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La “crisis de los 40” puede ser un síntoma de andropausia

A diferencia de la menopausia, donde el cese de la actividad estrogénica es relativamente rápido, la disminución de testosterona en el varón es progresiva y lenta.
jue 16 marzo 2023 07:01 AM
La “crisis de los 40” puede ser un síntoma de andropausia
Aunque se trata de una condición fisiológica en el hombre, de la que no tiene un control del todo, sí que lo tiene en cómo afronta y maneja la situación, apuntan Fernando Castilleja y Juana Ramírez.

(Expansión) - Siempre se ha hablado acerca de la menopausia como ese período de la vida de la mujer donde ocurren grandes cambios: el famoso “reloj biológico” para y con ello la posibilidad de procrear, además de la pérdida de energía, los trastornos menstruales que culminan con la amenorrea o la falta total de menstruación y las enfermedades como las cardiovasculares o la osteoporosis incrementan su prevalencia.

Sin embargo, este desbalance hormonal que desencadena todo un espectro de síntomas ¿es exclusivo de la mujer? Pues no. Este trastorno que afecta al 30% de los hombres a la edad de 50 años y del que casi nadie habla se le conoce como andropausia y, en efecto, es hormonal y puede llegar a ser incapacitante.

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La andropausia es definida como la disminución en el hombre de los niveles de testosterona biodisponible. A diferencia de la menopausia, donde el cese de la actividad estrogénica es relativamente rápido, la disminución de testosterona en el varón es progresiva y lenta. Está descrito que a partir de los 30 años hay una reducción del 10% de los niveles de la hormona cada década.

La testosterona es la hormona sexual masculina. Es la que promueve la aparición de las características sexuales primarias tales como el desarrollo genital y la capacidad reproductiva, así como las características sexuales secundarias como el cambio de voz, la aparición de bigote y barba, el desarrollo muscular y el ánimo beligerante e impulsivo del varón. Es importante saber que esta hormona también es producida por la mujer, aunque en cantidades mucho menores.

Esta hormona es producida en los testículos y en menor medida en las glándulas suprarrenales a partir de la adolescencia como consecuencia de la estimulación de otras hormonas producidas en la glándula hipófisis. El pico máximo de producción es a los 20 años y se mantiene en esos niveles por la siguiente década. Como mencionamos, a partir de los 30 años empieza una declinación gradual y con ella la aparición de síntomas, aunque estos difícilmente son reconocidos -o aceptados- de manera temprana por el varón.

Actualmente el nivel de estrés, las de enfermedades cardiometabólicas, tales como la obesidad y la diabetes, son a su vez, causa de la disminución de los niveles de testosterona y por lo tanto, frecuentemente los síntomas como fatiga, falta de deseo sexual, impotencia, la disfunción eréctil y depresión pueden confundir al paciente y al médico sobre la raíz de la sintomatología. Otras causas de hipogonadismo, como también se le conoce, pueden ser fármacos como la cortisona o drogas tales como el cannabis o los derivados de la morfina.

Una causa muy común de consulta en hombres mayores a 40 años es justamente la fatiga y la impotencia sexual. El caso clásico es un varón de esa edad que tiene sobrepeso, es fumador, tiene una carga de trabajo enorme, bebe alcohol de manera habitual y ronca intensamente lo que le conlleva un mal hábito de sueño, que por supuesto afecta también a su pareja. ¿Han conocido a alguien así?

Para hacer el diagnóstico de deficiencia de testosterona, primero hay que pensar en esa posibilidad. Una causa común de retardo en el diagnóstico es no reconocer conscientemente la disminución de la capacidad y potencia sexual. Prejuicios ancestrales hacen que los hombres solapen esta sintomatología y la justifiquen solo como causada por estrés o agentes externos, condicionando que frecuentemente el varón entre en un círculo disfuncional de frustración y autosabotaje que terminan en problemas de pareja, además de un deterioro físico progresivo con disminución de la masa muscular, más obesidad -con las consecuencias conocidas- y depresión. La pareja suele soportar el mal trato y los malos hábitos por un tiempo y no es infrecuente que este torbellino de complicaciones derivadas de los síntomas progresivos sea causal de divorcio.

