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¿Liberación financiera o nuevas servidumbres? Esa es la cuestión

La digitalización y la inteligencia artificial sirven en la evaluación crediticia: liberan de costos y barreras burocráticas, apunta Rodrigo Villar.
sáb 23 octubre 2021 12:00 AM
Liberación financiera
La tecnología financiera debe despojar de coartadas al lucro, señala Rodrigo Villar.

(Expansión) - El concepto de riqueza en la base de la pirámide, bien entendido, debería ser el punto de confluencia de la revolución fintech y la inclusión financiera. No se trata sólo de abrir cuentas y créditos. Hay que poner en el centro el sentido de la inclusión: la salud financiera como vía de liberación de limitaciones. Y sin que por las puertas abiertas se cuelen nuevas servidumbres, sean mecanismos renovados de usura o de clientelismo político. Nunca olvidarnos del “para qué”.

El creador de la teoría, C. K. Prahalad, llamó la atención de que la exclusión era una oportunidad masiva desaprovechada, pero siempre en el contexto de una tragedia: ser pobre sale muy caro. Su llamado no fue “explota su necesidad”, sino “ayúdalo a superarla y crece con él”. La tecnología financiera debe despojar de coartadas al lucro con esa “prima por pobreza”.

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Para eso sirve la digitalización y la inteligencia artificial en la evaluación crediticia: liberan de costos y barreras burocráticas. O las API para la banca abierta: liberan datos para su intercambio y el desarrollo de productos integrados a la medida. En un paso más, al embedded finance: todo negocio, de cualquier sector, como proveedor o canal de servicios financieros.

Modelos como el de “abonos chiquitos” pero con intereses estratosféricos deberían extinguirse rápidamente ante la gran promesa fintech: abatir costos, distancias, tiempos, cotos oligopólicos, asimetrías de información.

No es para menos que los bancos de India acaben de lanzar un agregador nacional de datos para hacer del open banking una súper palanca de innovación y democratización financiera, la siguiente fase de la evolución fintech. En alusión a esta disrupción tecnológica, Amiyatosh Purnanandam, profesor de finanzas de la Universidad de Michigan, recuerda que el negocio bancario, en esencia, es resolver fallas de información entre prestatarios, ahorristas y otros participantes del mercado.

Ahí es donde adquiere todo su sentido la intersección entre inclusión, educación y salud financiera, más allá de la acción regulatoria. Y de ahí la trascendencia de un proyecto como Finnsalud, organización sin fines de lucro respaldada por la Fundación MetLife, que tiene a México como piloto. El antecedente son las encuestas globales que ésta última viene realizando con Gallup: prendieron focos preventivos sobre los riesgos colaterales del incremento exponencial de la oferta y detonaron esfuerzos para generar estándares y herramientas de medición como los del Financial Health Network, a lo que se añadió el desarrollo de ciencias del comportamiento aplicadas.

Con esas experiencias y estudios locales, Finnsalud llegó a un enfoque de cuatro dimensiones: ser financieramente sano implica poder planear y asignar presupuesto a las cuentas cotidianas; igual, pero para metas de largo plazo y objetivos de vida; tener resiliencia frente a altibajos y emergencias; y autonomía y capacidad para tomar decisiones financieras. Parece obvio, pero tenerlo presente hace toda la diferencia en una política pública o un producto financiero.

A partir de ese punto de partida se concibió un concepto de clínica (diagnóstico + tratamiento) que incluye una API de Whatsapp para que cooperativas de ahorro y crédito hagan encuestas e interactúen con sus socios, con un algoritmo para determinar puntajes y recomendarles productos, usos correctos, alertas ante riesgos o patrones de sobrendeudamiento.

Aquí hay un área de oportunidad enorme para la innovación. Algo similar sería de esperar de fintechs, bancos tradicionales y empresas de todo tipo que incorporan instrumentos financieros, sean seguros o crédito para vender viajes o autos usados: el foco en la salud financiera desde la concepción del valor agregado y el onboarding para abrir una cuenta.

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Eso hemos buscado con el Proyecto SUMA que estamos implementando gracias a un donativo otorgado por la Fundación MetLife para motivar y ayudar a emprendedores sociales a incorporar las ciencias del comportamiento y así fomentar la salud financiera de más y más personas en México. Por ejemplo, en los esfuerzos de la caja popular ACREIMEX, para que quienes reciben un crédito abran una cuenta de ahorro; los de Fundación Capital, para la adopción de pagos digitales en locales; la app de educación financiera Alfi o los proyectos autogestivos de comunidades apoyados por la iniciativa Power Pa'l Pueblo.

Son cuestiones que a veces parecen pequeñas, pero pueden realmente cambiar favorablemente la vida de la gente. Como en iniciativas orientadas a mujeres en situación o riesgo de maltrato, al incluir el respaldo para abrir una cuenta de banco y crédito a fin de romper las cadenas de dependencia de sus agresores. No solo es incorporar las finanzas a su vida, sino asegurarse, junto con ellas, de que sea en su beneficio: que tapar unos problemas no implique destapar otros.

Lo que buscamos es que los emprendedores sociales, máxime cuando involucran instrumentos financieros en sus modelos, incorporen procesos para entender los sesgos conductuales de sus usuarios o beneficiarios, y en general de los seres humanos, a fin de abordarlos asertivamente. Un caso: si nos inclinamos al hoy y olvidamos de ahorrar, crear un sistema que se ocupe de ello automáticamente, como un salvavidas ante nuestra procastinación. Y mejor aún con un traje a la medida a partir de cuestionarios sencillos que permiten a las personas participar en la confección de su solución específica.

El llamado es claro. No debe ganar el modelo que más exprima al usuario, sino el que más le ayude a liberarse de ataduras, lograr la salud financiera y sus objetivos de vida. Es lo justo y un negocio más rentable tomando en cuenta a todas las partes interesadas.

Nota del editor: Rodrigo Villar es un emprendedor social y Socio Fundador de New Ventures, donde busca transformar la manera tradicional de hacer negocios y crear un nuevo modelo empresarial que perciba el impacto como status quo. Cuenta con un MBA del Royal Melbourne Institute of Technology y estudió la carrera de Contabilidad y Administración Financiera por el Tecnológico de Monterrey. Síguelo en Twitter y/o en LinkedIn . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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