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Liderazgo con sentido humano

Liderar es compartir conocimiento, experiencia y pasión. Se trata de transmitir, no solo las ideas, sino más aún las convicciones, apunta Guillermo Fournier.
vie 27 agosto 2021 12:07 AM

(Expansión) - Si las crisis constituyen coyunturas propicias para repensar paradigmas y llevar a cabo ejercicios de reflexión respecto del status quo, claro está que el concepto de liderazgo merece ser revisado a profundidad. Los tiempos difíciles -como los que atravesamos en el presente- exigen de tomadores de decisiones eficaces para hacer frente a la adversidad; empero, quizá de mayor trascendencia, será el papel de aquellos líderes que conducirán los destinos del mundo post-pandemia.

Los desafíos propios del siglo XXI demandan una nueva generación de personas capaces de asumir la responsabilidad de emprender el cambio, abrazándolo como un terreno de oportunidad para construir desarrollo y crecimiento en beneficio de las sociedades, de la mano de la innovación, el talento y el trabajo colaborativo.

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Paradójicamente, en un entorno de transformación tecnológico-industrial, donde la automatización y la inteligencia artificial se posicionan como las grandes protagonistas de un futuro cada vez más cercano, las habilidades blandas -humanas por naturaleza- como la comunicación efectiva, el trabajo en equipo, y el pensamiento ético, serán enormemente valoradas en los ámbitos laborales y profesionales.

Nuestra noción de liderazgo también ha evolucionado a través de las décadas, aunque la recesión económica del 2008 y la actual crisis pandémica, sin duda, se convirtieron en catalizadores de cambio. A continuación se abordan puntos relevantes que todo líder debe considerar en el propósito por mejorar sus cualidades de gestión:

Existe un falso dilema según el cual el directivo o jefe debe elegir entre productividad y trato humano. De acuerdo con esta idea, las personas colaboradoras de la empresa u organización son meros medios para obtener utilidades. Así, bajo el argumento de que los resultados son lo único que cuenta, no se atiende la dimensión humana. Si un elemento del equipo no funciona, simplemente se desecha enseguida, pasando por alto las causas de su aparente rendimiento insuficiente.

Desde luego, estas prácticas son insostenibles dentro de cualquier corporación o institución, pues invariablemente implican someter a los trabajadores a elevadas dosis de estrés. Cuando no se cubren necesidades humanas como el reconocimiento y el sentido de pertenencia, el burnout tiende a aparecer, orillando a la gente a abandonar la empresa.

El liderazgo con sentido humano comprende que es imprescindible crear un entorno laboral cimentado en determinados principios y valores compartidos; con una misión y una visión bien definidas; el líder auténtico sabe que el propósito debe estar arraigado en la mente de cada miembro del personal.

Es bastante conocida aquella anécdota ilustrativa que relata la respuesta que obtiene un turista curioso al preguntar a tres albañiles distintos sobre la construcción de un edificio en obra: el primero de ellos responde que su tarea consiste en colocar un ladrillo sobre otro ladrillo; el segundo de ellos contesta que trabaja para terminar de levantar una pared; por último, el tercero afirma con orgullo atendiendo la pregunta que se encuentra construyendo una grande y bonita catedral.

Un líder es un motivador, un mentor. También debe ser un ejemplo para los demás, y un guía -sobre todo al transitar por situaciones de crisis-. El auténtico liderazgo reconoce que las empresas son lo que son, en última instancia, por la calidad de las personas que las conforman. Las organizaciones exitosas precisan de sujetos con estas aptitudes para crecer, adaptarse al cambio, y consolidar objetivos.

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Nelson Mandela, quien fuera Premio Nobel de la Paz y presidente de Sudáfrica; Robert Iger, CEO de Disney Company; y Sir Alex Ferguson, uno de los mejores entrenadores de futbol de todos los tiempos, son líderes distinguidos por su sensibilidad humana. Ellos dan testimonio de lo lejos que puede llegar un sueño, una empresa, o un proyecto cuando se forja un ambiente de solidaridad, empatía y cooperación, aunado al talento del grupo.

Liderar es compartir conocimiento, experiencia y pasión. Se trata de transmitir, no solo las ideas, sino más aún las convicciones. Como se puede observar, estos son elementos que comprenden la dimensión humana. Quizá el más importante de los ingredientes en la fórmula de un equipo exitoso sea el más humano de todos: la confianza.

Siguiendo el método de la compañía Netflix, el talento solo puede gestionarse correctamente cuando se abarca la dimensión humana y las necesidades particulares de cada colaborador. Por ello, la clave del crecimiento y solidez del gigante de streaming de acuerdo con su fundador y director ejecutivo, Reed Hastings, es la armonía entre libertad y responsabilidad. Es decir, la cultura de la confianza en sentido amplio.

El nuevo liderazgo dejará atrás las prácticas de frivolidad y rigidez, para adoptar atributos como la sensibilidad y la flexibilidad creativa. Los líderes del mañana emplearán los recursos tecnológicos a su alcance, sin perder de vista el valor de la comunicación y la colaboración humana. El compromiso ético y la labor de inclusión serán los aliados del líder transformador.

Nota del editor: José Guillermo Fournier Ramos es docente en la Universidad Anáhuac Mayab. Vicepresidente de Masters A.C., asociación civil promotora de la comunicación efectiva y el liderazgo social. También es asesor en comunicación e imagen, analista y doctorando en Gobierno. Síguelo en Twitter y en LinkedIn . Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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