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Absurdo energético y gorrón climático, ¿queremos eso como destino?

Tiramos dinero de los impuestos para generar energía más cara y contaminar más. No es sólo cuánto nos atrasamos, sino las oportunidades que estamos dejando escapar, considera Rodrigo Villar.
vie 06 agosto 2021 12:14 AM

(Expansión) - El 26 de mayo, en un fallo histórico, una corte de los Países Bajos ordenó a Shell bajar sus emisiones de carbono en 45% antes de 2030. Primera vez que se obliga a una compañía a alinearse al Acuerdo de París. Ocurrió dos días después de que aquí se nos presumiera, como gran hazaña, la compra a esa multinacional de su parte de 50% en la refinería de Deer Park, Texas, para que Pemex sea dueño único y, paradójicamente, asegure así la autosuficiencia energética nacional.

Según datos de nuestro gobierno, el activo valdría 1,200 millones de dólares, 10 veces menos que la refinería que se construye en Dos Bocas, Tabasco, con una producción equivalente.

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El mismo día, los accionistas de Chevron votaron por una reducción sustantiva de emisiones y una firma de inversión famosa por su activismo climático aseguró una representación decisiva en el consejo de Exxon. Parecería difícil encontrar ejemplo más patente del contrasentido de la política energética nacional y el olvido de las responsabilidades con el mayor desafío existencial de la humanidad. Pero no.

Dos meses después, Moody’s degradó nuevamente la deuda de Pemex, que ya estaba en un nivel especulativo de riesgo considerable. La puso a un escalón del rango de alto riesgo y como razón primordial señaló el efecto en el flujo de efectivo de la apuesta en refinación, área que dejó pérdidas de más de 17,000 millones de dólares en tres años.

Además, la dependencia de la respiración asistida de transferencias del gobierno, es decir, del rating de la deuda soberana. ¿La respuesta? Descalificar a la calificadora, acusándola de falta de transparencia, tal como la costumbre de desacreditar al árbitro electoral cuando no hay buenos resultados en las urnas. Y desde luego, clamar que no faltará dinero público para sostener la carrera al despeñadero.

En una carrera muy diferente, al menos 20% de las 2,000 empresas cotizadas en Bolsa más grandes del mundo han hecho algún compromiso de cero-neto en emisiones invernadero, con miles de millones de dólares en inversiones en desarrollo para tal propósito. Ejemplo cercano: Cemex acaba de informar la inversión en Carbon Clean, empresa de tecnología modular de captura y separación de carbono, conforme a su meta de neutralidad al 2050.

Pareciera que no hay semana en que alguna automotriz anuncie su adiós a los motores de combustión interna para ir a los eléctricos. Tan pronto como en 2035 en el caso de GM, por dar un ejemplo. Sin embargo, aquí el objetivo es la autosuficiencia en gasolina, aunque la consigamos con importaciones de la periferia de Houston, de algún modo contabilizadas como nacionales, más CO2 a la atmósfera y más veneno en el aire de nuestras ciudades producto de refinerías y termoeléctricas obsoletas.

La Unión Europea presenta su plan para recortar en 55% su huella de carbono en esta década: además de lo que recién comentamos sobre aranceles contra países que incumplan con los compromisos climáticos, busca sacar del mercado a los automóviles a gasolina y diésel en 15 años e imponer impuestos a combustibles de aviación.

Aquí, nuestro gobierno anuncia que competirá en la distribución de gas LP: a repartir cilindros y llenar tanques en azoteas, cuando en los primeros tres meses del año se duplicó el desperdicio por quema de gas natural en los procesos de Pemex. Como de paso, la Secretaría de Energía reconoce que no llegaremos al compromiso de 35% de generación con fuentes limpias para 2024.

El mismo día que Moody’s degradó la deuda de Pemex por su anacrónico y oneroso apetito refinador, dos de los más importantes fondos de inversión de impacto climático anunciaron posturas récord. TPG, hasta 7 mil millones de dólares de su Rise Climate Fund, a colocar en emprendimientos y soluciones alrededor del mundo. Brookfield, 12.5 mil millones, para erigirse, según PitchBook, como el mayor fondo de capital privado en la materia.

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Pemex es la tercera petrolera más dañina para el medioambiente a nivel mundial

En verdad hay ríos de dinero para inversiones que hagan sentido energético, ambiental y financiero. México debería ser uno de los mayores receptores, justo ahora. En cambio, tiramos dinero de los impuestos para generar energía más cara y contaminar más. No es sólo cuánto nos atrasamos, sino las oportunidades que estamos dejando escapar.

Inundados de sol, nuestro gobierno se empeña en quebrar a los generadores de renovables, justo cuando se confirma que la energía fotovoltaica ya es la más barata de la historia.

Hay que recordar que en 2015 se fijó en París el objetivo de que los países desarrollados proveerían 100,000 millones de dólares anuales en acciones de mitigación y adaptación desde 2020. Se estima que faltó mucho, así que asegurar la meta es uno de los temas candentes en la muy esperada COP 26 en noviembre.

Toda COP es importante, pero ésta lo es muy en especial por esa y otras razones aun más trascendentes o perentorias para la humanidad y, por supuesto, para México. No solo porque se postergó para este año debido a la pandemia. Aun no vemos todo lo que puede costarnos un capricho ideológico y político. Podríamos constatarlo dolorosamente tras la cita de Glasgow.

¿En serio queremos persistir en el absurdo, a riesgo de la bancarrota fiscal y de convertirnos en un Estado renegado climático y gorrón del Acuerdo de París?

Nota del editor: Rodrigo Villar es un emprendedor social y Socio Fundador de New Ventures, donde busca transformar la manera tradicional de hacer negocios y crear un nuevo modelo empresarial que perciba el impacto como status quo. Cuenta con un MBA del Royal Melbourne Institute of Technology y estudió la carrera de Contabilidad y Administración Financiera por el Tecnológico de Monterrey. Síguelo en Twitter y/o en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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