vida no se mide por la cantidad de veces que respiras, sino por la cantidad de momentos que te quitan el aliento”. Deseo que en tu vida tengas mucho progreso en todos los aspectos.

Nota del editor: Arturo Villegas es speaker internacional, el 1er. Happiness developer de México. Lo puedes seguir en su página www.arturovillegas.com.mx y en sus redes sociales YouTube , Facebook y LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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