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Los 'coders' son los nuevos constructores de puentes

Se ha dicho y hay que volverlo a decir: no hay tal cosa como una empresa de tecnología. Hay personas, organizadas como empresa, que sirven a personas a través de la tecnología, apunta Juan Domínguez.
vie 15 octubre 2021 12:07 AM
digitalización empresarial
Es en las manos y el ingenio de estos genios de los algoritmos que yace la conexión, el hilo conductor, entre lo humano y lo digital, señala Juan Domínguez.

(Expansión) - En una entrevista de trabajo se le preguntó al candidato si tenía alguna pregunta. Esta es una vieja y eficiente técnica para entender el grado de abstracción, pertinencia y conocimiento de quien se postula a una posición. Este candidato, sin embargo, hizo una pregunta rara a quien manejaba la tecnología de la empresa: ¿cuántas líneas escribe un “coder” por hora?

La respuesta, de darse, solo podría ser objetivizar al ser humano, considerarlo una máquina de producción a velocidad. La pregunta es en esencia ofensiva y la respuesta imposible para quien considere al trabajo como fuente de dignidad.

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Antes que nada, entendamos qué es un “coder” o programador: se trata de una persona que diseña, escribe y prueba códigos para plataformas de software o aplicaciones móviles. Generalmente se requiere dominar varios lenguajes de programación que interactúan unos con otros.

Se trata pues de los modernos escritores de códices que convierten líneas de letras, signos y números en sistemas vivos, que funcionan y dan vida a un producto y, en consecuencia, conectan a quienes los venden con los usuarios finales. De manera poética, son unos artistas que desde su ingenio y conocimiento crean funcionalidades que no existen, conectan lo digital con lo humano.

En efecto, estos profesionales maravillosos gastan horas de horas para crear las obras de arte que definen nuestro mercado digital; comunican una aplicación con otra, crean conexiones que antes no existían y que hoy son vitales. Por poner un ejemplo simple, desde hace muchos años existen los vehículos, desde la prehistoria la necesidad del ser humano de transportarse, y desde hace unas décadas la geolocalización.

Alguien concibió que, si se juntan esas tres cosas, existentes y usadas, se podría crear un sistema de transporte a la medida del usuario y en la mano del mismo – a través de su teléfono celular. Esta conexión nace del ingenio y se convirtió en una de las aplicaciones mas usadas en el mundo gracias a estos políglotas de lenguajes cifrados que permitieron unirlos.

Al analizarlo sin mayor detalle, nos damos cuenta que este trabajo que pareciera mecánico y hecho a destajo – un simple servicio que se ofrece el mercado – es mucho mas que eso. Es en las manos y el ingenio de estos genios de los algoritmos que yace la conexión, el hilo conductor, entre lo humano y lo digital. Si decimos, como lo hacemos, que el futuro inmediato de la humanidad está precisamente en poner al ser humano al centro de todo lo que hacemos, los codificadores son y serán la causa eficiente de este milagro.

Los perfiles de estos profesionales están normalmente narrados como autómatas, carentes de habilidades sociales, simplemente como productores de jeroglíficos en pantallas negras cuyo texto nadie entiende. Pero son estos hombres y mujeres, y su trabajo, lo que realmente nos conecta como seres humanos.

Por ello mismo resulta paradójico que no haya un interés en desarrollar en estos equipos “habilidades blandas” sino verlos como máquinas productivas medidas por resultados casi industriales.

¿Qué tipo de resultado obtendríamos si a todas estas personas de las áreas de producto y tecnología – presentes hoy en casi todas las empresas – las habilitamos con un entendimiento profundo de la humanidad, de la persona y sus emociones? ¿Qué pasaría si en cada línea estuviera la consciencia del usuario final, el entendimiento del propósito de su trabajo? Mas aún, ¿Cómo se revaluaría este rol para quien, sabiendo programar, entiende las necesidades especificas y se pone en el lugar de ese usuario final para quien trabajan?

Se ha dicho y hay que volverlo a decir: no hay tal cosa como una empresa de tecnología. Hay personas, organizadas como empresa, que sirven a personas a través de la tecnología.

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De la misma manera que cuando comemos una fruta no nos damos cuenta del trabajo del agricultor en sembrarla, nutrirla y cosecharla, estamos cayendo en lo mismo. Vemos los sistemas, el software y las aplicaciones como “cosas”, valdrá la pena distinguir entre estas “cosas” que fueron creadas como objetos (“los productos”) y aquéllas, las que van a ganar la carrera, que fueron creadas como una interfaz humana, por humanos para servir necesidades humanas.

Y una vez entendamos esto, que no tiene mucha dificultad, entenderemos la importancia de desarrollar a todos estos políglotas que hacen este trabajo que hoy parece simplemente una mercancía, en habilidades cada vez más cercanas a los sentimientos y a las emociones.

Estamos en presencia de gente que no vemos, que quizás ni siquiera sabemos que existe, y que son los nuevos constructores de puentes entre lo digital y lo humano. Quienes nos ayudarán a poner orden en esta nueva Torre de Babel, y servirán como el hilo esencial entre la persona y lo digital. Serán quienes cierren esa brecha, una especie de lazarillos anónimos para afrontar esta realidad que vivimos.

Si queremos objetos, pensemos en el trabajo como mercancía. Si queremos soluciones humanas, aseguremos que estos traductores hablan y entienden el lenguaje de las emociones. En la humanización de esta labor está el futuro.

Esta es solo una muestra más de las profundidades que nos exigirá el camino hacia la humanización, y entenderemos que en los dedos de estas mujeres y de estos hombres está, hoy, la capacidad de construir milagros.

Nota del editor: Juan Domínguez ha tenido una carrera de más de 20 años en áreas de Recursos Humanos en las industrias de consumo masivo, aviación y servicios financieros. Hoy es CEO de hh red colaborativa. Es abogado con estudios de ciencia política y desarrollo humano en Cornell University, University of Notre Dame, University of Asia and the Pacific, Pontificia Universidad Javieriana el ITESM. Es consultor, autor y profesor universitario. Escríbele a juan@juandominguez.red y/o síguelo en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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