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#Entrelíneas | El misterio (aún) sin resolver de COVID-19

De pronto pareciera que hay una batalla entre los especialistas de las diferentes especialidades médicas en ver quién anuncia la siguiente desgracia, señala Jonathán Torres.
lun 22 agosto 2022 06:02 AM

(Expansión) - Pobres pacientes. Su historia, después de COVID-19, puede traer consigo otras consecuencias: un mal diagnóstico, más gasto, complicaciones para garantizar su seguridad social, el misterio que implica no tener claro qué consecuencias en su salud podría provocar el virus a mediano y largo plazos…

La pandemia provocada por el SARS-CoV-2 está más cerca de convertirse en endemia; sin embargo, arrastra con un expediente aún pendiente por resolver; la falta de claridad de los sistemas de salud para determinar si el virus dejó un legado en las personas infectadas y qué protocolos clínicos seguir.

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Esta historia corre así:

Hacia la segunda mitad de 2020 y hasta el tercer trimestre de 2021, el mundo entero socializó varios términos: COVID largo, COVID prolongado, secuelas de COVID… Pero, para las autoridades sanitarias, no era una cosa ni la otra. Es decir, no es que el COVID-19 continúe y se vuelva largo sino que es algo que pasa Post-COVID. En otras palabras, la persona adquiere el COVID, se recupera y luego manifiesta una sintomatología que puede (o no) estar relacionada con el virus.

El 6 de octubre de 2021, la OMS dio a conocer el Consenso de Delphi que dio paso al término que rompe definitivamente con toda la colección de nombres ya citados: Post-COVID Condition, que ocurre en individuos con historia de infección por SARS-CoV-2 probable o confirmada usualmente tres meses después de la aparición del COVID-19, con síntomas que duran por más de dos meses y no pueden ser explicados por un diagnóstico alternativo.

Los signos y síntomas pueden ser muchos y muy variados, pero hay otros que impactan en el funcionamiento de la vida cotidiana. Ése es el punto clave; que tengan un impacto en la vida cotidiana de la persona y los síntomas pueden ser de aparición nueva después de la recuperación inicial del COVID-19 agudo o persistentes de la enfermedad inicial y también pueden fluctuar o recurrir en el tiempo. En el caso de las niñas y los niños, los síntomas pueden ser otros.

La OMS ya le propuso al mundo la definición de lo que puede seguir con el COVID-19. Ahora, las autoridades sanitarias de todos los países deben definir las políticas a seguir para atender esta enfermedad pero, ahí, es donde están los riesgos pues la comunidad científica advierte de la posibilidad de que un interés, no sanitario, pretenda influir en el proceso y así obtener una ganancia.

¿Quién va a decir qué se necesita para la Condición Post-COVID? ¿Los médicos? ¿La industria farmacéutica? ¿Las aseguradoras? ¿Los gobiernos?

En México poco se sabe si se está trabajando en lo que se conoce en la industria de la salud como Guía de Práctica Clínica, que es el documento que rige el quehacer de los médicos para cada enfermedad. Actualmente, no se tienen noticias de la Guía de Práctica Clínica para la Condición Post-COVID.

Según investigaciones médicas, el COVID-19 puede provocar alteraciones en cualquier parte del cuerpo. Las más comunes: dolor de cabeza, alteraciones en la atención, disminución del olfato, pérdida de la memoria. Pero también hay neumólogos que sostienen que un fragmento de la proteína del virus provoca fibrosis del pulmón, cardiólogos que dicen que daña el corazón, neurólogos que afecta el cerebro, nefrólogos el riñón y hepatólogos el hígado.

De pronto pareciera que hay una batalla entre los especialistas de las diferentes especialidades médicas en ver quién anuncia la siguiente desgracia. Sí, indudablemente hay repercusiones de la infección en varias partes del cuerpo, pero hasta el momento no hay definiciones claras, a través de una Guía de Práctica Clínica, para la Condición Post-COVID.

 

Esto no es poca cosa. No se trata, simplemente, de un ordenamiento médico. Hay otras implicaciones. Con una Guía de Práctica Clínica para la Condición Post-COVID se evitarían malos diagnósticos y abusos en contra de pacientes. Hasta en tanto eso no ocurra, corremos el riesgo de caer en una “patologización” de la situación de COVID-19; pensar que todo es COVID-19.

“El punto crítico con la Condición Post-COVID es que tenemos que construir una agenda para identificar, visibilizar, investigar el fenómeno, al mismo tiempo que atendemos a los pacientes y se propone qué se les va a hacer”, dice Mauricio Rodríguez, vocero de la Comisión Universitaria para la Atención de la Emergencia Coronavirus de la UNAM.

Así, hoy, cualquier escenario es posible: no recibir una incapacidad porque la Condición Post-COVID no está en el catálogo de enfermedades; que el doctor recete sin tener claro el procedimiento a seguir ante un síntoma que puede derivar en un daño serio; que el paciente tome un coctel de pastillas que no necesariamente lo van a curar (con el golpe a su bolsillo); que las pólizas de seguro no cubran la asistencia médica y hospitalaria por esta nueva enfermedad.

En medio de todo eso están el paciente y su familia. Por eso urge que se materialice una Guía de Práctica Clínica para la Condición Post-COVID y se implemente en el primer nivel de atención. Que la comunidad médica y científica se manifiesten. Lo que puede ocurrir es que adoptemos las Guías de Estados Unidos y Europa, que ya están por salir, las tropicalicemos y hasta ahí.

Conclusión: ni todo es COVID ni nada es COVID, tenemos que encontrar un punto medio donde esté garantizada la seguridad y la atención a los enfermos que sí les está pasando algo con la Condición Post-COVID. Su salud está en juego.

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Recientemente, la Secretaría de Salud dio a conocer la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición 2021 sobre COVID-19, basada en encuestas calculadas matemáticamente para ser representativas del país, que cuentan con un componente demográfico y algunas son acompañadas de intervenciones de laboratorio. La ‘película’ que ofrece es de agosto a noviembre de 2021.

 

Como ya se ha dicho, COVID-19 disparó la obesidad y las enfermedades crónicas, pero también hay otros datos que se arrojaron durante el periodo de levantamiento de la encuesta y que merecen atención:

- 3,027 personas requirieron de atención médica; de esta cifra, 23% se atendió en el IMSS, 22 en consultorios privados, 16.4 en centros de salud, 19 en consultorios de las farmacias, 5.5 en consultorios de hospitales privados y 3.2 en otros servicios privados (todas las cifras se manejan en porcentajes). Es decir, 67.2% se atendió en servicios de salud privados.

- 73.8% de la población mayor de 18 años había recibido al menos una dosis de la vacuna contra el COVID-19 y 48.2% el esquema completo; más de 80% de la población mayor de 40 años reportó haber recibido al menos una dosis.

- En cuanto al Programa Universal de Vacunación, 72.5% de los menores de un año no tienen esquema completo. ¿Eso qué significa? Hay una baja cobertura con esquemas completos de vacunas para la primera infancia, lo que puede provocar la reintroducción de algunos patógenos.

Nota del editor: Jonathán Torres es socio director de BeGood, Atelier de Reputación y Storydoing; periodista de negocios, consultor de medios, exdirector editorial de Forbes Media Latam. Síguelo en LinkedIn y en Twitter como @jtorresescobedo . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

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