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Las crisis como laboratorios de futuro

La educación del futuro se enfocará en el conocimiento útil, el desarrollo de habilidades blandas, y la orientación ética del talento, opina Guillermo Fournier.
vie 13 agosto 2021 12:00 AM

(Expansión) - El exministro de Finanzas del Gobierno de Grecia y autor de best-sellers, Yanis Varoufakis, al referirse a las sacudidas económicas ocasionadas por el crac financiero de 1929, la Segunda Guerra Mundial, y la recesión global del 2008, ha señalado que tales sucesos fungieron en nuestra historia moderna como laboratorios de futuro.

Con esto, el polémico economista busca poner énfasis en el carácter transformador propio de los tiempos en los que apremia la incertidumbre, la volatilidad, e incluso la confusión. Cuando el status quo se ve comprometido por crisis sociales, financieras o de salud pública, los paradigmas tienden a resquebrajarse o, al menos, a ser puestos en tela de juicio.

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Pues bien, así como en nuestros días seguimos hablando y discutiendo sobre eventos que ocurrieron hace 70 años o más (las dos guerras mundiales del siglo XX, por citar sendos ejemplos) por su relevancia e influencia notable en el curso histórico de la humanidad, con toda certeza, dentro de siete décadas la pandemia de la COVID-19 aún será estudiada y analizada como hito de graves implicaciones.

Suele decirse, con mucha razón, que para comentar acontecimientos que marcan el rumbo de la historia, hace falta la perspectiva que solo puede otorgar el transcurso del tiempo.

No obstante, siendo que la historia se escribe precisamente en el presente con palabras, proyectos y acciones, considero oportuno hacer un esfuerzo por identificar los cambios que ya se encuentran en marcha en este laboratorio de futuro en el que estamos inmersos ahora mismo. Y es que, en efecto, las crisis aceleran las tendencias transformadoras y las pulsiones de cambio.

Ciencia y tecnología. Los seres humanos como especie nunca hemos estado exentos de crisis; las amenazas que acechan la fragilidad de la vida han estado presentes desde antaño. Los desastres naturales, las enfermedades y la misma inestabilidad social producto del conflicto no son novedad alguna.

Empero, la era contemporánea nos ofrece herramientas poderosas para hacer frente a las diversas adversidades que nos aquejan. La tecnología digital y el progreso de la investigación científica sin precedentes en los últimos decenios abren una ventana de oportunidades inimaginables para generaciones anteriores.

Hoy podemos predecir fenómenos meteorológicos, comunicarnos de manera fluida sin importar las barreras de la distancia, o desarrollar vacunas contra virus emergentes en apenas unos cuantos meses.

Sin duda, los avances tecnológicos (particularmente la automatización y la inteligencia artificial) desempeñarán un rol protagónico dentro de los cambios de paradigma en los entornos sociales, económicos y políticos.

Conducir con responsabilidad la dirección y fuerza del desarrollo tecnológico es indispensable, ya que su propósito genuino debe ser el de emplear la ciencia para mejorar la calidad de vida de las personas.

Medio laboral y educación. Las maneras de interactuar entre pares se han modificado sustancialmente como resultado de la necesidad del distanciamiento social para mitigar la propagación del SARS-Cov-2.

Lo interesante es que, si bien la reactivación económica paulatina ha dado la opción de que los trabajadores y profesionistas retornen al espacio físico de la oficina, son múltiples las empresas que han decidido continuar con la modalidad del home office, así como impulsar la organización de convenciones a través de plataformas digitales y, sobre todo, repensar las dinámicas relativas al espacio laboral.

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Las escuelas y universidades, a su vez, han adaptado sus programas académicos al aula virtual y los recursos tecnológico-digitales. Aunque el reto es mayúsculo, lo cierto es que la clave radica en poner el énfasis en las necesidades del alumno como agente de aprendizaje.

Romper esquemas exige de una enorme dosis de innovación y creatividad, elementos que hacen falta para llevar a la educación hacia los horizontes que requiere el dinámico contexto actual.

La educación del futuro se enfocará en el conocimiento útil, el desarrollo de habilidades blandas, y la orientación ética del talento.

Desafíos y colaboración. Las crisis dejan al descubierto las debilidades de la raza humana; nos recuerdan con contundencia que nuestras fortalezas son endebles. Esta noción de relativa vulnerabilidad, a la vez, nos recuerda que precisamos del apoyo y la solidaridad de terceros.

Ahora sabemos mejor que nunca que una crisis que surge al otro extremo del globo tiene la probabilidad de convertirse en un fenómeno de repercusiones gigantes en el planeta entero. La coordinación es imprescindible para gestionar riesgos; en la medida en que somos capaces de organizarnos en torno a un objetivo, las posibilidades de éxito aumentan.

Las crisis son laboratorios de futuro porque nos obligan a replantear preconcepciones, superar complejos, y potenciar nuestras capacidades al límite.

Sin embargo, hay que afrontar los retos con valentía, pues imaginar escenarios alternativos y actuar en consecuencia no es tarea sencilla.

Las decisiones difíciles que conducen hacia el futuro requieren de liderazgo, trabajo en equipo y visión. Identificar oportunidades y aprender lecciones es crucial en este sentido.

Nota del editor: José Guillermo Fournier Ramos es docente en la Universidad Anáhuac Mayab. Vicepresidente de Masters A.C., asociación civil promotora de la comunicación efectiva y el liderazgo social. También es asesor en comunicación e imagen, analista y doctorando en Gobierno. Síguelo en Twitter y en LinkedIn . Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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