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Simone Biles, la chica que podía volar y dijo basta

El mundo aguardaba que ganara seis medallas de oro en estos Juegos Olímpicos. Pero no va a suceder. Esta semana, se cansó.
mié 28 julio 2021 11:12 AM

Simone Biles tuvo una infancia dura. Sus padres eran adictos. Su madre, alcohólica, entraba y salía de prisión. Con sus hermanos, vivió varios años en un orfanato hasta que sus abuelos los adoptaron. “Nunca pude contar con mi madre biológica. Recuerdo que siempre tenía hambre y miedo”, dijo.

Simone se adentró en la gimnasia desde niña, y allí puso toda su vida. Le llegó el éxito y rompió récords mundiales como si fuera fácil. Hay vuelos que llevan su nombre: sólo ella los consiguió hacer. Una atleta compañera de su equipo la definió con tres palabras: “Simplemente es sobrehumana”.

Fue víctima sexual de un médico del equipo femenino estadounidense de gimnasia, que actualmente está en la cárcel. Las pasó todas. Ahora, el mundo aguardaba que ganara seis medallas de oro en estos Juegos Olímpicos. Pero no va a suceder. La mujer que desde niña podía volar se cansó de competir.

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Horas después de decidir no continuar en la presentación por equipos, dijo: “Tengo que centrarme en mi salud mental. Tenemos que proteger nuestra mente y nuestro cuerpo y no limitarnos a hacer lo que el mundo quiere que hagamos. A veces realmente siento como si tuviera el peso del mundo sobre mis hombros. Sé que lo olvido y hago que parezca que la presión no me afecta, pero maldita sea, ¡a veces es difícil!".

Usa el plural: “Tenemos que”. Tal vez porque nos está hablando a nosotros y nos incluye. Entre otras cosas, Simone Biles señaló que había sido un año muy difícil. Muchos concordamos con ella.

Es central entender a las figuras destacadas dentro de sus propias historias personales. El agotamiento de Simone Biles se hace mucho más claro a la luz de su propia historia. Se dedico a hacer todo lo contrario a lo que hacían sus padres: disciplina, rigor, orden y entrenamiento. La vida de un adicto es la contracara. Pudo torcer aquel legado.

Pasó toda su niñez y adolescencia atendiendo a rutinas y formas de alimentación específicas. Los flashes del mundo la adoraban y exaltaban. Tenía al mundo detrás de ella. Tenía al mundo encima de ella (y el mundo es pesado cuando uno lo lleva a cuestas).

El éxito, muchas veces, es una trampa. Y eso también nos puede suceder en nuestras compañías. Al caer de lo alto, el golpe que uno se da es mayor.

Saber decir 'basta' es un don enorme que muchos no tienen. Hay que estar entrenado, hay que ser un muy buen líder para saber decir basta. Para reconocer el propio límite, la propia imposibilidad.

Es importante que los líderes reconozcan que sus historias difíciles pueden ser procesos que deben seguir madurando, porque interfieren de algún modo en sus roles profesionales.

Somos una unidad. No tiene sentido dividir incansablemente nuestra vida entre trabajo y familia. Son ámbitos que muchas veces se entrecruzan y que hay que saber respetar en sus individualidades. Somos uno. Cuando nos cansamos, estamos cansados por entero.

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Aprender a cuidarnos se tornó algo esencial durante esta pandemia. Aprender a reconocer nuestro cansancio es clave, porque cuando ponemos límites estamos expresando que queremos nuestra felicidad.

“Tengo fantasmas en mi cabeza”, dijo ayer Biles. ¿Quién no tiene alguno? ¿Quién no puede, acaso, identificarse con el cansancio estructural de esa niña que nació profesional y que ahora es una mujer que vuela?

“Traté de salir a divertirme, pero lo mental no estaba ahí. No me estoy divirtiendo", agregó. Cuánta lucidez para reconocer dónde está el núcleo: si no me divierto, ya no quiero competir.

Ojalá, en nuestras compañías, tengamos cada vez más esa capacidad para reconocer que, además de hacer dinero, además de expandir el negocio, además de mejorar nuestras marcas, nos tenemos que divertir.

Sin sonrisas, sin pasión, sin deseo no hay competencia que valga la pena. Si es sin felicidad, no es negocio.

Quizás, Simone Biles nos enseñó mucho más bajándose que subiéndose al podio, ganando las seis medallas. La vulnerabilidad de los grandes suele susurrarnos mucho más que su éxito.

Nota del editor: Nicolás José Isola es filósofo, master en educación y PhD. Ha sido consultor de la Unesco, actualmente vive en Barcelona y es Coach Ejecutivo, Consultor en Desarrollo Humano y Especialista en Storytelling. Escríbele a nicolasjoseisola@gmail.com y síguelo en Twitter y/o LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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