Por su lado, es común que el médico también sub-diagnostique el desbalance al no “encontrar una causa” de los síntomas, sobredimensione el estrés y normalice el comportamiento, así como las alteraciones físicas como la obesidad. El médico familiar, el internista, el endocrinólogo, el urólogo o el andrólogo pueden apoyar al paciente en descartar o corroborar el diagnóstico.

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La sospecha de la deficiencia de testosterona debe ponerse en la mesa cuando los síntomas se presentan por primera vez. El médico debe estudiar en paralelo otras causas secundarias de la sintomatología tales como depresión, diabetes mellitus, hipotiroidismo o aterosclerosis -obstrucciones a la circulación arterial por placas de colesterol-. En seguida se debe realizar un examen de sangre matutino para determinar los niveles de testosterona total, si son bajos, la muestra debe repetirse en el mismo laboratorio a fin de descartar una variación normal. Encontrar niveles bajos de testosterona hacen el diagnóstico en conjunto con la sintomatología, dado que hay hombres que tiene niveles bajos pero que no tienen una sola manifestación de la deficiencia hormonal.

El tratamiento consiste en dos vertientes: la sustitución hormonal y cambios en el estilo de vida.

La testosterona se puede prescribir de múltiples maneras, siendo las más comunes las cremas, las aplicaciones intramusculares y los implantes subcutáneos. Es importante tener orientación médica experta, ya que la administración de testosterona puede ocasionar efectos adversos tales como aumento en el colesterol, empeorar enfermedades cardiovasculares preexistentes, trastornos prostáticos o producir alteración de los exámenes de funcionamiento hepático. La sustitución hormonal con testosterona está contraindicada en pacientes con cáncer de mama o próstata.

Por otro lado, es importante hacer cambios profundos en el estilo de vida. Aunque no se ha descrito un perfil nutricional que aumente los niveles de testosterona, lo que sí es cierto es que disminuir el sobrepeso, evitar el tabaco, así como controlar el consumo de alcohol son medidas que contribuyen a mejorar el estado general y romper el círculo vicioso de deterioro progresivo general.

No podemos dejar de destacar que, aunque se trata de una condición fisiológica en el hombre, de la que no tiene un control del todo, sí que lo tiene en cómo afronta y maneja la situación, aceptando que es muy común que la pareja, los hijos y la sociedad pueden ser víctimas secundarias de la omisión en el diagnóstico y tratamiento. La terapia psicológica, el ejercicio y una ecualización del estilo de vida son herramientas muy importantes para poder tener calidad y cantidad de años de vida.

Así que, si alguien se reconoce en estos párrafos, no dude en buscar ayuda. Quizá la solución está más cerca de lo que cree. Usted, su pareja y la sociedad, agradecerán su valentía.

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Notas del editor:

Esta columna es parte del serial 'El futuro de la salud' de Health Café .

Fernando Castilleja es médico internista y experto en Medicina de estilo de vida e innovación en Salud. Profesor de la Escuela de Medicina del Tec de Monterrey desde hace 20 años. Co-founder de NuupHealth y CEO de Genethic Services. Mentor Endeavor, McCombs Business School en UT Austin, HealthIDS y Nodos Binacionales de Innovación de CONACYT. Síguelo en @FCastillejaMD y/o en LinkedIn .

Juana Ramírez es fundadora, CEO y Chairwoman de Grupo SOHIN. Presidenta de la Fundación Guerreros. Emprendedora Endeavor. Presidenta del Consejo Directivo de la Asociación de Emprendedores de México. Autora de la iniciativa “Medicina con M de Mujer”. Maestra universitaria en la UP y el IPADE Business School. Síguela en @JuanaSohin y/o en LinkedIn .

Consulta más información sobre este y otros temas en el canal Opinión

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