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Informe climático y síndrome de la rana hervida

La trascendencia está en el consenso científico y en dejarlo claro y documentado: es tarde para revertir el daño; no para evitar el peor escenario, apunta Rodrigo Villar.
mar 17 agosto 2021 11:59 PM

(Expansión) - ¿Realmente fue tan especial el sexto reporte del Panel Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático, como sugiere la atención mediática? Más nos valdría. Que no sea un tema más de la agenda pública, entre la dispersión y el ruido del remolino noticioso. Naomi Klein abordó esta problemática global con un gran título de su libro de 2014: “Esto lo cambia todo”. El IPCC lo demuestra en los términos más inequívocos. Nos pone la radiografía como un reto a contrarreloj.

Para la negligencia ante peligros y males graves de efecto retardado es común referir el caso de la rana en la cacerola con agua tibia, calentada tan gradualmente que no siente necesidad de moverse… hasta percatarse que ha sido cocida. Viene de la literatura de autoayuda, no de la ciencia: en realidad, saltaría. Pero es una analogía perfecta del desafío climático. Máxime con un reporte que confirma con contundencia y exactitud nuestra cacerola a fuego lento: ¿nos coceremos a sabiendas?

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No sólo es la advertencia más severa desde el primer informe en 1990, sino la fundamentación más sólida, con modelos perfeccionados y evidencia masiva, particularmente de las vinculaciones del cambio global con eventos extremos y efectos regionales.

Greta Thunberg dijo que no hay sorpresa y tiene razón. Salvo por la certeza con que el informe prueba y precisa. Que en 2 millones de años no hubo tanto dióxido de carbono en la atmósfera como ahora. La década pasada fue la más calurosa en 125,000 años. El nivel del mar se elevó 20 centímetros en un siglo y ahora la tasa del incremento es de 4 milímetros anuales. Sin duda alguna de las causas primordiales: antropogénica, combustibles fósiles.

¿Qué dice en esencia? La síntesis de la Profesora de Sustentabilidad de la Universidad de Lund Kimberly Nicholas es ideal: “Se está calentando. Somos nosotros. Estamos seguros. Es malo. Pero podemos arreglarlo”.

La trascendencia está en el consenso científico y en dejarlo claro y documentado: es tarde para revertir el daño; no para evitar el peor escenario. La Tierra ya es 1.1 grados Celsius más caliente desde la revolución industrial. Las implicaciones son profundas y están aquí. Pero nada comparado con lo que vendría de incumplir el Acuerdo de París: limitar el aumento acumulado a 2 grados.

Según el IPCC, NO lo lograremos al paso que vamos. Da por descontado llegar a 1.5º en menos de 20 años y, de no cambiar la tendencia, rebasar los 2º y probablemente los 3º, hasta 4º al final del siglo. En la ruta de las distopías. Hay dos requisitos para sostener la versión optimista: reducir las emisiones de efecto invernadero hasta cero neto en 2050 y remover cantidades masivas de CO2 del aire con reforestación y nuevas tecnologías de aspirado y captura.

¿Qué tan malo serían los 3º? Un ejemplo ilustrativo conforme al reporte: inevitablemente, antes de 2040, unos 1,000 millones de personas estarán en riesgo ante olas de calor extremas, más intensas y largas y con frecuencias de cada cinco años. Antes del cambio climático se daban cada medio siglo; con los 4º sería una al año.

No sólo es la mayor incidencia e intensidad de sequías que presionan las reservas de agua, la producción de alimentos, riesgos de incendios, plagas, infecciones. Al cruzarse cierto umbral de calor y humedad, el cuerpo humano no puede controlar, vía transpiración, un sobrecalentamiento potencialmente mortal. Científicos del observatorio climático de la Universidad de Columbia han detectado zonas de México, América Central, Golfo Pérsico, India, Pakistán, sur y sureste de Asia que podrían llegar a ese punto mucho antes de fin de siglo. Sitios como Loreto, Baja California Sur, y El Fuerte, Sinaloa, están en el radar de focos rojos bajo estudio.

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Así se ven los incendios en Grecia desde un satélite

Por ese tipo de escenarios es tan valiosa la atención del reporte sobre cómo se está modificando el medio ambiente a escala regional.

Para checar la vulnerabilidad de México, lo mismo ante sequías que huracanes o extinciones de especies vitales como el coral, vale la pena navegar por el Atlas Interactivo que el IPCC subió a Internet, con mapas georreferenciados de impactos y proyecciones de temperatura, lluvias o altura y PH del mar ( interactive-atlas.ipcc.ch ). También para constatar absurdos, y potencialmente delitos de Estado, como liquidar el fondo revolvente de desastres naturales a cambio de gasto corriente y obras como una refinería en zona de inundaciones.

El reporte y su evidencia son un arsenal para políticas públicas más centradas, tanto para mitigación como prevención y adaptación. Igual para una participación proactiva y eficaz de la ciudadanía y organizaciones civiles a nivel local, nacional e internacional; sea con demandas legales contra gobiernos o empresas, o activismo en redes, calles, consejos de administración, mercados. Y es oro molido para el emprendimiento socioambiental y la inversión de impacto y ESG.

Al contrario, pensemos en lo que implica para una política energética tan retrógrada como la de nuestro gobierno: sean litigios de ONGs, sobretasas de interés o aun boicots comerciales. Qué puede esperarse cuando el Secretario General de Naciones Unidas dice que “este informe debe sonar como una sentencia de muerte para el carbón y los combustibles fósiles”.

El IPCC prueba que cada fracción menos en la huella de carbono cuenta contra el desastre. Da en el clavo el llamado del propio António Guterres: código rojo para la humanidad o evitar el destino de la rana hervida. Sobre advertencia no hay engaño.

Nota del editor: Rodrigo Villar es un emprendedor social y Socio Fundador de New Ventures, donde busca transformar la manera tradicional de hacer negocios y crear un nuevo modelo empresarial que perciba el impacto como status quo. Cuenta con un MBA del Royal Melbourne Institute of Technology y estudió la carrera de Contabilidad y Administración Financiera por el Tecnológico de Monterrey. Síguelo en Twitter y/o en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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