Gracias a nuestra capacidad de crear tecnologías, la potencia desmedida que hemos logrado como especie es ahora un grave peligro latente que se yuxtapone con un corto circuito biológico que nos convierte en seres enfermos de poder, egoístas e insaciables.
La vida como la conocemos está al borde del colapso.
A las inmensas mayorías solo les interesa el placer inmediato y pasajero aunque genere crueldad y sufrimiento en otras especies, destruya el entorno o vaya en contra de su propia salud o bienestar. Las tendencias de comportamiento, programadas genéticamente, que alguna vez representaron ventajas de supervivencia, el día de hoy se encuentran fuera de contexto y se han tornado autodestructivas.
En pro de conseguir placeres fugaces, el ser humano contemporáneo moldea armaduras de personalidad plenas de energía y pensamientos reprimidos que resultan en diversas patologías; ha vendido su espíritu crítico y creativo por unos cuantos instantes indulgentes. El individuo ha olvidado que la colaboración es un requisito para la evolución y ha optado por asumirse como lo único y más importante.
La búsqueda por la verdad ha perdido su relevancia y las mentes eligen creer solo aquello que les hace sentir bien. La polarización y odio se desbordan frente a la desesperación que desembocan las consecuencias de perder al verdadero sí mismo. La ceguera colectiva es tal que estamos destruyendo nuestro propio hogar y fuente de vitalidad. La resistencia al esfuerzo reina y poco a poco cedemos nuestra existencia a herramientas tecnológicas que se apoderan de nuestra consciencia. La irónica codicia por lo material esconde el hecho de que la materia es otro espejismo de la mente y las masas se desviven por “poseer” ilusiones. Al privilegiar el gusto, la nutrición es cada vez más pobre y llena de crueldad y devastación.
El hedonismo, represión, pérdida del pensamiento crítico, individualismo, posverdad, polarización, Antropoceno, tecnocentrismo, materialismo y malnutrición se han desbordado y están a punto de detonar un cataclismo.
Pero no todo está perdido.