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La reivindicación del trabajador en la 'nueva normalidad'

Queda claro algo sobre lo cual estuvimos mucho tiempo confundidos: el trabajo es una actividad, no un lugar, opina Juan Domínguez.
mié 18 agosto 2021 11:59 PM

(Expansión) - En esa necesidad – o necedad -- del ser humano de ponerle nombre a cada cosa, para de alguna manera declarar que existe, hemos acuñado globalmente el término “nueva realidad” como una manera colectiva de coincidir sobre la manera como sean las cosas que conocemos “una vez que pase todo esto”. Se escriben estas palabras cuando estamos en el tercer pico global de contagio por COVID-19, momento en el cual estamos en plena pandemia, pero bajo una premisa social de que lo peor ya ha sucedido.

A pesar de este ocaso inexistente, ya podemos ver con claridad un fenómeno social fascinante: la inversión del contrato social en favor del trabajador. ¿Qué significa esto y qué implica? Un cambio radical en la dinámica laboral que no se daba desde las luchas sindicales de principios del siglo pasado en el mundo. La reivindicación del derecho de negociación individual del trabajador y el cambio en el contrato social.

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Las empresas, hasta hace muy pocos meses, definían las condiciones bajo las cuales contrataban o retenían a un empleado. Estas condiciones tendían a ser rígidas y extenderse al lugar de trabajo, a la vestimenta acordada, inclusive el acceso a determinados lugares dentro del espacio físico. El trabajador, a su vez, no tenía mucha discusión – sólo eventualmente en el salario – y simplemente aceptaba la oferta o la rechazaba.

Esta situación ha cambiado de manera radical y se ha dado un nuevo lugar a la voluntad del trabajador, una especie de reivindicación histórica, un pago de las generaciones pasadas que reciben las nuevas.

El empleado de hoy se divide en dos grandes grupos, un primer grupo que tiene una dependencia del lugar de trabajo, es decir, que no puede realizar la actividad contratada sin que esté en un lugar físico. Un segundo grupo, las nuevas élites laborales, quienes tienen el beneficio de la flexibilidad y de “escoger su lugar y condiciones de trabajo”.

Respecto de estas nuevas “élites laborales”, es muy interesante ver cómo las discusiones, artículos académicos y portadas de revistas globales de negocios de primer nivel gastan estudios y páginas a evaluar la situación de una población que no supera el 12% de la población laboral en América Latina. Es este grupo quien hoy recibe un “derecho” que no existía para poder definir en qué condiciones trabaja, desde qué lugar e inclusive dentro de qué horario.

Aparecen elementos en la mesa que estaban reservados a las empresas y que hoy, de manera increíble se vuelven en razones determinantes para poder contratar o retener un empleado. Las empresas que muestren menor flexibilidad experimentarán una pérdida significativa de competitividad frente a una fuerza de trabajo que ha ganado, y reivindicado, un derecho de negociación y unos derechos que ahora esa “nueva normalidad” le otorga, haya terminado o no la pandemia.

Sin duda alguna, habrá empresas que determinen modelos más rígidos que otras y que, consecuentemente se vuelvan más atractivas para trabajar.

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De startups a Súper Empresas | Expansión Live

Sin embargo, el grupo que no hace parte de estas élites resulta ser la gran mayoría de trabajadores – correspondiente principalmente a los estratos sociales medios y bajos. Pareciera que no existe ese derecho que pueden reivindicar las “élites laborales” y que para este colectivo no hay reivindicación de ningún tipo.

Si bien esto puede sonar posible, es altamente probable que no sea el caso. Tendrán las empresas que desarrollar modelos de flexibilidad por vía de turnos, turnos escalonados, jornadas reducidas y sin duda el desarrollo de tecnología para trabajo remoto. Aún así permanecerá la gran parte de la población laboralmente activa por fuera de esta élite, pero pudiendo escoger opciones externas, con una pérdida sensitiva de la empresa sobre el poder de retención.

Cuando se estudian las reglas más básicas de la oferta y la demanda, y se aplican a este caso, será bien posible que los trabajos menos flexibles también tengan su reivindicación por vía de un mayor valor del salario, para compensar por la rigidez esperada del rol o la ocupación.

Así las empresas más flexibles competirán por vía de modelos de trabajo y las que son menos tendrán que hacerlo por vía de beneficios y dinero. Esto implica un nuevo “derecho” que tienen los trabajadores de hoy, en una nueva normalidad que ni sabemos de qué se trata, en pleno pico de una pandemia que parece cambiar todo, pero sin acabarse.

Queda claro, sin embargo, algo sobre lo cual estuvimos mucho tiempo confundidos: el trabajo es una actividad, no un lugar.

Nota del editor: Juan Domínguez ha tenido una carrera de más de 20 años en áreas de Recursos Humanos en las industrias de consumo masivo, aviación y servicios financieros. Hoy es CEO de hh red colaborativa. Es abogado con estudios de ciencia política y desarrollo humano en Cornell University, University of Notre Dame, University of Asia and the Pacific, Pontificia Universidad Javieriana el ITESM. Es consultor, autor y profesor universitario. Escríbele a juan@juandominguez.red y/o síguelo en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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