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Repensar el fracaso como parte del camino al éxito

Si no te equivocas nunca, eso significa que quizá no estás innovando lo suficiente, lo cual conduce al rezago, considera Guillermo Fournier.
sáb 17 julio 2021 12:08 AM

(Expansión) - En los negocios como en la vida naturalmente buscamos obtener triunfos. La expectativa de todo profesional y de cualquier empresa es lograr un determinado posicionamiento, destacar sobre la competencia y alcanzar el éxito.

Se trata de una pulsión poderosa que nos invita a aspirar a más. Cuando el propósito por crecer y mejorar es legítimo el afán por ser exitosos sin duda contribuye al desarrollo individual y organizacional.

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Considero que parte de la desorientación de algunos empresarios y profesionistas, así como la escasa motivación por innovar de muchas organizaciones, y el aborto prematuro en un sinfín de proyectos de emprendimiento, tienen que ver con la pobre noción que aún se extiende respecto del fracaso.

El dinamismo implacable del mundo contemporáneo nos ofrece una construcción de la realidad dentro de la cual todo debe llevarse a cabo de manera inmediata. Acceder a información con un buscador en Internet; comprar productos en línea con un solo clic; enviar mensajes instantáneos mediante plataformas digitales; por mencionar unos ejemplos.

En la era del siglo XXI nos hemos acostumbrado a las ventajas de la hiperconectividad, al tiempo que restamos, casi sin darnos cuenta, nuestra capacidad de postergar la recompensa.

Desde luego, el riesgo consiste en que cada vez a las generaciones jóvenes les cueste más trabajo tolerar la frustración ante elevadas expectativas de inmediatez, ya no únicamente en el plano virtual, sino en cualquier actividad de desempeño.

Y es que el éxito no suele llegar enseguida, sino que se construye con tiempo y sacrificio. Basta consultar las biografías de los personajes más célebres para corroborar esta afirmación. ¿Cuántas veces fracasó Jack Ma de Alibaba antes de convertirse en uno de los empresarios más ricos del planeta? ¿En cuántas ocasiones J.K. Rowling fue rechazada por casas editoriales antes de publicar Harry Potter? Las respuestas nos sorprenderían.

Claro está que, si no se dispone de la habilidad necesaria para reponerse a situaciones adversas, el éxito jamás llegará. Los obstáculos son inevitables y solo quien ve en ellos oportunidades para fortalecerse tiene madera de líder y emprendedor. A esto se le llama resiliencia.

Los atajos no existen cuando hablamos del camino al éxito; quien toma senderos obscuros de la mano de trampas, actos desleales y conductas antisociales, quizá obtenga un reconocimiento o satisfacción efímeros, pero su supuesto éxito no será sostenible.

Fracasar no solo es parte del éxito, sino que los contratiempos eventuales se tornan precisamente en grandes maestros cuyas lecciones fortalecen a quienes saben aprovecharlas. Por el contrario, entender el fracaso como una condición irreversible es potencialmente letal para un emprendedor en ciernes o una organización emergente.

El expresidente y líder sudafricano, Nelson Mandela, solía repetir con firmeza: “yo nunca pierdo; o gano o aprendo; gano cuando las cosas salen según lo planeado, y aprendo cuando me doy cuenta de que estaba equivocado”. Por supuesto, es posible y deseable aplicar la sabiduría de Mandela en nuestro día a día; es cuestión de enfoque.

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Así han cambiado las empresas con el teletrabajo

Si se entiende el fracaso como un mal terrible que lleva a la desgracia y la perdición, entonces ese miedo acabará por paralizarnos, evitando que tomemos riesgos necesarios para crecer y madurar. El miedo a fracasar aniquila la innovación en cualquier organización. Emprender e innovar requiere de audacia, incluso de atrevimiento; la creatividad precisa de explorar nuevos caminos y trazar horizontes más allá de lo convencional.

Líderes creativos como Jeff Bezos de Amazon, y Steve Jobs de Apple, han dado testimonio de la importancia de fracasar de vez en vez como única vía para asegurar el aprendizaje y el desarrollo de talento indispensables para obtener resultados de alto impacto. En otras palabras, si no te equivocas nunca, eso significa que quizá no estás innovando lo suficiente, lo cual conduce al rezago.

Así, instaurar una cultura de la confianza dentro de la organización donde no se estigmatice a quien comete algún desliz o realice una mala apuesta, y se otorgue capacidad de decisión y sentido de responsabilidad, es fundamental para que la creatividad florezca.

Un auténtico líder sabe que nunca un marinero se ha vuelto experto en un mar en calma. Aprender a lidiar con las crisis es parte del éxito; liderar es tomar decisiones de peso y establecer ambientes de colaboración eficientes, mediante la alineación del talento y compromiso de los integrantes del equipo de trabajo hacia objetivos claros.

Repensemos el fracaso, ya no como debacle o tragedia, sino como lecciones valiosas que nutren nuestro bagaje y nos dotan de herramientas listas para ser empleadas más adelante. Solamente es derrotado aquel que no hace por levantarse; los tiempos recios forjan el carácter de personas y empresas. Madurar es crecer, y fracasar es parte de ese proceso por medio del cual se consigue la madurez.

Nota del editor: José Guillermo Fournier Ramos es docente en la Universidad Anáhuac Mayab. Vicepresidente de Masters A.C., asociación civil promotora de la comunicación efectiva y el liderazgo social. También es asesor en comunicación e imagen, analista y doctorando en Gobierno. Síguelo en Twitter y en LinkedIn . Las opiniones expresadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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