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#Entrelíneas | Geopolítica, Taiwán y el extravío de México

El pleito EU-China, que se intensifica con sus correspondientes impactos, no se analizan en México y tampoco se aprovechan los grados de oportunidad que trae consigo, considera Jonathán Torres.
lun 08 agosto 2022 06:21 AM
Nearshoring México hoteles
De acuerdo con un estudio de la consultora McKinsey, en 2020 se preveía que en los próximos cinco años la producción de bienes, que entonces representaban entre 16% y 26% del valor del comercio mundial, podría desplazarse geográficamente a través del nearshoring y del reshoring.

(Expansión) - No hay mirada geopolítica. Mucho menos geoestratégica. El pleito Estados Unidos-China, que se intensifica con sus correspondientes impactos, no se analizan en México y tampoco se aprovechan los grados de oportunidad que trae consigo. Ser relevantes y competitivos en el ajedrez global no importa. Lo nuestro es enredarnos en debates caseros y surrealistas.

Hace unos días, las dos grandes potencias mundiales protagonizaron un nuevo episodio que podría traer un sinnúmero de consecuencias, sobre todo económicas y de negocios. La visita a Taiwán de Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de Estados Unidos, provocó la furia de China y ello volvió a alterar la poca paz que hoy se respira.

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La visita de la líder demócrata a la isla habitada por 24.5 millones de personas, y que China considera parte de su territorio, no significó un simple paseo, sino una acción que viene a abrir un nuevo episodio en el viejo conflicto entre Estados Unidos y China, y que puede venir a mover estrategias políticas, económicas y de negocios.

En medio del contexto, México es un convidado de piedra, pero sobre todo un player que desaprovecha los procesos industriales derivados de este pleito. No hay discusión en cuanto a que México es parte de Norteamérica, lo que nos obliga a impulsar un crecimiento robusto de la zona, pero también debemos posicionarnos frente a nuevas estructuras económicas.

Demos paso al contexto:

Estados Unidos se sostiene como la gran potencia, pero su dominio ya no es el de antes. Algunos internacionalistas ácidos aseguran que su hegemonía está rota, al tiempo que China ha sembrado un pensamiento alrededor de su fuerte capacidad económica y pretende convertirse en un imperio en el siglo XXI y destacar la importancia de su civilización.

Julio Millán, presidente de Consultores Internacionales y artífice de la apertura china al capital mexicano, explica: “China tiene un modelo socialista aspiracional; esto propició que la política que era de economía planificada se convirtiera en una economía de desarrollo individual, para que pudiera darse lo que hoy es la fábrica del mundo”.

A través de un paper titulado “El ascenso de China vs. Estados Unidos”, publicado en la Revista Armas, el empresario complementa: “El socialismo con características chinas, que implica ser un país comunista, pero incorporando la propiedad privada, el deseo de crecimiento, la elaboración de proyectos de infraestructura enormes, genera un crecimiento que va a superar la economía de los Estados Unidos de Norteamérica”.

Por su parte, Simón Levy, ex presidente del Consejo de Administración de Latinasia (un fondo de inversión entre China y América Latina), asegura que estamos frente al preludio de una economía de guerra, focalizada en la lucha tecnológica entre Estados Unidos y China.

Su enfoque es éste: “Estamos viviendo un periodo post pandémico muy delicado y, en medio de todo ello, viene una transformación económica a través de la industria del conocimiento, específicamente con el desarrollo de los semiconductores y de los nanochips. El eje, el cordón umbilical de esta historia se llama Taiwán porque es el país con mayor especialización en el desarrollo de los microchips y de los semiconductores”.

Entonces, la visita de Pelosi a Taiwán es considerada como una provocación pues, desde hace décadas, China insiste en su integridad territorial. “China es pragmática, te negocia lo que quieras pero no sobre el tema de la soberanía territorial”, afirma Enrique Dussel Peters, coordinador del Centro de Estudios China-México de la Facultad de Economía de la UNAM. “Desde 1949, China insiste en la política de una China, por eso es que este tema asusta, pues su postura es irreductible”.

Más nos vale no meternos en este conflicto. El presidente Andrés Manuel López Obrador puede decir besos no balazos, pero no más que eso pues se trata de los dos principales socios comerciales de México. Pero sí podemos, debemos, aprovechar las oportunidades que la geopolítica nos ofrece.

 

Si bien el nearshoring se ha convertido en una palabra de moda cuando se aborda el conflicto entre Estados Unidos y China, la conversación se descompone al momento de intentar formalizarlo. Por lo tanto, México no le está apostando a la integración de las cadenas logísticas de valor; si bien registra algunas historias de éxito alrededor del nearshoring, no le está sacando todo el jugo que podría a su oferta exportable.

Recientemente, el Banco Interamericano de Desarrollo afirmó que México podría ser el mayor beneficiado por el nearshoring en América Latina, con un potencial para obtener hasta 35,300 millones de dólares al año. Pero no.

De acuerdo con el documento "Oportunidades comerciales para México en el contexto de las tensiones entre Estados Unidos y China a partir de 2017”, publicado en Boletín Techint, se ubican 198 actividades donde México podría tener un particular potencial. Sin embargo, no se han tomado medidas al respecto. El nearshoring ha sido impulsado, principalmente, por algunas empresas, pero no por el gobierno.

En síntesis, el pleito Estados Unidos vs. China se intensificará pero no será el fin del mundo. Los fondos de inversión chinos no saldrán de Estados Unidos y este tampoco renunciará al comercio chino de costos bajos. México, en tanto, no demuestra un esfuerzo medianamente sistematizado para aprovechar la circunstancia. Y ya está pagando el precio.

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Marcelo Ebrard, se dice en los círculos de análisis geopolíticos, es el único miembro de la autollamada cuarta transformación que sabe lo importante que es calibrar los eventos entre Estados Unidos y China. Para el resto de los tomadores de decisión del sector público, incluyendo al presidente, la geopolítica no es prioridad. El canciller sí tiene muy clara la película china, pero está muy ocupado con los cuentos chinos de la política nacional.

Nota del editor: Jonathán Torres es socio director de BeGood, Atelier de Reputación y Storydoing; periodista de negocios, consultor de medios, exdirector editorial de Forbes Media Latam. Síguelo en LinkedIn y en Twitter como @jtorresescobedo . Las opiniones publicadas en esta columna pertenecen exclusivamente al autor.

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

 
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