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El muro del sur

El fenómeno migratorio que atraviesa nuestro país corre peligro en cada paso que da; sin embargo, el impulso que lo sostiene es tan potente que supera cualquier obstáculo, considera Antonio Michel.
vie 24 septiembre 2021 12:10 AM

(Expansión) - En su campaña presidencial de 2016, Donald Trump lanzó críticas pulverizantes contra México. Incluso, una de sus promesas insignia fue la construcción del famoso muro en la frontera norte de nuestro país. La mayoría de los mexicanos se sintió agredida por los adjetivos con los que nos calificaba el candidato republicano.

El asombro se magnificó tras el triunfo en las elecciones, pues implicaba que muchos estadounidenses votaron por él a sabiendas de sus propuestas de interponer una pared que obstaculizara los cruces fronterizos.

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A pesar de describir su gobierno como humanista, López Obrador ha puesto en marcha políticas públicas y estrategias de seguridad en la frontera sur de México que no sólo frenan la migración, sino que atentan en contra de su integridad y sus derechos humanos.

Quizá nuestro mandatario nunca haya hecho patente en su discurso edificar una barrera como la de Trump. No obstante, en los hechos, el gobierno de México instrumentó un muro humano en nuestra frontera sur que tiende más a la agresión que a la contención.

La crisis migratoria de nuestro país ha alcanzado nuevos récords en 2021. Por un lado, los factores de empuje se han multiplicado con la pandemia, la crisis económica y el alza en la inseguridad en la región.

Respecto de Estados Unidos, el gobierno de Joe Biden, en un afán de contrastar la visión anti-inmigrante de su antecesor, anunció una serie de promesas que parecerían favorecer la migración, como ciudadanía para 11 millones de inmigrantes irregulares o una mayor laxitud en las solicitudes de asilo. No debe sorprender que las cifras de detenciones en la frontera entre México y EE.UU. hayan alcanzado un máximo histórico en julio de este año (213,000).

Ante esta bomba de tiempo, México ha recibido presión de Washington, tanto del gobierno de Trump como el de Biden, para frenar los flujos provenientes de Centroamérica, los cuales han superado en tasas a la emigración mexicana desde hace años.

Por ello, la parte mexicana que inició su mandato con la bandera de una visión humanitaria hacia la migración, desde junio de 2019 ha desplegado tropas a lo largo de la frontera sur. En efecto, los números de centroamericanos que lograban la travesía hacia el norte bajaron drásticamente al inicio; a un costo quizá más alto que el económico.

En este contexto, el secretario de la Defensa Nacional, Luis Cresencio Sandoval, anunció esta semana que, en el Plan de Migración y Desarrollo en las Fronteras Sur y Norte, participan 28,000 elementos de las Fuerzas Armadas (13,000 del Ejército, 900 de SEMAR y 14 de la Guardia Nacional).

Sin menoscabo de su profesionalismo, estos elementos no están capacitados para contener la migración sin incurrir en violaciones flagrantes de los derechos humanos de las personas.

Además, la “contención” (como dice el presidente) no inhibe la migración, ni salvaguarda a los migrantes. Por un lado, los orilla a buscar rutas alternas, menos transitadas, que suelen ser más peligrosas. Por otro, los hace víctimas de los abusos por parte de las autoridades mexicanas, como se ha evidenciado en videos que circulan por redes sociales.

Aquéllos que se libran de eso, corren con la suerte de caer en los brazos del crimen organizado. La propensión a ser víctimas de trata, extorsión, secuestro, violaciones, robo y homicidio se dinamita ante los vacíos del sistema migratorio mexicano.

El Instituto Nacional de Migración (INM) y la Guardia Nacional no cuentan con mecanismos para registrar los cruces irregulares ni para dar un seguimiento formal a las rutas. En números, de enero a agosto de 2021, las autoridades migratorias estadounidenses registraron 1.3 millones de detenciones en la frontera con México. En el mismo lapso, el INM reportó haber “rescatado” 147,000 migrantes en condición irregular a lo largo de la República.

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Se busca un acuerdo para controlar la migración irregular entre México y EEUU

Al hacer la resta de los eventos de aquéllos que llegaron a la frontera norte y los que fueron detenidos en el trayecto, aproximadamente un millón de personas permanecen en nuestro territorio, sin la atención y la protección adecuadas. El tramo más corto entre la frontera sur y la norte es de 1,800 km, por lo que cuesta pensar que ninguna autoridad mexicana registre a los cientos de miles que logran la travesía.

Más allá del asombro causado por las cifras, los gobiernos deben voltear la mirada hacia el rostro humano de la migración. La pobreza extrema, el cambio climático, la crisis sanitaria y la violencia sistémica en los países de origen hacen más atractiva la migración que la alternativa de quedarse – a pesar de los riesgos y los costos que ello implique.

Un “coyote/pollero” cobra aproximadamente 6,000 dólares por persona para llegar de Centroamérica a Estados Unidos. Ante el peligro inminente de cruzar un territorio plagado de crimen organizado, la trata de personas – y la extorsión para cobrar la cuota – son la opción más viable.

La expulsión de migrantes a causa de las medidas impuestas por Washington, como “Permanece en México” o el Título 42, mediante el cual pueden retornar a México a quienes crucen de manera irregular, ha saturado las ciudades fronterizas del norte.

Por lo tanto, han optado por enviar vuelos con algunas de estas personas hacia el sur de México, pues el presidente López Obrador ha dicho que prefiere que permanezcan más seguros allí. Sin embargo, esto ha culminado en hacinamiento y condiciones inhumanas a las que se exponen las personas migrantes.

Tan sólo Chiapas alberga a más de 40,000 personas en esta situación. Al formar caravanas para huir de esa situación, las Fuerzas Armadas las disuelven con violencia o el INM busca el retorno a sus países de origen. En ningún lado se encuentran seguras.

El fenómeno migratorio que atraviesa nuestro país corre peligro en cada paso que da; sin embargo, el impulso que lo sostiene es tan potente que supera cualquier obstáculo.

Los motivos de la migración no cesarán con opresión. Los planes de inversión en Centroamérica, como el de Washington y la CEPAL, atacarán los problemas raíz de la migración, pero sus resultados tardarán años en florecer.

Hay que actuar ante la crisis migratoria actual, que cada vez se vuelve más humanitaria. Será imposible voltear a ver el rostro humano de la migración mientras que el muro que lo eclipsa sea también humano.

Nota del editor: Antonio Michel estudió Relaciones Internacionales en el ITAM, donde es profesor, y tiene una Maestría en Administración Pública por la Universidad de Maxwell. Trabajó casi 7 años en la Administración Pública Federal, en las secretarías de Relaciones Exteriores, Desarrollo Social, Energía y Gobernación. Su pasión son los asuntos internacionales, los asuntos políticos y la administración pública. Síguelo en Twitter y en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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